Una reflexión del Patriarca caldeo doce años después del secuestro, concluido con la muerte, del arzobispo de Mosul. El tributo que los cristianos pagan para “aprender del pasado” y “vivir en paz”. La historia de la Iglesia encuentra su camino “en la cruz”. Los bombardeos, las amenazas, los secuestros, los desplazamientos y la emigración no han socavado la fe.

 

A quien haya seguido la guerra civil en Siria no le habrá pasado desapercibido que los altos responsables eclesiásticos locales han tomado posiciones que contrastan con cuanto sugerían, en estos años, la prensa y los Gobiernos occidentales. Cuando se reclamaba, casi unánimemente, que Assad dimitiera, ellos apoyaban al Presidente siriano.

 

La celebración del centenario del genocidio armenio coincide con un renovado período de persecución de los cristianos. Pero ¿el genocidio fue una persecución anticristiana? Acerca de esto, es interesante notar que se confrontan dos interpretaciones.

 

La hermana Shereen Abbassi es una joven religiosa perteneciente a las Franciscanas Misioneras del Corazón Inmaculado de María, llamadas de Egipto, una Congregación fundada en 1868 en El Cairo por la Beata Madre Caterina Troiani, y actualmente presente en cuatro continentes.

 

La definición de “genocidio”, dada por el Papa Francisco a los acontecimientos de los que fueron víctimas los armenios en 1915, ha provocado la dura reacción de las autoridades turcas, quienes, después de convocar al Nuncio Apostólico en Ankara, S. E. Mons. Antonio Lucibello, han decidido llamar a consultas a su Embajador ante la Santa Sede para protestar contra las palabras del Pontífice, consideradas ofensivas y carentes de fundamento histórico.