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El Papa León XIV en Camerún

 Primera parte

 

Esperanza profética para la paz

Muy conmovedor fue el encuentro celebrado al día siguiente en Bamenda, en el corazón de las provincias azotadas por la guerra, donde autoridades religiosas y simples fieles relataron los sufrimientos de estos años de conflicto y expresaron un profundo deseo de paz. El poder hablar públicamente de las propias heridas, en un contexto en el que la llamada crisis anglófona fue olvidada y se querría eliminar, representa ya el inicio de la sanación de la memoria.

El Papa reconoció este sufrimiento y lo acogió, expresando profundas palabras de consuelo y esperanza para este pueblo, invitándolo a ser artífice de una paz duradera; destacó que ya ha dado un signo de perseverancia, de amor y de unidad entre las diferentes confesiones religiosas, necesario para mediar y construir la paz.

La liberación de algunas palomas de la paz, hecha junto con los líderes religiosos protestantes y musulmanes, a la salida de la catedral, fue un signo elocuente de lo que puede surgir de este encuentro.

Posteriormente, para la Misa en el aeropuerto, el Papa se encontró con una auténtica marea humana, deseosa de escuchar su palabra prestigiosa e influyente. El Pontífice recordó que la paz es un compromiso que hay que buscar personalmente, “ahora y juntos”, incluso cuando los problemas amenazan con hacernos sentir impotentes y con agotar nuestra confianza. Durante la homilía afirmó:

“Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación”.

Jóvenes: sirvan a su país y a su futuro

En la Misa en Duala, la capital económica, el Papa volvió a llamar a la solidaridad, contra las lógicas depredadoras de individuos y Estados, e invitó a los jóvenes a asumir los desafíos que le esperan a la nación, en particular el de la paz.

Un momento particularmente significativo de evangelización de los jóvenes fue el encuentro con el mundo de la cultura en la Université Catholique d’Afrique Centrale, en Nkolbisson, en Yaundé, en el que pudimos participar personalmente.

Nuestra Comunidad Redemptor hominis dio, en las primeras décadas, una humilde pero significativa contribución al crecimiento y a la estructuración jurídica de la Universidad, sobre todo gracias a nuestra difunta hermana Silvia Recchi, que fue directora del Departamento de Derecho Canónico. Yo misma enseñé allí misionología en la facultad de teología, continuando al mismo tiempo el trabajo en el ámbito de la misión.

Estamos, pues, orgullosos del crecimiento de esta institución, y participar en esta visita del Papa fue para nosotros un verdadero momento de fiesta eclesial.

Como recordó el Rector en su presentación, una formación cualificada se imparte en facultades cada vez más diversificadas: filosofía, teología, derecho canónico, gestión y ciencias sociales, ciencias jurídicas y políticas, ciencias de la enfermería e ingeniería agronómica, con una elevada tasa de empleo al término de los estudios. En esta ocasión también se anunció la apertura de una futura facultad de medicina y de un hospital que llevará el nombre de León XIV, así como la creación de un observatorio para la mediación y la paz.

El Papa felicitó al Rector, el padre Thomas Tchoungui, por el desarrollo de la institución, pero señaló algunos aspectos que deben profundizarse para volver a la misión principal: la formación cristiana de la conciencia de los jóvenes, el acompañamiento personal y el testimonio creíble de los profesores.

El Pontífice insistió en la formación de una comunidad cristiana universitaria, en la que sea posible vivir concretamente los valores de la coherencia y, de este modo, combatir en profundidad la corrupción.

Es la dimensión comunitaria, insistió el Papa, la que ofrece una posible respuesta a la revolución digital, que encierra cada vez más en el individualismo y aleja del encuentro real con los rostros y las personas concretas.

En los años de trabajo en la Universidad hemos constatado nosotros mismos cuán importante es, tanto para los profesores como para los estudiantes, mantener el contacto con las condiciones de pobreza y sufrimiento del país, para una inculturación de la reflexión teológica y la pertinencia de cada elaboración teórica.

León XIV se dirigió a los jóvenes, sacudiéndolos e invitándolos también a no buscar fuera del país la construcción de su propio futuro, ¡sino a servir a Camerún para darle una perspectiva diferente!

Un discurso rico, no fácilmente reducible a algunos aspectos: será necesario profundizar en él junto con los jóvenes. Es un compromiso que involucra especialmente a los profesores y a los animadores de la parroquia universitaria.

Algunos jóvenes tomaron la palabra y agradecieron al Papa en un ambiente de profunda emoción. Los estudiantes de los distintos campus universitarios y de otras instituciones educativas estatales habían llenado los prados alrededor del lugar del encuentro. Recibieron al Pontífice con alegría festiva, y luego exultaron con aplausos y vítores ante sus expresiones más significativas. Fue un encuentro muy hermoso, tanto en el plano emocional como en el de la reflexión profunda.

El abrazo de todo Camerún

Palabras contundentes y claras, un humilde pero firme llamamiento a la conversión, signos de amor por los pobres y los sufrientes, confianza en los jóvenes y esperanza en la construcción de la paz: estos son algunos de los puntos más destacados del viaje que quedan grabados en los corazones de los fieles.

Comienza ahora el tiempo de la recepción teológico-pastoral y social de los discursos del Papa. A esta obra de recepción invitó León XIV, en particular, a algunos representantes de los consagrados durante un encuentro en la Nunciatura.

La recepción será la tarea paciente de todos los agentes de pastoral, para que haya frutos de una mayor responsabilidad de los laicos en la construcción de la sociedad y de la paz.

En el renovado impulso, también serían auspiciosas nuevas iniciativas de mediación en las zonas de conflicto para favorecer un camino hacia una paz duradera.

El saludo de la Misa en Yaundé, en el aeropuerto militar, dirigido a la multitud oceánica de fieles y al Presidente de la República con su esposa, es inequívoco: el Señor está siempre presente en la barca, su Iglesia, incluso en los momentos de tormenta que esta atraviesa en la historia. Los cristianos, sin miedo, deben permanecer unidos en la barca donde está Cristo.

León XIV reiteró que la fe no separa de la dimensión social; al contrario, da al cristiano la fuerza para interactuar con el mundo y responder a las necesidades de los demás, sobre todo de los más débiles.

En su último saludo al término de la Misa, el Papa agradeció a esta Iglesia que “está viva, es joven y rica en dones” por la belleza de los días vividos y por la acogida recibida. También los Obispos de Camerún, a través de la voz del Arzobispo de Yaundé, Mons. Jean Mbarga, expresaron su gratitud al Papa con dones simbólicos de comunión y sinodalidad, comprometiéndose a ser artífices de justicia y paz.

Participamos en esta Misa junto con los delegados diocesanos de Mbalmayo: quedará grabada en la memoria de todos nosotros. En particular, los jóvenes vivieron con entusiasmo este acontecimiento histórico, reconociendo en él un signo de la gracia del Señor que los ha alcanzado.

Deseamos concluir expresando, por tanto, nuestra alegría y gratitud:

Gracias Santidad, Papa León XIV, por este viaje suyo que ha abrazado a todo Camerún y a cada uno de nosotros. Ha despertado a muchos, sobre todo a los jóvenes, del fatalismo: con su palabra libre, ha devuelto el gusto por la sencillez del Evangelio, incluso en medio de las contradicciones de la historia.

Ha invitado a un renovado valor profético en la búsqueda y la afirmación de la verdad; ha consolado a los pobres y devuelto a los jóvenes la confianza en el futuro. Santidad, le estamos agradecidos por haber vuelto a proponer, sobre todo, el sueño de la paz como un horizonte realmente alcanzable. Peregrino en las periferias, nos ha hecho saborear a todos la fuerza humilde y la belleza de la catolicidad de la Iglesia.

Todo su viaje a África ha permitido a muchos hermanos y hermanas de Europa y del mundo entero descubrir la juventud y la vivacidad de la Iglesia africana. Esta, de hecho, a pesar de sus sufrimientos y contradicciones, sigue regocijándose en el anuncio del Evangelio.

Antonietta Cipollini 

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

15/07/2026

 

Categoría: África