El Papa León XIV en Camerún
Desde su anuncio, el viaje de León XIV a Camerún ha despertado entusiasmo y expectación entre los fieles. Era la cuarta vez que un pontífice pisaba el suelo del país, después de san Juan Pablo II en 1985 y 1995, y Benedicto XVI en el 2009.
Del 15 al 18 de abril del 2026, León XIV encontró a toda la comunidad camerunesa, en su dimensión eclesial y civil, en un gesto percibido como una gracia y un reconocimiento del dinamismo de la Iglesia local.
Junto a los momentos propiamente pastorales, con fieles y Obispos, la visita tuvo también un fuerte impacto institucional: el diálogo con las autoridades políticas y la sociedad civil, si, por un lado, representó un honor para el país, por otro, puso de manifiesto sus profundas contradicciones.
El viaje se configuró como un llamado a la conversión, dirigido en particular a los mandatarios, y como un estímulo a la sociedad y a los líderes religiosos a convertirse en mediadores de paz.
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El contexto problemático
La invitación a León XIV llegó de algunos Obispos durante una visita a Roma para el reciente Jubileo, en un momento particularmente delicado para Camerún. El país está atravesado por tensiones políticas y sociales: las elecciones presidenciales del pasado mes de octubre, impugnadas por la oposición, desencadenaron protestas juveniles que luego fueron reprimidas con dureza.
Además, desde hace casi una década, el conflicto secesionista ensangrienta las regiones anglófonas del noroeste y suroeste. El diálogo nacional se ha estancado, dejando tras de sí devastación: más de 6.500 muertos y más de 700.000 desplazados, obligados a buscar refugio en otras regiones o en la vecina Nigeria.
En el Extremo Norte persisten la violencia yihadistas de Boko Haram, alimentadas por el reclutamiento de nuevas levas, en un contexto de grave subdesarrollo.
Las contradicciones sociales se reflejan sobre todo en los jóvenes: a pesar de tener un alto nivel de escolarización, encuentran muy pocas oportunidades de empleo cualificado y a menudo se ven obligados a recurrir al sector informal. A esto hay que añadir, una profunda brecha entre una élite reducida de ricos y la mayoría de la población que lucha por sobrevivir, en un país que, sin embargo, cuenta con recursos humanos y naturales diversificados.
Polémicas en vísperas del viaje
En vísperas de la visita, algunas personalidades religiosas y culturales se habían preguntado por el sentido de la presencia del Pontífice en un contexto tan complejo. Para algunos, el riesgo era que el viaje se interpretara como un respaldo al statu quo sociopolítico, precisamente cuando se anhelaba un cambio profundo.
La Santa Sede y los Obispos de la Iglesia local respondieron a estos interrogantes, a veces expresados públicamente y en tonos directos, reiterando el carácter pastoral de la visita: el Papa viene para estar al lado de los que sufren y volver a lanzar la invitación al diálogo y a la paz. Luego, los fieles cristianos –que en Camerún representan aproximadamente el 70 % de la población, de los cuales el 38 % son católicos– se convertirán en protagonistas de una transformación social.
El viaje de León XIV fue preparado con esmero, en los meses precedentes, por los Obispos que ayudaron a los fieles a comprender su valor espiritual y su potencialidad de renovación social. Se organizaron momentos de formación para evitar desviaciones mesiánicas o milagrosas, riesgos siempre presentes cuando el fervor religioso se entrelaza con las dificultades de un país azotado.
La llegada: palabras fuertes y claras
Por fin llegó el día de la llegada de León XIV, precedida por una vigilia de oración durante la noche en el aeropuerto.
Después de la primera acogida por parte del Nuncio Apostólico, Mons. José Avelino Bettencourt, de los Obispos y de las Autoridades, la comitiva papal alcanzó la ciudad. A los lados de las calles, miles de fieles vestidos de trajes coloridos saludaron festivamente al Pontífice, quien permaneció de pie durante todo el recorrido, en el coche descapotable, para bendecir y dejarse ver por la multitud.
Cuando llegó al Palacio de la Unidad, León XIV recibió el saludo del Presidente Paul Biya y pronunció un discurso de gran trascendencia. Invitó al país a reflexionar sobre cómo fueron acogidas las palabras de los pontífices precedentes, ya dirigidas a la justicia, la paz y la reconciliación.
León XIV pidió a los gobernantes un profundo examen de conciencia, recordando que están llamados a servir al bien común. Destacó el papel de la sociedad civil capaz de contribuir al relanzamiento del diálogo en situaciones de conflicto. Subrayó que la importancia de los líderes religiosos es fundamental, respondiendo a quienes quisieran confinar su voz a unos pocos aspectos morales, sin reconocer su impacto en la convivencia civil.
Refiriéndose explícitamente a la zona anglófona y al Extremo Norte, el Papa recordó que, detrás de las estadísticas y las cifras, hay rostros y sueños rotos que la guerra arrastra consigo. Reiteró su llamado a la paz, que no debe considerarse un eslogan vacío, sino un estilo personal e institucional, basado en el diálogo y el respeto a los demás.
El Pontífice retomó la expresión “paz desarmada y desarmante”, utilizada desde el inicio de su pontificado, explicando su significado. Es paz desarmada porque “no basada en el miedo, en la amenaza o en los armamentos”, y es desarmante “porque es capaz de resolver los conflictos, de abrir los corazones y de generar confianza, empatía y esperanza”.
El Pontífice denunció las lógicas de ganancia y explotación, e invitó a “romper las cadenas de la corrupción”, un mal arraigado en la realidad camerunesa. Animó a los jóvenes, definidos como “la esperanza del país y de la Iglesia”, subrayando que su energía y creatividad son riquezas inestimables, pero que el desempleo y la exclusión corren el riesgo de transformarse en violencia. Además, recordó que la seguridad debe ser garantizada respetando los derechos humanos.
León XIV también destacó la importancia del papel de las mujeres, a menudo primeras víctimas de los prejuicios y la violencia, pero incansables
artífices de paz. Su compromiso con la educación, la mediación y la reconstrucción del tejido social representa un freno a la corrupción y a los abusos de poder, y su voz debe ser plenamente reconocida en los procesos de toma de decisiones.
El discurso, profundo y valiente, abordó los puntos principales de la crisis camerunesa. La palabra del Papa, libre y autorizada, devolvió esperanza y confirió al viaje un significado histórico.
La ternura de Dios hacia los últimos
Después de hablar con los mandatarios del país, el Papa se dirigió al orfanato administrado por una congregación femenina local, Les Filles de Marie, muy arraigada en Camerún y de fiesta por sus cien años de servicio a los más pobres. Fue un encuentro entrañable y conmovedor, durante el cual el Papa dijo a los niños y adolescentes, provenientes de los barrios más pobres de Yaundé, que los abrazaba en nombre de Dios Padre. Invitó a todos a la solidaridad y a ser guardianes de sus hermanos.
El Papa expresó luego la misma ternura y atención hacia los pobres y los enfermos en los días siguientes, durante la visita al hospital Saint-Paul de Duala, recordando la caridad como la piedra de toque de la vida cristiana.
(Continúa)
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
04/07/2026