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Una oportunidad para crecer en la fe y en la razón, en la experiencia de los fieles de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí

 

El pasado 10 de marzo, tres días después de los primeros casos comprobados de contagio del Coronavirus y de la primera víctima registrada, el Gobierno del Paraguay decretó el lockdown preventivo.

Una difusión comunitaria masiva, como en Italia o en otros Estados, en efecto, habría llevado al colapso sanitario y a decenas y decenas de millares de muertos en este país, donde la situación hospitalaria ya es muy precaria.

Fueron suspendidas las clases en las escuelas de cada tipo y grado, y se impuso la restricción de todas las actividades que implicaban aglomeración de personas, eventos públicos y privados. Fueron cerradas también las iglesias, con la suspensión de cualquier celebración litúrgica comunitaria, y se llegó al cierre de las fronteras, al toque de queda nocturno, a la prohibición de la libre circulación (excepto para los casos de necesidad y de urgencia y para los trabajadores del servicio sanitario), con controles cada vez más rígidos a fin de que las normas restrictivas fueran observadas. Con una amplia campaña de sensibilización se invitó a la población a quedarse en casa.

Esta situación de aislamiento se prolongó hasta el 3 de mayo, día en que empezó una “cuarentena inteligente” con la apertura de algunos sectores económicos, bajo estrecha vigilancia y en sucesivas fases, para enfrentar también la grave crisis económica en el país, la pérdida de millares de puestos de trabajo y las serias dificultades de muchas familias, privadas también de lo necesario para vivir, a pesar de las ayudas gubernamentales.

La pastoral de WhatsApp y del teléfono

En nuestra parroquia de Ypacaraí, aunque relegados en casa y sin contactos físicos con nuestros fieles, buscamos estar presentes como Iglesia, cerca de nuestros feligreses, ayudándolos a dar una lectura de los acontecimientos, de las noticias y de la difícil situación que todos vivíamos día por día, atentos también a la situación italiana que anticipó la del Paraguay.

Nos servimos particularmente de la tecnología telefónica, que, a través de la aplicación WhatsApp, bastante difundida también aquí en el Paraguay, nos permitió alcanzar a gran parte de nuestros fieles, también a los más lejanos y a los que se encontraban raramente, logrando tener los contactos con ellos, ser partícipes de sus preocupaciones y dificultades y también evangelizar.

De gran ayuda espiritual y comunicativa fue la homilía semanal que Emilio, desde la mitad de marzo, comenzó a escribir y grabar, pudiendo enviarla así a todos nuestros contactos, sea como audio, sea como link para leerla en este sitio web y posteándola también en el Facebook ciudadano “Ypacaraí comunicaciones”, muy utilizado por la gente y administrado por Juan Acosta, Concejal municipal.

En Ypacaraí todos conocen a Emilio y escuchar su voz que se dirige a ellos en este tiempo difícil de aislamiento, de miedo, de incertidumbre para el futuro, con su mensaje de esperanza y de fe en nuestro Dios de la vida, y también de inteligencia y racionalidad frente al desconcierto de la cotidianidad que ha traído esta pandemia, ha ayudado a reflexionar sobre los acontecimientos, a comprender este momento, a tener no solo un apoyo espiritual, sino también un diálogo con un amigo. La posibilidad de escuchar una homilía de su sacerdote, de compartirla en familia y con los propios contactos, también en otras localidades del Paraguay o con los parientes en el exterior, con la oportunidad de enviarnos algunos comentarios, breves reflexiones o simples agradecimientos, ha sido particularmente apreciada.

Las reflexiones enviadas han recibido, además del aprecio de las autoridades locales (como el intendente Raúl Fernando Negrete y los varios Concejales municipales), también el de autoridades ministeriales, como el Ministro de Salud Julio Mazzoleni y el Director General de Vigilancia de la Salud, Guillermo Sequera, que ha considerado muy buenas las homilías de Emilio y ha agradecido por haberlas compartidas a través de los medios de comunicación sociales.

 

 

Comentarios y resonancias sobre las “Homilías en el tiempo del Coronavirus”

 

Omar, un padre de familia, con Laura su esposa y sus dos niños, ha apreciado mucho la proximidad de Emilio y de nuestra Comunidad y cómo él se ha dirigido a los fieles de la parroquia con afecto y con amistad, empezando siempre su discurso con “Mis queridos amigos”. Para Omar y su familia, todas las homilías han sido una verdadera escuela de catequesis y de meditación, de prudencia y de paciencia, diferentes de tantas voces apocalípticas, irracionales y catastróficas.

También Vicenta y Carlos aprecian mucho las homilías de Emilio que “siempre dan buenos testimonios de vida donde resalta, especialmente en este tiempo del Coronavirus, que la gloria de Dios es que el hombre viva. Lo que estamos pasando es como un viaje por el desierto: tenemos que saber atravesarlo y no pretender soluciones rápidas”.

Karen, una joven muchacha, después de escuchar la primera reflexión nos ha escrito: “La homilía de Emilio nos lleva a reflexionar y a ver que todo esto está pasando para algo. Tenemos que ser capaces de ver este momento de aislamiento también desde otras perspectivas. De hecho, hemos vuelto a reunirnos en familia, a valorizar pequeñas cosas, a sentirnos más unidos, menos egoístas y soberbios.

Eufemio comenta que “escuchando las homilías en familia, siempre salimos fortalecidos por la invitación a no tener miedo, que para nosotros significa no alejarnos de Dios, aferrarnos a nuestra fe”.

Celia, madre de familia, en un mensaje escribe: “Este virus no respeta clases sociales, ni lengua ni creo político o religioso; todos estamos expuestos de la misma manera. Lo que más me da tristeza es ver a tanta gente necesitada, que sufre el hambre, y no poder ayudar más”, y añade que el apoyo espiritual que han dado las palabras de Emilio es una ayuda grande en esta dura prueba.

Lucila, que tiene un hijo y una hermana que trabajan en los hospitales, nos ha escrito que para ella es muy importante escuchar la palabra de Emilio, en momentos de angustia como este y seguir sus recomendaciones: “Estamos haciendo todo lo posible para observar las instrucciones sanitarias de desinfección usando alcohol gel, lavandina y ayudando a los vecinos necesitados. Son estos los momentos en que nos damos cuenta de que nuestra vida no nos pertenece: estamos de paso en la Tierra”.

Entre tantas preocupaciones –nos ha comunicado todavía Lucila– escuchar el grito de Emilio el día de Pascua, ¡Hasta la victoria siempre!, me ha dado una gran esperanza”.

Nelson añade que “la fe tiene que volverse cultura y, por eso, mucho depende de nosotros”.

Cristian dice que “Dios ha creado el mundo y lo ha entregado a nosotros, ahora no tenemos que esperar que Dios haga también el trabajo de cambiarlo. Cada uno tiene que llevar a Dios algo con las propias manos, un sacrificio, un esfuerzo. La fe nos tiene que mover, aumentando la confianza en nosotros mismos que podemos hacer cosas grandes”.

Con la pandemia, en efecto, han empezado en todo el Paraguay cadenas de oración de todos los tipos. Como nos ha escrito Nilsa, también personas que nunca habían sido vistas en la iglesia o con un rosario en la mano se han puesto a rezar para pedir el alejamiento de la pandemia.

Maide, una enfermera que trabaja en el Centro de Salud de la ciudad, nos ha enviado un mensaje muy explícito: “Estoy cansada de estas cadenas de oración. Es verdad, la gente piensa que rezando puede resolver todo el mal que ha hecho en la vida y todos sus problemas, pero luego no le importa prestar atención, respetar las medidas sanitarias, dejar de pasarse recíprocamente la bombilla del tereré. Lo que dice Emilio es la verdad, son todos autoengaños que una persona se hace para no asumir la responsabilidad de lo que verdaderamente tiene que hacer”.

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

(Continúa)

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

05/08/2020

 

Categoría: Vida de la parroquia de Ypacaraí (Paraguay)