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Nuestra experiencia en Bélgica y en los Países Bajos

 

Ya desde hace varios años voy, los domingos, a varias parroquias de las diócesis de Hasselt (Bélgica) y de Roermond (Países Bajos) para presentar, junto con algunos miembros de mi Comunidad, los libros publicados por el Centro de Estudios Redemptor hominis sobre temas que conciernen a nuestra fe.

Estos escritos son acogidos como una importante contribución para una formación que ayude Essere missionari dove la fede bela redescubrir la fe que, en estos lugares, se está perdiendo. Estas tierras, en efecto, han pasado, en el espacio de algunas décadas, de un catolicismo ferviente a una secularización radical.

El cambio es evidente, si se piensa en que, en el pasado, de estos países salieron muchos misioneros, y hoy, por el contrario, reciben el anuncio de misioneros que provienen también de otros continentes, según me cuentan los interlocutores que encuentro en las varias parroquias durante las presentaciones de los libros.

Visitar a las parroquias tanto en Bélgica como en los Países Bajos, después de trabajar varios años en nuestra parroquia de Ypacaraí (Paraguay), fue, para mí, una aventura y, al mismo tiempo, un reto. Todo fue nuevo, para mí, a partir de la cultura y de la organización de la sociedad, para llegar al modo de vivir la religiosidad.

Participando en las celebraciones litúrgicas, me quedé impresionada por la escasa frecuencia, que sigue disminuyendo cada año, y por la ausencia casi total de jóvenes y niños. Además, muchas iglesias están cerradas, sea por falta de fondos para su administración, sea por falta de sacerdotes. La celebración de la Misa, en general, está cuidada bien, aunque a veces, particularmente en Bélgica, son propuestas lecturas y oraciones eucarísticas de composición improvisada, y esto me sorprendió profundamente. Me di cuenta, en cambio, de que en la diócesis de Roermond se intenta mantener las tres lecturas de la Misa del domingo, permanecer de pie cuando se recitan el Gloria, el Credo y el Padre Nuestro, y arrodillarse durante la consagración.

En nuestra parroquia de Ypacaraí, en la que pienso a menudo, la gente ha sido educada para una celebración bien cuidada, donde reinan el respeto y el silencio. La realización de una “pastoral de la inteligencia”, de un acompañamiento permanente que prepare a los profundos cambios sociales y culturales, se ha convertido en un modelo también fuera de nuestra parroquia.

Las parroquias que visitamos en las diócesis de Hasselt y de Roermond nos acogen siempre con gran cordialidad y simpatía. Nuestro testimonio se percibe como una misión en tierras estériles, una contribución a la evangelización.

Un párroco, durante la presentación de nuestras publicaciones, nos dijo que nuestra tarea es como la de Juan Bautista: es un anuncio en el desierto, donde el desierto es una vida que se llena de muchas actividades, mientras que se deja a Jesús en el último lugar.LG AMT Essere missionari dove la fede CRH

Varios sacerdotes nos invitan a continuar nuestro compromiso misionero, sembrando con coraje en zonas donde la fe se está apagando. A veces encontramos a párrocos que casi se disculpan por la escasa participación de la gente, aunque, de hecho, están entre los más interesados en ayudar a sus feligreses en el camino de fe, y hablan de las dificultades que atraviesa la Iglesia a fin de buscar perspectivas para que ella pueda tener un futuro.

También hay parroquias en las que la gente muestra más interés por la lectura y se preocupa de alimentar y fortalecer la propia fe. En estos lugares, las personas mismas constatan la reducida participación, sobre todo después de la pandemia.

Para nosotros, sigue siendo actual el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2014:

“¡No dejemos que nos roben la alegría de la evangelización! Os invito a sumergiros en la alegría del Evangelio y a nutrir un amor que ilumine vuestra vocación y misión. Os exhorto a recordar, como en una peregrinación interior, el ‘primer amor’ con el que el Señor Jesucristo ha encendido el corazón de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría”.

Liz María Gómez

 

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El coraje de permanecer un pequeño rebaño

Conversación con algunos amigos

 

La profunda crisis que el cristianismo está atravesando en el norte de Europa nos llevó a enfrentarnos con algunos amigos, intercambiando ideas con ellos.

Thieu Plessers, decano de Beringen, en la diócesis de Hasselt (Bélgica), afirma: “En un contexto Essere missionari dove la fede shutterstock 1063859552cultural cambiado, el compartir la fe se ha vuelto más difícil. Quien hoy hace la elección de creer no se siente más apoyado por el entorno que lo rodea. Creer significa entregar la propia vida a Dios; en este sentido, es un concepto muy dinámico. Dios nos llama, nos invita, nos pide que respondamos. Por tanto, debemos abandonar una imagen estática de Dios. Quien reduce la fe, arideciéndola, a convenciones estáticas, legalistas, no ve el poder que Jesús transmite. Buscar, dudar, reflexionar... pertenece a la fe, así como el compromiso. En nuestra sociedad, en el pasado, se pertenecía a un gran grupo y lo único que tenía importancia era permanecer obedientes. Hoy, la fe es una elección personal y hay que profundizarla. Algunos opinan que no es necesario, porque han relegado la fe al pasado. No están abiertos a la idea de que la fe pueda abrir perspectivas para el futuro. Pero en otros hay el deseo de profundizar en las verdades de la fe, porque perciben que el Espíritu de Dios provoca una dinámica, una fuerza que da sentido a la vida. Tales personas deben ser ayudadas: por eso, las comunidades parroquiales deberán dar la prioridad a reunir a las personas en torno a la palabra de Dios, a proponer conversaciones sobre la fe, a ofrecer alimento espiritual en la predicación y a través de la lectura. Los libros de la Comunidad Redemptor hominis pueden ser una ayuda importante. Unamos las fuerzas y tratemos de ser sal y luz en el lugar donde vivimos”.

Hablamos también con la Dra. Marleen Van Eyken, que está comprometida en la iglesia de Genk, en la diócesis de Hasselt. También ella subraya la importancia de adoptar una perspectiva de pequeños grupos, en los cuales se pueda fortalecer la fe a través de contactos personales.

En su opinión, “la crisis actual se debe imputar, por lo menos en parte, a la pérdida de fe en que Cristo está realmente presente en la Eucaristía. La consecuencia de esto son la disminución del número de los fieles que participan en la Misa dominical, el poco interés por las Misas entre semana y las raras adoraciones al Santísimo Sacramento. Renovar la conciencia de la centralidad del misterio de la Eucaristía será, por tanto, la tarea más urgente”.

Huub van Horne, párroco de Castenray, en el norte de la diócesis de Roermond (Países Bajos), la más afectada por los efectos de la descristianización, nos dijo: “Siempre he querido ser misionero, y hoy que me encuentro en este desierto espiritual, por fin, comprendo claramente que es aquí donde estoy llamado a serlo”.

Para él, una crisis implica siempre una elección entre dos direcciones: o adaptarse al pensamiento mundano o tener el coraje de permanecer como ese pequeño rebaño del que habla el Evangelio. Ser pocos y sin importancia no es un problema; lo es, en cambio, Essere missionari dove la fede shutterstock 667609459perder la propia autenticidad e identidad.

Esta pequeñez permite una pastoral más personalizada: “Puesto que ya no somos más tantos –continúa Huub–, con los fieles que encuentro tengo la oportunidad de hablar en profundidad sobre el contenido de la fe, orientándolos también a participar en encuentros que puedan fortalecerla. Las personas, a menudo, carecen de categorías de comprensión de la fe, de lenguaje apropiado. En este caso, hay que empezar gradualmente partiendo desde el ABC. No debemos abandonar a la propia suerte a quien se presenta para recibir un sacramento, sino tratar de comprender, paso a paso, lo que está en condiciones de captar. Además de esto, en muchos encuentros cotidianos es posible recoger algunos puntos de conexión para llevar el discurso a la profundidad. Si se presenta la ocasión, el kairós, hay que aprovechar el momento para inspirar a las personas partiendo de la propia fe en Jesús, sobre todo, con el testimonio y no tanto tratando de convencerlas. Hay que comprometerse seriamente en los coloquios y también tener el coraje de rezar con las personas. Siempre empiezo las reuniones con la oración porque, para mí, el espíritu de oración es muy importante para un trabajo pastoral fructífero”.

Para Huub van Horne, es fundamental no darse por vencido, seguir adelante, aunque no se vean frutos inmediatos: “Se puede llegar a ser adulto en la fe solo con la constancia. En la Carta de Santiago encontramos que la perseverancia es fuente de alegría”.

Estos amigos nuestros, en efecto, viven la fe con perseverancia y alegría.

(A cargo de Anna Maria Tagliente)

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

26/03/2023

 

Categoría: Profundizaciones