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Algunas reacciones de los fieles de Ypacaraí a la carta de Emilio

 

Pocos días antes del inicio de la Semana Santa, Emilio, en la carta que publicamos recientemente, informó a los fieles de Ypacaraí que, de aquel momento en adelante, su relación con la parroquia habría estado diferente: aunque sin abandonar a nadie, ya no habría estado más físicamente presente como antes. La imagen evangélica a la que hizo referencia ‒el Bautista que se hace a un lado para dar espacio al Mesías‒ la hizo familiar en estos años en Ypacaraí con su predicación. Varias veces, en efecto, y en diferentes circunstancias, había invitado a meditar y a seguir la actitud del Bautista: “Es necesario que Él crezca; yo, en cambio, debo disminuir” (Jn 3, 30).

Lo había dicho a los catequistas y a los educadores, recordándoles que su función es la de poner a los jóvenes en contacto con Cristo, para lograr que estén en condiciones de tomar decisiones, dejándose guiar por la libertad evangélica y sin apegarse a los niños y a los jóvenes que están confiados a ellos. Su tarea es, como para el Bautista, preparar a un pueblo bien dispuesto (cf. Lc 1, 17) y luego hacerse a un lado.

Lo había dicho a los lectores, explicando que su ministerio consiste en poner su voz ‒y, por tanto, su persona‒ al servicio de Dios: como el Bautista era la “voz” al servicio de la Palabra, así ellos están llamados a ser el instrumento que permite a la Palabra llegar a todos. Un instrumento, pues, que, cuando ha cumplido su función se eclipsa y no tiene como finalidad la de llamar la atención sobre sí.

Lo había hecho, sobre todo, hablando en muchas ocasiones a las familias, donde no es raro que haya padres que quieran imponer sus elecciones a los hijos, suegras que no solo acompañan a los hijos hasta la habitación matrimonial, sino que exigen incluso entrar en ella, y continuar tratándolos como eternos muchachitos.

En un tiempo en el que son muchos los que permanecen firmemente apegados a su silla, a su cargo, a la alta consideración que tienen de sí mismos, Emilio hizo el don de una coherencia y de un ejemplo que, como muestran las reacciones que aquí traemos, fueron bien recibidos por los fieles, que vieron en su gesto y en sus palabras una fuerte invitación a asumir responsabilidades más grandes, y comprendieron que Cristo debe crecer en ellos.

Michele Chiappo

 

Separador Frase Papa

 

Cesarina Barbotte: Gracias, padre Emilio, por todo lo que dio a mi ciudad. Después de usted, hay un antes y un después en nuestra Ypacaraí. Antes, éramos fieles sin orientación, llegábamos tarde a la Misa, en la iglesia estaban perros, niños que lloraban y corrían por todos lados, y las niñas no tenían un lugar suyo en el servicio litúrgico. Usted llegó a mi ciudad casi en coincidencia con el nacimiento de mi querida Fany, a la que llevaba a Misa cuando era pequeña. Al principio, no comprendía mucho sus homilías y sus enseñanzas, pero poco a poco, me di cuenta de que usted estaba enseñando a los adultos, a los jóvenes y a los niños. Fue entonces cuando decidí que mi hija debía ser formada por este sacerdote, y la inscribí en el grupo litúrgico. Esta experiencia ha marcado de manera positiva la vida de mi hija, porque hoy es una muchacha responsable, con valores muy buenos, y ha desarrollado el amor por la lectura. Todo esto gracias a sus enseñanzas. Y yo he aprendido a llegar a tiempo a todas partes y a callarme cuando tengo que hacerlo. Gracias, infinitas gracias, padre Emilio.

Antonia Cabrera: Mi querido pastor y amigo del alma, acepto, aunque con tristeza, tu decisión. Esta me hace pensar que el buen Dios tiene un plan para mi querida parroquia. Gracias por acompañarnos y guiarnos siempre. Un abrazo.

Adalberto Morínigo (Ex Intendente de Ypacaraí): El padre Emilio Grasso es la magnanimidad, la grandeza de ánimo y de espíritu en su máxima expresión; es un gran hombre, admirable, un verdadero pastor, justo, responsable y guía comunitario y espiritual de toda mi querida Ypacaraí. Me inclino reverente ante él. Cordiales saludos.

Vicenta: Esta carta del padre Emilio es muy especial. Nosotros que hemos escuchado sus homilías debemos demostrar ahora lo que habíamos aprendido antes de la pandemia: no podemos seguir repitiendo siempre “antes era así” y vivir de recuerdos. Sé cómo el padre Emilio ama a la gente de Ypacaraí. Michele y las amigas de la Comunidad han aprendido de él, por eso, estoy segura de que él verá el fruto de todo el tiempo y el esfuerzo que nos ha dedicado.

Gloria Pérez: Padre Emilio, ciertamente nada es igual que antes de la pandemia. Cada día pido al Espíritu Santo que me vuelva una persona mejor. Gracias por estar siempre presente; usted no imagina la alegría que produce en mi corazón el escucharlo. Doy gracias a Dios por todo su cariño.

Gloria Gallardo: El padre Emilio sigue estando presente con su obra, su Comunidad, sus llamadas telefónicas. Prometió que no nos abandonará, que nos llamará. Sé que lo hará verdaderamente, porque lo que dice lo cumple, y sé lo que significa recibir una llamada telefónica suya: lo sabe toda mi familia. No se olvida de nadie ni de nada. Gracias por todo, padre Emilio.

José García: Nunca he tenido la satisfacción de hablar con el padre Emilio, sino que lo conocí a través de lo que pude leer en sus artículos y homilías. Desaparecer lentamente ‒hacerse a un lado, preferiría decir‒ para que otros sigan adelante es un signo de gran humildad. También es un signo de madurez. Es ponerse a prueba, para constatar si se supo educar, si hay otros preparados para continuar el trabajo. Es confiar en el hecho de que, al final, el Reino de Dios en la tierra encontrará los caminos para volverse realidad. Emilio ha comprendido perfectamente que la vida de un cristiano no es una carrera en la que se debe llegar primero, es una carrera en la que todos deben llegar.

Alberto Lugo: Querido amigo Emilio, hoy, después de participar en la Misa del Domingo de Ramos, estamos reflexionando sobre la carta que enviaste a todos nosotros y nos hemos dado cuenta de que es verdad lo que escribiste, que “ha llegado el momento en que Él crezca y tú disminuyas”, porque estuviste presente en cada momento en aquella admirable celebración, a pesar de que no estabas. Dejaste huellas en todos y especialmente en nuestra familia. Por lo tanto, no nos ponemos en un rincón con caras tristes, sino que participamos con mucha alegría, conociendo el magnífico trabajo que llevaste a cabo en nuestra parroquia. Nunca olvidaremos que todos ustedes de la Redemptor hominis son nuestro apoyo espiritual. Esperamos que seguirás llamándonos, en esto no debes cambiar. Un abrazo con el cariño de siempre.

Carmen de Ortega: ¡Qué hermosa carta, llena de coraje y de sabiduría! Cualquier cambio conlleva un dolor; algo que termina y se va. ¡Pero al mismo tiempo llega lo nuevo, que es igualmente hermoso! Sé que, aunque duela, está llena de amor la decisión de Emilio, y, también sé que el padre Michele sabrá honrarlo como se merece, con la colaboración de todas ustedes de la Redemptor hominis. Mi deseo para Emilio y para Michele es que reciban abundantes bendiciones, para que sigan educándonos en la palabra de Dios y nos hagan crecer en la fe.

Marina Duré: No puedo no dejar caer algunas lágrimas al leer la carta del padre Emilio. Sus palabras me han llegado al corazón y no quiero perder a un amigo. En este tiempo difícil, he aprendido a estimar a cada uno de ustedes. Siempre espero la llamada telefónica del padre Emilio. Deseo agradecerles a todos por todo. Que el Señor los bendiga siempre. Los llevo en mi corazón.

Teresa de Rojas: Prácticamente Emilio se está despidiendo, aunque sepa que siempre permanece en comunicación telefónica con todos los fieles. Él es sabio y actúa por inspiración del Espíritu Santo, porque así debe ser, aunque me entristezca mucho. Tiene mucha confianza en ustedes, en su equipo pastoral, ¡y tiene razón porque están muy bien preparados para seguir adelante! Esto lo puedo atestiguar. Les deseo, de todo corazón y con el inmenso cariño que les tengo, un resultado positivo.

Santa Oviedo de Yegros: Su carta a los fieles de nuestra parroquia ha suscitado conmoción no solo en mí, sino también en mi familia y en toda la comunidad parroquial. Recuerdo que siempre nos repitió las palabras de San Juan Bautista: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”. Es verdad, debemos saber desaparecer, para que personas formadas puedan dar testimonio de la riqueza que han adquirido, y también nosotros mismos no debemos quedar demasiado apegados a lo que hacemos y amamos. No cabe duda de que el párroco Michele y los demás miembros de la Comunidad presentes en Ypacaraí, trabajadores incansables, con su inteligencia, dedicación y sencillez, seguirán, junto con los fieles, haciendo crecer nuestra parroquia. Estoy muy segura de que usted no nos olvidará y no abandonará a nadie, porque sabe amar con empatía y con una preferencia por los más pobres. Una vez más doy gracias a Dios por haberlo conocido, por haber compartido casi veinte años con usted, y por la solidaridad que siempre ha mostrado a mí y a mi familia.

Fátima Coronel: La carta del padre Emilio me hace pensar mucho; es como si me entristeciera un poco, porque en cualquier ocasión esperaba encontrarlo en la celebración de la Misa. Pero, al mismo tiempo, le estoy muy agradecida por todo lo que inició aquí en Ypacaraí, junto con el padre Michele y las queridísimas amigas de la Comunidad. El legado que nos deja es muy grande e importante, porque nuestra parroquia se distingue de tantas, gracias al trabajo realizado bajo su guía. Estoy segura de que seguirán estando a la altura. Una vez más, mil gracias por haber hecho de nuestra parroquia un lugar al que deseamos volver siempre.

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

23/07/2022

 

Categoría: Vida de la parroquia de Ypacaraí (Paraguay)