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Regreso a Ypacaraí

 

El pasado mes de junio volví, por un breve período, a Paraguay, a nuestra parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, lugar del cual salí, siete años atrás, para ir a Bélgica. Fue una hermosa experiencia para mí, un momento fuerte de encuentro, después de la pandemia y de la epidemia de la chikungunya que arreció, durante todo este año, en el Paraguay. A pesar de las dificultades y del sufrimiento que tantas personas experimentaron, me quedé impresionada por el entusiasmo y la gran participación de la gente en las celebraciones y en las varias actividades parroquiales.

Pude constatar los cambios ocurridos en la parroquia y la ausencia de tantas personas que fallecieron. Sin embargo, tuve la oportunidad de ver y saludar a muchas otras, con las cuales había trabajado durante mis años de permanencia en Ypacaraí, y de visitar personalmente a algunas de ellas en sus casas. Con estas, en particular, mantuve un vínculo de amistad y unión en la oración. Muchas de ellas experimentaron la fuerza de la oración que practican constantemente.

Noté, en la parroquia, la gran labor de acompañamiento permanente que se siguió haciendo en estos años, y conocí a nuevos agentes de pastoral que, cuando salí, eran niños o jóvenes que frecuentaban la parroquia.

Cada año, en efecto, también los más jóvenes tienen la oportunidad de involucrarse en la vida pastoral, después de recibir la Confirmación o al término de su servicio como monaguillos y niñas liturgistas; de esta manera, siguen colaborando con responsabilidad en los varios sectores de la vida parroquial.

Durante esta breve permanencia en Ypacaraí, pude estar presente en un momento fuerte que vive la parroquia, o sea, el de la preparación de la fiesta patronal, en la que todos, niños de la catequesis - jóvenes - adultos, participan con entusiasmo, dando cada uno el propio aporte para embellecer la iglesia y hacer que todo esté bien organizado.

El compromiso de tantas personas deriva del evidente trabajo del equipo pastoral que, con perseverancia, atención y paciencia, en estos años supo superar tantas dificultades para seguir construyendo a una comunidad eclesial unida y orgullosa de ser testigo de vida cristiana, a través del servicio en la realidad parroquial.

En efecto, cada cristiano debería tener la oportunidad de fortalecer su identidad, acompañado de una formación que le permita crecer humana y espiritualmente, para ser consciente de la propia corresponsabilidad con la misión de la Iglesia.

Después de esta experiencia en Ypacaraí, después de ver a un pueblo que camina junto, unido por la fe y el amor a Cristo –como en la procesión que concluyó la fiesta patronal de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús–, para mí se convierte en una exigencia, a mi regreso a Europa, testimoniar en las parroquias de la diócesis de Hasselt (Bélgica) y Roermond (Países Bajos) lo que vi.

En un contexto cultural y religioso donde la fe se está apagando cada vez más, donde se habla de una Iglesia en progresiva extinción, es necesario llevar la esperanza y la belleza de formar parte todavía de un pueblo en camino.

Estoy feliz, por tanto, de retomar mi labor de presentación de nuestras publicaciones y de llevar, a través de ellas, mi testimonio en estas dos diócesis a las que fui enviada, donde todavía hay personas que escuchan, que aman a la Iglesia y reconocen la necesidad de un acompañamiento y de una evangelización cristiana que proviene también de otras experiencias.

En Bélgica y en los Países Bajos, muchos párrocos se preocupan por cómo enfrentar el problema de la escasa presencia en las celebraciones; a menudo, los párrocos mismos subrayan la importancia de acompañar a los propios feligreses y acogen con placer la experiencia que proviene de la evangelización en otras tierras.

Es un pequeño rebaño, formado en su mayoría por personas adultas y ancianas, el que se preocupa por cómo será el futuro de la Iglesia en Europa. Y, por eso, las personas se sienten animadas al escuchar un testimonio diferente de alguien que, como yo, vivió tantos años en Ypacaraí y desde allí fue enviado para llevar un anuncio antiguo, pero siempre nuevo.

Liz María Gómez

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

28/08/2023

 

Categoría: Vida de la parroquia de Ypacaraí (Paraguay)