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El sacramento de la Confirmación en Ypacaraí en el tiempo del COVID-19

 

El COVID-19, desde hace aproximadamente un año y medio, ha trastornado los planes del mundo y en él también los de la Iglesia y de las parroquias, lugares específicos de encuentro y de celebraciones comunitarias. Ha impuesto dondequiera, después de un período de incertidumbre, repensar nuevas maneras para realizar programas y actividades (de modo particular, con el uso de la moderna tecnología de la comunicación a distancia), en el curso de una pandemia que no está derrotada aún.

En nuestra parroquia de Ypacaraí, durante los meses del cierre total y luego, lentamente, con las aperturas parciales, reanudamos en “forma COVID”, en cumplimiento del protocolo sanitario gubernamental, algunas actividades que caracterizan el año pastoral de cualquier parroquia. Entre ellas, la catequesis de preparación de los jóvenes a la Confirmación.

A finales de noviembre, período inusual en el Paraguay para iniciar la catequesis (que, puesto que sigue el curso escolar, comienza en marzo y termina en noviembre), utilizando WhatsApp, contactamos de nuevo a todos los jóvenes que ya se habían inscrito y a quienes para los que estaba previsto que recibieran la Confirmación en el 2020. Unos noventa jóvenes, la mayoría de los cuales habían participado en las distintas etapas de la catequesis en los años anteriores, respondieron y comenzamos con ellos un itinerario virtual con una cita semanal.

No todos pudieron completar el itinerario formativo a través de los encuentros online: las dificultades de la conexión a Internet, los problemas económicos familiares, la necesidad de muchos de tener que trabajar además de estudiar, las dificultades escolares incrementadas por la activación de las clases virtuales también en las escuelas, con un aumento de las tareas que realizar personalmente, la decisión de posponer la Confirmación hasta cuando se hubiera podido retomar la forma presencial, son las razones que no permitieron concluir este itinerario de formación.

A través de WhatsApp, cada sábado los jóvenes recibieron material sobre un tema formativo para la Confirmación. Cada uno de ellos, después de leer el texto o ver el video o escuchar el audio, envió una propia reflexión o comentario sobre lo que había recibido.

Además, desde el mes de enero, siempre en pequeños grupos y previa inscripción, los muchachos participaron, por turno, en la celebración de la Eucaristía los sábados o domingos, y recibieron, durante la celebración, una breve homilía-catequesis dirigida a ellos.

Fueron de gran ayuda las “Homilías en el tiempo del Coronavirus” de Emilio, que, a menudo, trataron temas congeniales al itinerario preparado para los confirmandos.

Una vez terminada la preparación, antes de la celebración del sacramento, cada uno de ellos vino personalmente a la parroquia para una breve charla conmigo, su catequista, y para la confesión.

Alrededor de sesenta jóvenes lograron completar la preparación y, divididos en pequeños grupos, en el respeto del protocolo sanitario, en tres celebraciones sucesivas celebradas entre mayo y junio de este año, recibieron el sacramento de la Confirmación mediante la imposición de las manos del propio párroco, el P. Miguel, autorizado por el Obispo de nuestra diócesis de San Lorenzo, Mons. Joaquín Hermes Robledo Romero.

Los jóvenes se presentaron con sus uniformes escolares, acompañados por el padrino o la madrina y por los padres. La celebración, sencilla, ordenada y bien organizada, con el número de personas permitido por el protocolo, confirió un ambiente de intimidad y recogimiento a una acción litúrgica solemne y personal, que tanto los jóvenes como toda la asamblea apreciaron mucho.

A este propósito, las mismas reflexiones de los jóvenes nos hacen comprender el sentido de responsabilidad con el que abordaron el camino de la preparación (aunque en “forma COVID”), manifestando con sus consideraciones la libertad y la madurez de su elección, la disponibilidad a dejar actuar al Espíritu Santo en sus vidas y a ser auténticos testigos de Cristo.

En este tiempo de pandemia, además, estos jóvenes (los primeros en recibir la Confirmación según estas modalidades), superando las dificultades y adaptándose al itinerario propuesto, han mostrado la importancia de encontrar razones para vivir y esperar, para seguir educándose en la vida cristiana, en un momento que nos obliga a repensar la solidez y los signos de nuestra fe, los modos y las formas para la evangelización, para la catequesis y para toda la pastoral parroquial.

 

 

Amalia: Somos jóvenes que nos estamos preparando para este nuevo encuentro personal con Dios, día por día, y vamos descubriendo la vida cristiana con Jesús, teniendo como meta el cielo, en un mundo que tiene sus leyes y sus costumbres. Cuando éramos pequeños, nuestros padres y padrinos se comprometieron a educarnos y a cumplir las promesas del Bautismo. Ahora nos toca a nosotros asumir esta responsabilidad de unirnos a Jesús con más firmeza, de confirmar nuestra fe y saberla vivir, defender y transmitir. Este camino personal nos ayuda a reflexionar sobre muchos temas que afectan a nuestra vida de fe, y también a nuestra vida como personas insertadas en un contexto civil y social. Vivimos en una época en la que el deseo y la satisfacción del deseo dependen del uso adecuado de nuestra libertad individual. Como jóvenes, creo que esto no nos ayuda a descifrar la verdadera llamada de Dios. Sin embargo, si nos adentramos un poco en nosotros mismos, encontramos nuestra fe en su plenitud y nos sentimos llamados a acercarnos al corazón de Dios. Entonces empezamos a distinguir nuestro deseo más profundo, que es el deseo de Dios. En última instancia, creo que lo que puede satisfacernos plenamente es el amor de Dios y nuestro viaje hasta las profundidades infinitas del Señor. Además, recibimos con la fe el don gratuito de cómo responder a Dios y a esa llamada singular en nuestra vida y, al mismo tiempo, la libertad de manifestar nuestro verdadero amor a Él. En el centro de mi verdadera elección, por tanto, está la decisión libre de amar a Dios, de escuchar lo que dice y de responder a mi vocación individual para la que he sido creada.

Amiri: En este curso virtual para prepararnos a la Confirmación, una cosa sobre la que he reflexionado es que sin Dios no podemos hacer nada. Confiar en Él en cada momento de nuestra vida nos ayudará a seguir un buen camino y a ser personas responsables. Para mí, fue importante comprender que recibir la Confirmación no es el término de un camino, sino el comienzo de una vida coherente como cristiano al servicio en la Iglesia. Comprendí que la Iglesia somos nosotros y no como cristianos de ocasión. Como jóvenes que confirman la propia fe, debemos tomar conciencia de que este es un paso importante, y es solo el comienzo de nuestro ser piedras vivas de la Iglesia, para comprometernos en ella y llegar a tantos hermanos que nos necesitan. Debemos imitar a Jesús y hacer de Él nuestro compañero de viaje, dejando de lado nuestras propias comodidades. Me doy cuenta de que a muchos jóvenes no les interesa este discurso, se sienten "tranquilos" y no buscan lo que realmente puede ayudarlos a ser personas mejores. En cambio, sería muy hermoso que nosotros los jóvenes nos uniéramos, superando la pereza y la apatía, para buscar nuevos caminos, ser personas activas, poniendo en práctica la enseñanza de Jesús, para descubrir lo que Dios quiere de nosotros y qué estamos haciendo a favor de nuestros hermanos. Sería importante que nuestra parroquia siguiera formando a los jóvenes, como está haciendo, y sería interesante preguntar al equipo pastoral de la parroquia: "¿Cómo nos ven? ¿Qué nos falta o qué nos necesita? ¿Cómo podemos nosotros los jóvenes ayudar a la Iglesia?".

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

(Continúa)

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

04/08/2021

 

Categoría: Vida de la parroquia de Ypacaraí (Paraguay)