Carta a los Confirmandos de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí
Queridos amigos:
Se acerca el tiempo en el cual los que han seguido con fidelidad la preparación para el sacramento de la Confirmación, recibirán la unción con el santo crisma en la frente, y la imposición de la mano por parte del Obispo celebrante o de su Representante.
La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, tiene numerosos significados: el aceite es signo de
abundancia y de alegría; purifica y da agilidad; es signo de curación porque suaviza las contusiones y las heridas y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.
Extendiendo las manos sobre todos los confirmandos, el Celebrante invoca la efusión del Espíritu Santo.
En el momento de la unción, el Celebrante pronuncia estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.
El beso de paz, con el que se concluye el rito del sacramento, significa y manifiesta la comunión eclesial con el Obispo y con todos los fieles.
Por lo tanto,
“con el sacramento de la Confirmación los renacidos en el Bautismo reciben el Don inefable, el mismo Espíritu Santo, por el cual son enriquecidos con una fuerza especial y, marcados por el carácter del mismo sacramento, quedan vinculados más perfectamente a la Iglesia, mientras son más estrictamente obligados a difundir y defender con la palabra y las obras la propia fe como auténticos testigos de Cristo” (Pablo VI, Constitución Apostólica Divinae consortium naturae).
Con esta carta, queridos amigos, quiero llamar vuestra atención sobre dos aspectos del sacramento de la Confirmación.
En su homilía, pronunciada con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Benedicto XVI evidenció los dos aspectos de la Confirmación: el don que recibimos y el compromiso que tomamos, come respuesta al don de Dios.
Reducirlo todo al aspecto del don, reduce el sacramento a un rito mágico, que no interpela la libertad y responsabilidad del hombre.
Por otro lado, nunca debemos olvidar que la iniciativa siempre pertenece a Dios, a su Palabra, que está en el comienzo, y al hombre le compete su respuesta libre y consciente.
En el Evangelio de san Juan se lee que Jesús afirma:
“Un sarmiento no puede producir fruto por sí mismo si no permanece unido a la vid; tampoco ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15, 4-5).
Por eso, la gracia de Dios y la libertad del hombre deben permanecer juntas, compenetrándose
la una con la otra, sin confusión entre sí y sin separación.
Sobre este punto debemos trabajar y cambiar nuestra mentalidad equivocada: o es Dios el que debe hacerlo todo o el hombre no hace entrar a Dios en sus actividades, confinándolo en un rincón aislado y reduciéndolo a aquella persona a la que llama, como tapagujeros, cada vez que se encuentre en dificultades.
La misma cosa hacemos con la Iglesia, la Santa Esposa de Jesucristo, a la que utilizamos, en la mayoría de los casos, como estación de servicio, de la cual nos acordamos solo cuando necesitamos algo.
Ahora volvemos a las palabras de Benedicto XVI, con respecto al sacramento de la Confirmación. Afirmó el Papa en el mismo discurso:
“El Espíritu Santo descenderá sobre los candidatos; ellos serán sellados con el don del Espíritu y enviados para ser testigos de Cristo. ¿Qué significa recibir el sello del Espíritu Santo? Significa ser marcados indeleblemente, inalterablemente cambiados, significa ser nuevas criaturas. Para los que han recibido este don, ya nada puede ser lo mismo. Estar bautizados en el Espíritu significa estar enardecidos por el amor de Dios. Haber bebido del Espíritu significa haber sido refrescados por la belleza del designio de Dios para nosotros y para el mundo, y llegar a ser nosotros mismos una fuente de frescor para los otros. Ser sellados con el Espíritu significa además no tener miedo de defender a Cristo, dejando que la verdad del Evangelio impregne nuestro modo de ver, pensar y actuar, mientras trabajamos por el triunfo de la civilización del amor”.
El compromiso que nace con la Confirmación
“Para los que han recibido este don –afirmó el Papa Benedicto XVI–, ya nada puede ser lo mismo”.
Este cambio conlleva una dimensión interior y otra exterior.
La interior podemos llamarla: cambio del corazón. Debemos pasar del aparecer al ser.
Es una forma de doblez, falsedad, hipocresía, engaño querer aparecer lo que no somos. Para aparecer, recurrimos a todos los medios que la sociedad nos proporciona. En palabras sencillas, podemos decir que intentamos conformarnos a un modelo de belleza y de atracción magnética, que requiere un cuidado morboso de nuestro cuerpo, que enriquecemos continuamente con todos los productos de última moda.
Haciendo así, estamos obligados a una continua búsqueda de recursos económicos; pedimos cada vez más plata, que, lentamente, llega a ser nuestro verdadero y único dios, a quien se lo sacrificamos todo, también nuestro cuerpo y nuestra alma.
De esta manera, intentamos ser amados y ponernos en el centro de la atención de los demás. Pero, así caemos en la trampa diabólica del aparecer. Lo que interesa a los demás y lo que ellos aman no es nuestro corazón, no somos nosotros mismos, sino lo que poseemos. Y cuando otra persona tiene algo más de lo que nosotros poseemos, nos quedamos solos y abandonados, y nuestra vida termina en un fracaso total.
Por eso, lo que cuenta no es el aparecer, sino la verdad de nuestro corazón. Es nuestro corazón el que debe cambiar, hasta llegar a ser un corazón lleno de belleza, amor, firmeza, verdad, fuerza, justicia, paz, misericordia; un corazón que llegue a ser, como el Sagrado Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, una fuente de frescor para los demás.
La dimensión de la exterioridad, entonces, nace de la abundancia de nuestro corazón.
De nuestra belleza interior irradia una fuerza encantadora, que no deja indiferente a quien nos encuentre en su camino.
El encuentro ya no es, como en el aparecer, entre cosas poseídas, sino entre corazones que se hablan con una mirada contemplativa.
Queridos amigos:
Con gran cariño los saludos a todos, no con palabras mías, sino con las del Papa Benedicto XVI dirigidas a los jóvenes:
“Es urgente comprender cada vez mejor este sacramento de la Confirmación para comprobar la calidad y la hondura de vuestra fe y para robustecerla. El Espíritu Santo os
acerca al misterio de Dios y os hace comprender quién es Dios. Os invita a ver en el prójimo al hermano que Dios os ha dado para vivir en comunión con él, humana y espiritualmente, para vivir, por tanto, como Iglesia. Al revelaros quién es Cristo muerto y resucitado por nosotros, nos impulsa a dar testimonio de Él. Estáis en la edad de la generosidad. Es urgente hablar de Cristo a vuestro alrededor, a vuestras familias y amigos, en vuestros lugares de estudio, de trabajo o de ocio. No tengáis miedo. Tened la valentía de vivir el Evangelio y la audacia de proclamarlo. Os aliento, pues, a tener las palabras justas para anunciar a Dios a vuestro alrededor, respaldando vuestro testimonio con la fuerza del Espíritu suplicada en la plegaria. Llevad la Buena Noticia a los jóvenes de vuestra edad y también a los otros. Ellos conocen las turbulencias de la afectividad, la preocupación y la incertidumbre con respecto al trabajo y a los estudios. Afrontan sufrimientos y tienen experiencia de alegrías únicas. Dad testimonio de Dios, porque, en cuanto jóvenes, formáis parte plenamente de la comunidad católica en virtud de vuestro Bautismo y por la común profesión de fe. Quiero deciros que la Iglesia confía en vosotros” (Discurso a los jóvenes, 12 de septiembre de 2008).
Sí. También la Iglesia de Ypacaraí confía en vosotros.
Ahora, los saludo con esta oración pronunciada por el Papa Francisco con ocasión del encuentro con los jóvenes en la Costanera de Asunción:
“Señor Jesús, dame un corazón libre. Que no sea esclavo de todas las trampas del mundo. Que no sea esclavo de la comodidad, del engaño. Que no sea esclavo de la buena vida. Que no sea esclavo de los vicios. Que no sea esclavo de una falsa libertad, que es hacer lo que me gusta en cada momento”.

12/03/2022