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Desde el pasado 6 de noviembre, el Santo Padre ha aceptado la renuncia de Mons. Pastor Cuquejo al gobierno pastoral de la Arquidiócesis de la Santísima Asunción.

 

ENTREVISTA CON MONS. PASTOR CUQUEJO, ARZOBISPO EMÉRITO DE ASUNCIÓN

 

Con treinta y dos años de episcopado, en los cuales ha estado al frente de diferentes Diócesis –primero como Obispo Auxiliar de Asunción, luego en Alto Paraná, después en el Obispado Castrense, y finalmente como Arzobispo Metropolitano–, y con una larga experiencia en el CELAM y como Presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya por diferentes mandatos, está en una posición privilegiada para evaluar la situación eclesial en el Paraguay. Con mucha amabilidad nos ha recibido, en el pequeño departamento del que dispone en el ex seminario metropolitano, para compartir con nosotros sus consideraciones y sus recuerdos.

El estar libre de las incumbencias pastorales le permite, en efecto, volver sobre toda su larga y rica trayectoria: “Es un tiempo muy privilegiado –nos confía– en el cual puedo reconocer el desarrollo de una sola línea en sesenta años de experiencia de Dios, desde niño”.

Una experiencia de Dios que Mons. Cuquejo ha expresado también en 235 poesías, escritas desde los diecisiete años, y en cinco libros de memorias.

Su larga trayectoria empieza en los Estados Unidos, donde pasó ocho años como seminarista, en la época que precedió al Concilio: “La perspectiva dominante era la del Derecho Canónico. Se trataba de una Iglesia fuertemente centrada en sí misma, que contaba con grandes Obispos y buenos sacerdotes, y que se abrió prontamente al Concilio. Fueron años también de una crisis profunda, en la cual muchos dejaron el ministerio sacerdotal. En el seminario apuntábamos a una Iglesia misionera, y muchos se hicieron misioneros”.

El mismo Mons. Cuquejo fue misionero en Brasil: “Fueron años de inmensa alegría. Me realicé como sacerdote. Fui formador durante ocho años, lo cual me ponía en la vanguardia del trabajo pastoral. Se trataba de una Iglesia sumamente dinámica. Los Obispos trabajaban juntos, hablando explícitamente de los problemas del país e indicando pistas de soluciones. La producción de material pastoral era exuberante”.

Luego, volvió al Paraguay: “Sentí el choque: éramos una Iglesia pobre. Tenía que hacerlo todo yo, carteles, artículos… Lo único que teníamos era una carta pastoral por año. Nos ayudábamos con material que venía del extranjero, de Colombia sobre todo, el más barato”.

Llegó también la estadía en Roma, para los estudios de Teología Moral en la Academia Alfonsiana. “Sobre todo –comenta– fueron años de profundización en la fe. Sobrecogía el fenómeno del pontificado, un misterio tan grande que rebasa toda explicación”.

Vino entonces el episcopado: “En los comienzos, en 1982, encontré a una Iglesia sumamente fuerte, con Obispos como Mons. Rolón, Mons. Maricevich, Mons. Benítez, capaces de enfrentarse a cualquier situación, incluso a la dictadura: representaban una plataforma firme, en la cual se apoyaban los demás Obispos. Luego, se han sucedido generaciones de Obispos, con un cambio muy rápido, pero lo que demoró constante fue que el pueblo quería respaldarse en la acción de los Obispos, quienes aprendieron cierto protagonismo. En la transición que se realizó, marcada por la constitución de grandes riquezas privadas, el prebendarismo y la corrupción, la dificultad que tuvo el episcopado fue la de comprender que, aunque el laicado esté fuerte, los Obispos tienen que seguir denunciando las situaciones de injusticia. Por eso, las cartas pastorales de la Conferencia Episcopal Paraguaya siempre fueron muy actualizadas. Queda, en la actualidad, el afán por compartir mejor con los laicos este papel”.

En esta evolución destaca, en los recuerdos de Mons. Cuquejo, la visita de San Juan Pablo II a Paraguay: “Yo estaba a cargo de la planificación del recorrido del Papa por parte de la Iglesia, durante la cual hubo momentos de gran tensión, porque Concepción, la Diócesis más lastimada, quedaba excluida”. Cuando la situación se encontraba estancada, Mons. Cuquejo y Mons. Benítez llevaron esa crisis al Papa. “Él nos recibió con mucha amabilidad y, en vez de los veinte minutos acordados, nos concedió toda una hora invitándonos, además, para la cena. El mensaje que nos transmitió fue: ‘No se preocupen por lo que el Gobierno pueda hacer: lo que ustedes hagan, háganlo por amor al pueblo’. Desde entonces, la preocupación de los Obispos por el bienestar del pueblo ha sido una constante. Hemos sido una voz que tenía que estar presente. No la ‘voz de los sin voz’, eso no, no nos competía”.

Una situación crepuscular

Con Mons. Cuquejo hablamos también de la situación actual de la Iglesia en el Paraguay, que parece pasar por un momento crepuscular, en el cual la luz se anuncia en medio de tinieblas. El mismo Nuncio Apostólico, Mons. Eliseo Ariotti, en la Misa celebrada en Caacupé en la víspera de la gran solemnidad de la Inmaculada Concepción, verdadero centro de gravedad del catolicismo paraguayo, ha hecho referencia a una crisis que atraviesa la sociedad paraguaya y la misma Iglesia local.

“La crisis por la cual hemos pasado –afirma Mons. Cuquejo– es una crisis de la comunión episcopal. La unidad atañe a una característica propia de la Iglesia, como proclamamos en el Credo. Lo que tiene que hacerse más explícito en nuestra Iglesia es, junto con la unidad, la catolicidad, que es la experiencia más linda: el Obispo, en su Diócesis, no puede actuar como si estuviera en el centro del mundo, sino que tiene que vivir una comunión que se prolonga con las demás Diócesis hasta el sucesor de Pedro, pastor de la Iglesia universal”.

“La realización de la unidad –explica– depende mucho de los Obispos. De hecho, el preámbulo de los estatutos de la Conferencia Episcopal Paraguaya, tan hermoso, hace referencia al mandamiento de Cristo: ‘Ámense los unos a los otros como yo los he amado’. Por diversidad de carácter, de visión de la Iglesia, de métodos litúrgicos y pastorales, que no son del agrado de la mayoría, tanto de los Obispos como de los fieles, se ha producido la atomización de una Diócesis, la de Ciudad del Este, con respecto a las demás, con un resquebrajamiento que incluso ha llevado a insultos, calumnias y difamación. El Papa Francisco ha tomado esto muy en serio, con la Visita Apostólica, y estamos en camino de renovación en la Diócesis en cuestión”.

Mons. Cuquejo identifica uno de los puntos claves en la crisis de la unidad: “Siendo una Iglesia del pueblo, sencilla, pobre, con pocos recursos humanos y sin inteligencias ilustradas, hemos centralizado, hace años, tres aspectos prioritarios: la formación de los futuros sacerdotes en un único seminario, la de los intelectuales católicos en la Universidad Católica de Asunción, y la formación en la liturgia, alma y fundamento de la expresión de la Iglesia, a través de una única comisión nacional. La ausencia, desde hace unos años, de la Diócesis de Ciudad del Este, que ha creado su propio seminario, ha sido causa de mucho dolor, porque a través de un único seminario creíamos estar contribuyendo a una mayor unidad. Nuestro seminario, por un lado, tiene una buenísima calidad académica de los profesores: estamos entre los primeros en América Latina. Por otro lado, hay alguna carencia en los formadores, quienes son sacerdotes designados por las diferentes Diócesis para acompañar a los futuros sacerdotes fuera del ámbito académico. Muchos quedan poco tiempo, con una rápida rotación, y no todos tienen capacidad innata. Actualmente hay cuatro directores espirituales y catorce formadores para ciento y ochenta seminaristas. La formación es buena, dentro de los parámetros, pero hace falta una mejor selección de los vocacionados. La crisis vocacional es muy fuerte: muchas Diócesis no tienen ordenaciones cada año, y si las hay, son muy pocas”.

Al encontrarlo, Mons. Cuquejo sigue transmitiendo al interlocutor su amor por la Iglesia, a la cual se ha dado sin reservas efectuando un trabajo inmenso: “El Obispo –concluye– es bíblicamente quien está al frente, y esta es una verdad teológica, no una cuestión de honor, prestigio o admiración. En estos años, he sentido realmente el peso de una Iglesia que luchaba para hacerse camino, sobre todo en los medios, una Iglesia que me gusta definir como el gran misterio de Dios que se hace presente y juega con su pueblo en un hermoso convivio”.

(A cargo de Michele Chiappo y Gladys Méndez Alcaraz)

Categoría: Noticias desde el Paraguay