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¿Fuimos hombres o solo medio hombres, homúnculos… quaquaraquà...? Aquel sueño de los binanga

 

El cántico nuevo del Maestro de lo Imposible

Los binanga de Ozom se movieron y comenzaron a danzar porque en sus oídos resonó un cántico nuevo.

“El cántico nuevo no les pertenece a hombres viejos: lo aprenden solo los hombres nuevos, renovados de la vejez mediante la gracia”[1].

“El que quiera cantar el cántico nuevo debe amar los bienes eternos. Y el mismo amor es nuevo y eterno, y en tanto es siempre nuevo en cuanto no envejece nunca”[2].

“Pero quien no cante en la unidad con toda la tierra canta el cántico viejo, cualesquiera que sean las palabras que pronuncie su boca”[3].

La danza y el canto de los binanga de Ozom nos llevaron al corazón mismo de Dios.

“Jesús –afirmó el inolvidable Arzobispo de Yaundé, Mons. Zoa, en la homilía de Navidad de 1984– conoce las aspiraciones y las posibilidades profundas de los jóvenes y se preocupa de revelárselas. Jesús no tiene miedo de sacudir al joven débil y flojo, hundido en la mediocridad y en el descuido. Él despierta el ideal que duerme en su corazón. Él sabe que un joven generoso tiene necesidad de ser provocado y de ser alcanzado por un desafío. Es la radicalidad de las exigencias de Jesús la que revela el inmenso amor y la inmensa confianza que Él tiene en los jóvenes, en sus esfuerzos de generosidad. Por eso, Jesús se presenta a los jóvenes como Maestro de lo Imposible”[4].

Transmitir un estilo de vida

La escuela donde se encuentra el Maestro de lo Imposible es la Iglesia, que hace posible y factible en la historia de los hombres la palabra eterna de su Único Esposo: el Maestro de lo Imposible.

De esta gracia nunca debemos neciamente apoderarnos. Nunca pensar, aun por un solo momento, que no sea un don del que no tenemos que rendir cuenta... Esta historia es un don, algo que Dios y Su Iglesia han defendido y amado, como solamente ellos podían hacer, cuando todos un poco, a comenzar por nosotros, nos divertíamos en destruir lo que Dios, con infinita paciencia, construía.

Por eso, ninguno de nosotros, siempre para usar las palabras de Mons. Zoa, “tiene el derecho de acomodarse, de conformarse”[5].

Hay una elección bien definida que representa un desafío subversivo a la sabiduría y a la inteligencia, a la prudencia y al cálculo de nuestro tiempo, a la que estamos llamados.

Les gueux

El término pezzente tiene en italiano un origen histórico-filológico, que lo hace idóneo para encontrar a los que viven en condición de esclavitud y vaciamiento, como obreros de la última hora que siempre pasan las jornadas sin hacer nada.

Contiene también el dinamismo del vaciamiento, del paso de una condición a la otra. No es, pues, un término estático, sino dinámico.

El término pezzente al origen se refiere a una condición adquirida voluntariamente, no a una condición padecida, de dependencia de fuerzas irracionales y ocultas, de poderes y estructuras visibles e invisibles que aplastan al hombre sin que él pueda darse cuenta y hacer algo.

El término pezzente llama a ser protagonista de la historia y no a seguir siendo elemento de un ciclo natural que se acepta pasivamente, a lo sumo se consigue explicar, pero que nunca se transforma.

Este dinamismo, esta voluntariedad, esta carga de construcción de la historia la volvemos a encontrar en el equivalente francés. El término gueux (i pezzenti) –usado en signo de menosprecio por un cortesano de la regente Margarita de Austria (hermana de Felipe II de España), para designar a los representantes de la nobleza y de la burguesía de los Países Bajos que, en abril de 1566, se habían ido a Bruselas para pedir la mitigación de los edictos contra los heréticos, y el restablecimiento de las autonomías de Flandes contra la política centralizadora de Felipe II–, fue asumido por ellos y se volvió símbolo de revuelta. Los gueux des bois y los gueux de mer comenzaron la insurrección de las Provincias del Norte que desembocó en una revolución burguesa y nacional[6].

Los “pezzenti, pues, hacen propia la dinámica kenótica del Señor. En esta dinámica, también ellos están llamados a pasar de la necesidad a la libertad, de la naturaleza a la historia. En este sentido, el término gueux con su contenido histórico y subversivo de no aceptación de lo existente, sino de construcción de una historia de liberación, es un término que contribuye a la toma de conciencia de una situación que hay que transformar y no aceptar como dada una vez para siempre.

Les gueux, en la escuela del Maestro de lo Imposible, aprenden que la idea bíblica de pobreza no es solo aquella de la condición material de las personas económicamente débiles, y que la visión bíblica es de orden espiritual y mucho más amplia que la de orden material. Se trata de una disposición interior, de un sentido eminentemente espiritual.

Los verdaderos gueux son los que, para decirlo con Gelin, “no se hacen de los vivos con Dios”[7].

No hacerse de los vivos con el Señor significará no querer jugar un juego en que el hombre, bajo pretexto de una falsa humildad y de una falsa pobreza, deja a Dios todo el peso de la historia y se retira y vive una apariencia de humanidad.

No hacerse de los vivos con Dios significará lanzarse con pasión y audacia en la aventura de la historia, traficando y multiplicando por los caminos del mundo los talentos recibidos, y no enterrándolos con miedo y pereza como hizo el administrador infiel de evangélica memoria.

Pero no hacerse de los vivos con Dios significará también que nosotros, siempre y en cualquier situación, nos recordamos que solamente Dios es. A nosotros nos corresponde solo por gracia, en la libertad y en la historia, llegar a ser lo que Él es por naturaleza.

Contrariamente a lo que se pueda pensar en una reflexión superficial sobre el término, los gueux, si bien al comienzo tienen las motivaciones propias de los gueux, aquellas motivaciones que van bajo el nombre de politique du ventre[8], están llamados a vivir ni más ni menos que una vida cristiana en la que el cristianismo llega a serlo todo. Es decir, una vida que se abre por completo, sin rechazos y sin demoras, a la Palabra creadora y renovadora.

En el corazón del sur del mundo, donde la cuestión del desarrollo humano, entendido también, pero naturalmente no solo, como tasa de mortalidad, tasa de mortalidad infantil, tasa de mortalidad materna, esperanza de vida al nacer, nacimientos bajo peso, peso escaso, debilitación, atraso en el crecimiento, acceso a los servicios sanitarios, disponibilidad de agua potable, disponibilidad de servicios higiénicos, tasa de alfabetización, producto nacional bruto, cuotas de rédito, deuda externa; allá donde la cuestión femenina se pone como problema ineludible y cruce de seculares esclavitudes; allí, en el corazón del sur del mundo, María emerge como Aquella que

“ocupa el primer lugar entre los humildes y los pobres del Señor. Ella se presenta como la mujer fuerte que conoció pobreza y sufrimiento, huida y exilio. Totalmente abandonada a la voluntad del Señor, María de Nazaret no fue una mujer pasivamente sumisa o de una religiosidad enajenante, sino la mujer que no tuvo miedo de proclamar que Dios es ‘Aquel que ha enaltecido a los humildes y a los oprimidos. Aquel que ha derribado de sus tronos a los poderosos del mundo’. Hoy se la definiría políticamente comprometida”[9].

Es en la fiel imitación de María, la Estrella que ilumina el camino en la noche oscura, en que los gueux, los binanga, encontrarán la fuerza y el coraje para alcanzar el Reino eterno de la danza, y ningún medio hombre, homúnculo, quaquaraquà podrá desvanecer, en lo eterno de Dios, el sueño de los binanga.

Emilio Grasso

 

 

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[1] Agostino, Esposizione sul Salmo 32, II, 8, en Opere di Sant’Agostino, XXV. Esposizioni sui Salmi, Città Nuova, Roma 1967, 571.

[2] Agostino, Esposizione sul Salmo 149, 1, en Opere di Sant’Agostino, XXVIII/2. Esposizioni sui Salmi, Città Nuova, Roma 1977, 895.

[3] Agostino, Esposizione sul Salmo 149, 2…, 895.897.

[4] J. Zoa, Homélie pour Noël (1984).

[5] Cf. J. Zoa, Introduction aux journées des 17-18 novembre 1981.

[6] Cf. H. Pirenne, Histoire de Belgique, III, Lamertin, Bruxelles 1923, 427-481.

[7] Cf. A. Gelin, Il povero nella Sacra Scrittura, Vita e Pensiero, Milano 1956, 65.

[8] Cf. J.-F. Bayart, L’État en Afrique. La politique du ventre, Fayard, Paris 1989.

[9] J. Zoa, Homélie pour la Fête de l’Assomption, en la Cathédrale de Yaoundé (15 août 1987).

 

 (Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

09/12/2020

 

Categoría: Artículos