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Siguiendo el pensamiento de Mons. Massimo Camisasca, Obispo de Reggio Emilia-Guastalla

 

Mons. Massimo Camisasca, Obispo de la diócesis de Reggio Emilia-Guastalla desde el 2012, recibió de esta diócesis un hermoso legado, que supo desarrollar abriendo nuevas fronteras: se trata del compromiso de la diócesis en tierra de misión, que empezó con Mons. Gilberto Baroni inmediatamente después del Concilio Vaticano II, con la apertura de las misiones en Brasil, Madagascar e India, y continuó con sus sucesores en los años 90, con las de Albania y de Ruanda. Decisiva fue, al principio, la aportación del P. Mario Prandi, fundador de las Casas de la Caridad, cuya comunidad es la que más acompañó este impulso misionero diocesano.

Este hermoso legado Mons. Camisasca lo hizo crecer aún más con la apertura de la misión diocesana en Amazonia, que tuvo lugar en el mes de noviembre del año pasado.

Reggio Emilia-Guastalla, una diócesis misionera

Mons. Camisasca explicó así la motivación fundamental de la elección misionera hecha por el inolvidable Mons. Gilberto Baroni, entonces Obispo de Reggio Emilia[1]:

“El Concilio Vaticano II recién había terminado, por tanto, estaba todavía muy viva la reflexión de la Iglesia sobre la colegialidad episcopal. Cada Obispo está llamado a una responsabilidad hacia toda la Iglesia y no tan solo hacia su diócesis. Este es el origen más profundo de la intención misionera de Mons. Baroni. Él comprendió que tenía una responsabilidad hacia todos, y que debía dar una apertura mundial a su Iglesia”[2].

En este sentido, es indicativa una frase pronunciada en 1968 por Mons. Baroni, quien así parafraseaba la afirmación del documento conciliar Ad gentes en el n.° 2: “Como la Iglesia universal, así la diócesis es esencialmente misionera”[3].

Con esta premisa, hemos recopilado algunas ideas-bases de la misión extraídas del pensamiento de Mons. Camisasca, a través de sus homilías y sus intervenciones en el Consejo pastoral diocesano y en encuentros de diferente naturaleza.

Él reafirmó, ante todo, el origen trinitario de la misión de la Iglesia, con un enfoque auténticamente cristológico:

“Ya desde el comienzo de su vida pública, el Cristo se revela a nosotros en la comunión con el Padre y con el Espíritu, y sintetiza así su misión como revelación de la comunión trinitaria”[4].

En otra intervención, luego, aclaró cuál es la verdadera naturaleza de la misión, leyéndola a la luz de lo que Cristo obró y entregó a sus discípulos: “La misión no es simplemente la transmisión de un mensaje, sino que es encontrar a Jesús juntos”[5].

Íntimamente unidos a Cristo

De aquí, la insistencia de nuestro Obispo sobre una relación cada vez más intensa con el Señor:

“Para poder ser misioneros, y no simplemente sujetos de propaganda, es necesario no solo haber encontrado a Cristo y haber sido atraídos por Él, sino encontrarlo cada día y cotidianamente penetrar en su inagotable misterio de belleza”[6].

Y citó, a este propósito, la experiencia de santa Teresa de Calcuta.

“La Madre Teresa repetía que nunca hubiera podido ir con los pobres si no hubiera hecho la adoración eucarística cada mañana. Sin Dios, uno es demasiado pobre para amar a los pobres, decía todavía”[7].

Es en este sentido en que Mons. Camisasca, en el 2018, exhortaba a los candidatos al sacerdocio y al diaconado permanente, en la liturgia de ordenación, con el comentario al versículo del Evangelio de la Misa: “Si alguno tiene sed, que venga a mí, y beberá” (Jn 7, 37). Escuchemos las palabras del Obispo:

“Queridos hermanos, si no beben a Cristo todos los días, los ríos de agua viva no fluirán de ustedes. Estas palabras del Evangelio en realidad están dirigidas a toda persona bautizada. Las oigo, ante todo, dirigidas a mí, y luego a cada uno de ustedes que participa en esta liturgia. En particular, como he dicho, esta tarde están dirigidas a nuestros cuatro ordenandos. Les suplico: se volverán áridos, si no beberán cada día a Cristo, recurriendo a las fuentes inagotables de su gracia y de su sabiduría”[8].

El año anterior, a los candidatos al diaconado permanente que estaban a punto de ser ordenados, Mons. Camisasca hizo esta recomendación: “Entréguense enteramente en los brazos del Hijo de Dios, a fin de que los haga siervos de su misión en el mundo”[9].

Por eso, la misión de cada bautizado y de aquellos bautizados que avanzan hasta los extremos confines de la tierra, debe tener en cuenta un principio que está en el origen del nacimiento de la Iglesia. Es el principio que Jesús mismo dio a sus discípulos cuando les dijo que quedaran íntimamente unidos a Él, como los sarmientos a la vid, porque sin Él nunca habrían podido hacer nada. En esta línea, Mons. Camisasca afirmó:

“Nosotros no tenemos que capturar a nadie, todos ya han sido conquistados por Cristo (cf. Fil 3, 12). Esto no significa apagar la misión, sino respetar los caminos de Dios. Es Dios quien realizará una explicitación de la fe según sus planes. De lo contrario, nos convertimos en clericales, porque queremos estar en el centro de todos los caminos del mundo. Pero en el centro de los caminos del mundo está la Eucaristía, no yo”[10].

Una única misión: la de Jesús

La Iglesia continúa la misma misión de Cristo, porque es el Espíritu Santo, don recibido por Cristo moribundo en la cruz y derramado por Cristo resucitado en la noche de Pascua (cf. Jn 20, 19-23), “el protagonista de toda la misión eclesial”[11].

Es el Espíritu de Cristo quien actúa en cada misionero, el cual se nutre de su Palabra y de su Cuerpo para llevar a cabo la obra que se le confió: una misión, como nos recuerda el Concilio Vaticano II, que “continúa y desarrolla a lo largo de la historia la misión del mismo Cristo”[12].

Solo así la misión personal puede ser la continuación de la misión de Cristo: caminar siguiendo sus huellas, el camino que Él trazó para cada uno, a fin de conformarse cada vez más profundamente a Él.

Así Mons. Camisasca se expresó, hablando a los religiosos:

“En nuestras comunidades, muy a menudo, la razón de nuestra vocación la identificamos con lo que podemos hacer y no con la posibilidad que Cristo nos dio de participar en su vida”[13].

“De las palabras del evangelista Mateo (cf. Mt 9, 35 - 10, 1) se deduce claramente que no existen muchas misiones, sino una única misión: la de Jesús. Todos nosotros estamos llamados a participar en ella a través del Bautismo. Todas las diferentes vocaciones en la Iglesia son expresión de una única llamada a la misión de Jesús”[14].

Hay una frase muy importante, entonces, que resume el contenido de la misión cristiana y establece la culminación de cuanto hasta ahora se afirmó: “Cristo no es solo el origen de la vocación, sino que es también su camino y su fin”[15].

Con esta premisa esencial, toda la misión del cristiano, si nace y se alimenta de Cristo, debe culminar necesariamente en el encuentro con Él.

Y, por eso, Mons. Camisasca nos recuerda cuánto el misionero debe estar anclado a Cristo no solo en su Palabra y en la Eucaristía, sino también en los pobres que encuentra, como “finalidad” de la misión que se le encomendó:

“Siempre se debe volver a este corazón de nuestra misión: reconocer a Jesús que nos espera en los hermanos más pobres, que se identifica con ellos. Él está presente en sus personas con su humanidad herida y sedienta”[16].

Misión significa tener la misma pasión que Jesús: por el Padre y por esta humanidad. Aquella pasión, que lo impulsó a recorrer incansablemente los caminos de Palestina, Él la transmite a sus discípulos.

En aquel tiempo Jesús recorría todas las ciudades y pueblos (Mt 9, 35). Es posible que no se nos pida que viajemos mucho, pero siempre se nos pide que participemos en ese espíritu que hacía caminar continuamente a Jesús. Él era movido por la pasión por el Padre y por los hombres. Debemos pedir participar en esta pasión”[17].

Sandro Puliani

(Continúa)

 

 

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[1] Las diócesis de Reggio Emilia y Guastalla siempre fueron distintas, desde su origen hasta 1986, año en que se estableció su plena unión, con la denominación actual: diócesis de Reggio Emilia-Guastalla.

[2] M. Camisasca, Intervento al Convegno in occasione del Giubileo della missione diocesana in Madagascar (10 de diciembre de 2017).

[3] G. Baroni, Lettera pastorale “La Chiesa diocesana in stato di missione” (24 de noviembre de 1968).

[4] M. Camisasca, Omelia nella festa del Battesimo del Signore (8 de enero de 2017).

[5] M. Camisasca, Omelia nella Solennità della natività della B. V. Maria. Inizio dell’anno pastorale 2016-2017 (8 de septiembre de 2016).

[6] M. Camisasca, Omelia nella Solennità della natività della B. V. Maria. Inizio dell’anno pastorale 2016-2017 (8 de septiembre de 2016).

[7] M. Camisasca, Incontro con le monache di clausura su Vultum Dei quaerere (13 de octubre de 2017).

[8] M. Camisasca, Omelia nella messa di Ordinazione sacerdotale di don Emanuele Sica, don Marco Lucenti, don Prince Osei Ampong e ordinazione diaconale di José Adonis Bongo (19 de mayo de 2018).

[9] M. Camisasca, Omelia per l’Ordinazione dei diaconi permanenti (14 de octubre de 2017).

[10] M. Camisasca, Intervento al Consiglio Pastorale Diocesano (27 de enero 2018).

[11] Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris missio, 21.

[12] Concilio Vaticano II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, 5.

[13] M. Camisasca, Incontro con i religiosi, le religiose e gli esponenti della vita consacrata in Diocesi (29 de enero de 2017).

[14] M. Camisasca, Intervento alla veglia missionaria per la partenza di don Luca Fornaciari e don Simone Franceschini (21 de octubre de 2017).

[15] M. Camisasca, Incontro con i religiosi, le religiose e gli esponenti della vita consacrata in Diocesi (29 de enero de 2017).

[16] M. Camisasca, Omelia per la festa delle Case della Carità nella solennità di S. Teresa di Gesù (15 de octubre de 2016).

[17] M. Camisasca, Intervento alla veglia missionaria per la partenza di don Luca Fornaciari e don Simone Franceschini (21 de octubre de 2017).

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

14/07/2020

 

Categoría: Profundizaciones