“Sin memoria no hay futuro”. Es una frase que ha sido repetida en tantas ocasiones, en su mayoría trágicas, como en las conmemoraciones de las masacres, de las deportaciones, de los genocidios, para exhortar a no olvidar y no repetir hechos tan inhumanos.

 

Es verdad, como nos amonesta el libro de Qohelet, que para cada cosa hay su tiempo (cf. Ec 3, 1-8), y que el hombre profundamente religioso tiene que ver su vida, con aquella trascendencia que la hace sumergir en el mundo de Dios.

 

Siguiendo el pensamiento de Mons. Massimo Camisasca, Obispo de Reggio Emilia-Guastalla

 

Siguiendo el pensamiento de Mons. Massimo Camisasca, Obispo de Reggio Emilia-Guastalla

  

Cuanto Tertuliano decía acerca de los cristianos en general: “No se nace cristianos, sino que se llega a ser” (Apologético XVIII, 5), se puede aplicar, sin alguna dificultad, a la vida religiosa.