Imprimir

 

Resonancias en el Paraguay a las "Homilías en el tiempo del Coronavirus”

 

El Coronavirus, en su loca vuelta al mundo, en un tiempo brevísimo llegó también al Paraguay y nos constriñó a reorganizar nuestra vida y nuestro trabajo, como hizo con muchísimas otras personas en el mundo.

Desde hace muchos años, presento semanalmente las publicaciones del Centro de Estudios Redemptor hominis en las parroquias de nuestra diócesis de San Lorenzo, y también en la arquidiócesis de Asunción.

En estos años, los “Cuadernos de Pastoral” y los libros, escritos por Emilio, recibieron una excepcional acogida por parte de párrocos, agentes de pastoral y fieles, con los cuales entablamos también una amistad que en este tiempo de pandemia se reforzó, gracias a los medios de comunicación. Estos no eran conformes con nuestras costumbres, sin embargo, tuvimos que usarlos enseguida porque esta particular situación planteaba nuevas preguntas y, más que nunca, había la necesidad de orientaciones, de ahondamientos y de una palabra que nos ayudara a enfrentarla.

Así nació, en este nuestro sitio web, la rúbrica Homilías en el tiempo del Coronavirus, dirigida a los fieles de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, cuyos textos y audios hemos enviado también a los agentes de pastoral, a los coordinadores de capillas, a los miembros de diversos movimientos, a los fieles de las varias parroquias y, sobre todo, a los muchos párrocos que en todos estos años nos acogieron en sus parroquias. Nos hemos dirigido también a nuestro Obispo, Mons. Joaquín Hermes Robledo Romero, que, a pesar de todos sus numerosos compromisos, nunca ha dejado de seguir los contenidos de esta rúbrica y de enviarnos mensajes de afecto hacia Emilio y nuestra Comunidad, animándonos con palabras como: “Agradezco sinceramente al Padre Emilio por sus homilías. Son muy importantes y muy razonables todas las reflexiones que hace, a la luz de la fe, en relación al descuido y a la falta de prudencia y respeto a las normas de comportamiento en este tiempo actual…”.

El P. Pedro, un joven párroco de una parroquia del campo, ha escrito: “Como siempre, estoy agradecido por tenerme en cuenta. Leí y releí… no es una lectura fácil… con Emilio siempre parece fácil, pero es muy profundo lo que dice. Él nos abre los ojos sobre temas que nosotros ni siquiera notamos. Estoy muy agradecido por iluminarme y por darme material para evangelizar a mis agentes de pastoral”.

También el P. Daniele, un anciano sacerdote de una de las ciudades más importantes de la arquidiócesis, dice: “He leído atentamente y me parece bien cumplir las normas establecidas por el Gobierno. Emilio me ha dado la idea de hacer leer a todos los colaboradores de mi parroquia los documentos oficiales”.

El P. Carlos es párroco de una parroquia muy conflictiva en la periferia de Asunción. Nos ha escrito, con respecto a la homilía No se vive solo de ollas populares, sino también de dignidad: “Gracias por enviarme siempre las reflexiones y hacerme participe de la labor que realizan en Ypacaraí. La homilía de Emilio es muy fuerte e importante en este momento donde cada uno se inventa una forma para ‘matar’ al hermano”.

Una vez más sobre el tema de las cantinas populares, el P. Vicente escribe: “¡Qué superhomilía me has enviado! Muy espinoso es el tema… Yo he llegado solo al punto de decir que, en mi parroquia, no se da de comer a gente que no quiere trabajar y me armaron un lío. Ahora, tengo la intención de invitar a mis agentes de pastoral a leer esta homilía, así puede que entiendan lo peligroso que es esta forma estúpida de ‘ayudar’ con las mensas populares”.

El Coronavirus llegó a nosotros en coincidencia con el comienzo del año pastoral. Muchos párrocos recién habían tomado posesión de sus parroquias, y tuvieron que administrar no solo toda la problemática que comporta una nueva realidad pastoral, sino también la dificultad de no poder acercarse a sus feligreses. El P. Ever, uno de estos párrocos, cuenta que la ansiedad, el miedo, la desilusión, el aburrimiento y la rabia, entrelazados con un hilo de esperanza, eran los sentimientos que advertía en las poquísimas personas que iban a encontrarlo. Él escribe: “Gracias por considerarme digno de ser partícipe de las actividades que realizan en la parroquia de Ypacaraí. Gracias al Padre Emilio por no cesar de trabajar, también en este tiempo tan difícil, donde la enfermedad y la tristeza invaden a nuestra gente. Ustedes siempre están trabajando para que lleguen tan bellas palabras a nuestros hermanos sedientos de consuelo. Enviaré la homilía a todos mis agentes de pastoral”.

También el P. Carmelo, ordenado sacerdote desde hace pocos años y párroco de una parroquia muy pobre, escribe: “¡Qué suerte tener a un sacerdote que tenga esa fuerza para evangelizar! Escuché su reflexión con la esperanza de que me ‘contamine’ por lo menos un poco. Alzaré las homilías en mi Facebook que se volvió el único contacto con mis parroquianos que, aunque muy pobres, todos tienen su Facebook”.

Carmen, profesora y coordinadora de la catequesis en su parroquia, después de leer la homilía Hay todo un camino que recorrer entre la fuente y la cumbre, escribe: “Hoy es un domingo cualquiera, pero ¡debo decirte que pocas veces he escuchado una homilía que me ha llegado al alma y verdaderamente ha transformado mi domingo en un verdadero Domingo del Señor! Y el diácono permanente Jacinto añade: “¡Qué hermosa reflexión! Creo que es la primera vez que escucho que un sacerdote dice que Dios llama a defender la vida en esta pandemia, y a no arriesgar nuestra vida participando en la Misa, sino que también es obedecer el mandato del Papa, en estas circunstancias”.

También Deisy, comprometida como catequista, dice: “Las palabras del Padre me alientan porque, si cuidamos la vida, es lo que Dios quiere en este momento y el resto se verá después que llegue la vacuna…”.

Oscar, joven diácono, escribe: “Estoy completamente de acuerdo con Emilio. Los que más se quejan son los que nunca vienen o los que, si vienen, no son capaces de comprometerse en nada. Dale las gracias a Emilio por su constante enseñanza. Ahora comparto con mis grupos y con los agentes de pastoral de la parroquia”.

Fátima, una joven comprometida como secretaria parroquial, nos cuenta: “Hoy, después de escuchar la homilía, mi corazón se alegró tanto que me fui a buscar todos los libros de Emilio y me puse a leer. Cada vez parece que entiendo mejor”.

Por su parte, Gladys, responsable de un movimiento católico, llena de entusiasmo, nos escribe: “¡Qué lindo mensaje! No hay dudas… Él nos defiende siempre…”.

Ivan, empleado público y joven padre de dos niñas que asisten a la catequesis, afirma: “Muy conmovedora es la homilía. Estoy agradecido desde el alma con el Padre por sus bellas palabras y su incansable labor, como verdadero evangelizador”.

En respuesta a la homilía El peligro de acostumbrarnos a la Misa virtual, un joven sacerdote, párroco del campo, dice: “Gracias por enviarme la homilía. Comparto en mi grupo. Agradécele al Padre Emilio por la estupenda homilía. Me abrió los ojos sobre varios puntos fundamentales de la Misa. Y es muy oportuna su intervención. Me ayudará, porque la enviaré a mis agentes de pastoral que últimamente –muy cómodos ellos– piensan que, por poner a todo volumen la radio y escuchar mi vos por radio o por encender, no una sino dos velas, cerca del televisor, ya están participando de la Misa. Dentro de poco no dirán más la famosa frase: ‘Gracias a Dios’ sino que será ‘Gracias al televisor o a Facebook’. Me anima saber que estoy presente entre ustedes, porque siempre se recuerdan de mí. Un abrazo para el Padre y muchos saludos y bendiciones para la Comunidad”.

Me gusta terminar este breve relato con las palabras del P. William, párroco de una ciudad portuaria e industrial con más de 65.000 habitantes: “La homilía es muy bella e importante para la formación no solo de los laicos, sino también de los sacerdotes. Dile al Padre Emilio que le quiero mucho”.

(A cargo de Gladys Carmen Méndez Alcaraz)

 

 

 

21/07/2020

 

Categoría: Noticias desde el Paraguay