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Entrevista a Graciela Gómez Bogado

 

Graciela Gómez Bogado, Ingeniera Agrónoma, Master of Science en Mejoramiento Genético de Plantas, con especialidad en Tecnología e Innovación, Desarrollo Comunitario y Administración Cooperativa, efectuó sus estudios en la UNA del Paraguay, con postgrado en Francia, Estados Unidos, República de China/Taiwán e Israel. Trabajó en el MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería), en la FAO, en el PNUD (programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y el en IICA (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura). Su experiencia laboral, en los últimos años, estaba focalizada en cooperar con el MAG y el MADES (Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible) en el fortalecimiento institucional y la formación de capacidades para favorecer los cultivos orgánicos, transgénicos y el uso eficiente del agua. Comprometida en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, ha aceptado conversar con nosotros de temas de gran actualidad, sobre los cuales, gracias a su trayectoria profesional, ella tiene una experiencia de primera mano.

 

 

El Paraguay, aunque sea un país con mucha pobreza, es una potencia por sus riquezas naturales: agua, clima, suelos aptos para la producción. Es esencialmente agrícola, con una economía que descansa en la agroexportación en forma de producto primario, dado que el país cuenta con un desarrollo industrial mínimo; la soja, la carne, el sésamo y el algodón son de importancia para generar divisas.

En los últimos treinta años, se tuvieron importantes avances para ser un país desarrollado, al disponer de documentos de políticas públicas para que la población en general, y en especial los más pobres, tengan una mejor calidad de vida, en términos de educación, salud y seguridad alimentaria. Estas políticas públicas, sin embargo, no fueron implementadas a cabalidad, debido a la alta rotación de los Ministros, con mandatos de muy corto tiempo, lo cual, a su vez, conlleva la rotación de funcionarios de mandos altos, como los Directores Generales, que son los responsables de llevar a cabo estas políticas. Un caso muy ilustrativo es el Ministerio de Agricultura y Ganadería, en el que, en tres décadas rotaron 22 ministros, algunos de los cuales sin ningún conocimiento del área.

Para comprender la evolución de la economía paraguaya, es importante reconstruir la historia del cultivo del algodón –mi campo específico de investigación durante muchos años– que ha seguido siendo el “Oro Blanco” hasta la década de 1990, cuando llegó a cerca de 550.000 hectáreas de siembra. Era el principal cultivo de renta de los productores de minifundios, que constituían un tercio de la población total. El algodón era el sostén de su economía familiar, debido a la comercialización asegurada. La importunación de la política partidaria, los bajos precios del mercado internacional, la introducción de variedades no probadas en el ecosistema nacional y el desconocimiento de su manejo determinaron el inicio de la disminución drástica del área de siembra, hasta unas 12.000 hectáreas en el 2010. Además, las fincas de los propietarios de minifundios se convirtieron en suelos altamente degradados, como consecuencia de muchos años sucesivos de uso sin aplicación de correctivos de suelos y fertilizantes. A partir de la debacle de este rubro, los pequeños productores vendieron sus fincas para hacerse de capital y emigraron a zonas urbanas, en busca de mejores oportunidades laborales y de calidad de vida, pero se convirtieron en subocupados, favoreciendo el crecimiento de los cinturones de pobreza en las ciudades; los empleos informales a los que se ha reducido esta nueva población urbana no generan riqueza real ni valor agregado.

Comerciantes acomodados fueron adquiriendo esas fincas, llegando a grandes extensiones, con producción de trigo, maíz y soja, donde la siembra, el manejo del cultivo y la cosecha se hacen de forma totalmente mecanizada, con tecnología de última generación, empleando poca cantidad de mano de obra campesina, y sin efectos en el mejoramiento de las condiciones de vida del entorno.

Fuera de la mera producción agrícola, en los demás sectores de la vida económica hay una falta de competitividad del Paraguay, debida a los bajos niveles de educación, de tecnologías utilizadas, de calidad. El proceso para salir de la pobreza avanza muy lentamente.

Los desafíos son: mejoramiento de remanentes boscosos, conservación de la biodiversidad y manejo sostenible de la tierra en el Bosque Atlántico del Paraguay Oriental, talado de 1970 a 1990, para construir las hidroeléctricas y establecer asentamientos que poblaran estas tierras. Se construían viviendas de madera, en las tierras desmontadas se cultivaban rubros de subsistencia y de renta. Los montes no explotados –considerados tierras ociosas– se confiscaban por el Instituto de Bienestar Rural; para evitar esto, los propietarios desarrollaron la agricultura empresarial en suelos del sureste del país. El cultivo intensivo de suelos nuevos deterioró su estructura, hasta el punto que se identifican zonas con incipiente desertificación.

En el Paraguay, así como en otros países, hay un debate sobre los diferentes sistemas de producción presentes: convencional, ecológico, orgánico y transgénico. Cada sistema de producción tiene un impacto diverso sobre el medio ambiente, y cuenta con un Protocolo para mitigar sus efectos. El mal manejo de los insumos, por ejemplo, es muy dañino. Sin embargo, también el impacto en la generación de réditos es diferente: el productor de comercialización local no gana con la producción orgánica, e incluso puede tener pérdidas.

En Ypacaraí se puede apreciar el efecto de las acciones del hombre, en una alternancia de positividad y negatividad.

El distrito de Ypacaraí, hasta la década de 1970, era una de las pocas ciudades que contaba con usina eléctrica, usinas o desmotadoras de algodón, fábricas de aceites, en su mayoría con motores propulsados a vapor mediante calderas a leña, que generaban contaminación ambiental por humo, partículas de cenizas, fibrillas de algodón, y los efluentes industriales contaminaban los arroyos. Todo esto en la actualidad prácticamente desapareció.

Tuvimos una fuerte deforestación. Luego, en la década del 1990, se reforestó masivamente la ciudad con el liderazgo del entonces Intendente Municipal don Egón Luis Schwartz y de los jóvenes estudiantes de los colegios públicos y privados. Y ahora, otra vez, hemos asistido al arranque masivo de estas mismas plantas en áreas de mejoras viales en la ruta PY02.

Además, debe señalarse que, en la ciudad, hasta la década de 1970, se contaba con un cerro en el lugar hoy denominado “La Cantera”, del cual se extraía piedras basálticas para construir rutas y obras viales. Este cerro protegía a la ciudad de los vientos huracanados provenientes de los collados de Paraguarí. Actualmente, en el lugar del cerro se cuenta con un lago creado por la ruptura de venas de aguas subterráneas. Igualmente, en la compañía Cerro Güy existen empresas de cerámicas (alimentadas de leña) que emplean las arcillas extraídas de los cerros y los collados del lugar, para fabricar materiales de construcción. La consecuencia negativa de estas acciones es la fuga o la desaparición de la biodiversidad. La consecuencia positiva es la generación de empleo de ciudadanos de limitados recursos económicos.

Hay también una dimensión cultural de la pobreza. El tradicionalismo, o sea, el querer vivir como mis padres y abuelos. La población paraguaya es muy arraigada a la cultura de sus antepasados, por ello, la adopción de innovaciones tecnológicas en el sector rural no se logra de inmediato.

La transformación cultural se logra a largo plazo mediante la educación, el proceso de implementación de “aprender haciendo” y capacitar a los capacitadores.

El Paraguay puede lograr salir de la pobreza en el largo plazo, pero para esto el secreto, más que las tecnologías, son la disciplina, las ganas de conocimiento, la cooperación, el respeto, la empatía, la solidaridad, la honestidad, la puntualidad y la responsabilidad.

La Iglesia, entonces, puede ayudar a crear una mentalidad que marque la diferencia. La Comunidad Redemptor hominis ha hecho un gran esfuerzo en Ypacaraí, en el ámbito de sus competencias, para formar a niños y jóvenes, algunos de los cuales hoy adultos, que estén listos para asumir sus responsabilidades de católicos, en la ciudad.

Actualmente la ecología es un tema fundamental. Sirven charlas educativas cortas y prácticas sobre el cuidado del medio ambiente, dirigidas a los niños que están en procesos de catequesis, así como a los catequistas. De la misma manera, se debería profundizar en la Encíclica del Papa Francisco Laudato si’ para reflexionar y revertir el rumbo a nivel de vivienda o de residencia familiar, de ciudad, de territorio y de país.

(A cargo de Michele Chiappo)

 

 

 

18/06/2022

 

Categoría: Entrevistas