Imprimir

 

Una reflexión desde el Paraguay

 

“¿Tienen una imagen de la espada de San Miguel?”. La empleada de una librería católica paraguaya, atónita, le pide a la clienta que repita la pregunta, porque le está pidiendo tal vez una imagen que represente a San Miguel y no solo su espada; no, la señora quiere precisamente solo esa, porque leyó en varios sitios web católicos que actúa como escudo contra adversidad y amenazas. Se trata de una forma devocional que existe también en otros países.

La espada, que, sin duda, se podrá comprar en algún bazar esotérico donde se venden, junto con las cartas, los talismanes y también las imágenes de santos, encontrará, luego, su lugar en el nicho, es decir, un espacio de la casa donde se guardan las imágenes de los santos (ante todo, María) y de los familiares fallecidos. Se puede decir que el nicho es, por excelencia, el lugar de la religiosidad de muchos paraguayos, hasta el punto de que se ha afirmado que, históricamente, si no existiera, nadie rezaría en las casas[1].

Discernir la religiosidad

Casi todas las viviendas tienen una imagen sagrada o un nicho, pero, a pesar de esto, la mayoría de la población en el Paraguay, aunque se declara católica, participa en las celebraciones eucarísticas solo esporádicamente, con ocasión de aniversarios, sobre todo de un fallecimiento, o, por ejemplo, para la fiesta de los 15 años, considerada la entrada en la sociedad adulta, principalmente para las adolescentes. Hacen excepción las celebraciones muy abarrotadas del Miércoles de Ceniza, del Domingo de Ramos, del Triduo Pascual y de las fiestas patronales más importantes, sobre todo la nacional de la Virgen de Caacupé. Esta se celebra el 8 de diciembre y moviliza a muchísimas personas (se calculó que, en el 2022 tras la pandemia de la COVID-19, considerando todos los días de la novena, participaron alrededor de cuatro millones de personas, de una población de poco más de seis millones, según el censo realizado en el país ese mismo año).

También tienen mucho éxito en el Paraguay (y no solo aquí[2]) las así llamadas Misas “de liberación o sanación”: con esta denominación no se tiene en cuenta que cada Misa tiene siempre en sí misma toda la fuerza de Cristo Salvador; no existen Misas de serie A y otras de serie B. La celebración eucarística tiene el poder de liberar y sanar al hombre en su integridad, pero es necesario confiar en el amor de Dios y en su voluntad, en su proyecto sobre nosotros.

El culto a los santos, en particular a María, es muy arraigado en el Paraguay. Para el santo al que es devota, la familia organiza una novena en la casa, con reparto de dulces y alimentos a los vecinos que participan, como una forma de “cumplir la promesa” hecha a cambio de una ayuda solicitada al santo. Pocas veces la “promesa” conlleva un cambio de vida[3] o impulsa a imitar los valores del santo invocado, cuya vida, a menudo, ni siquiera se conoce. Es evidente que el aspecto que se corre el riesgo de destacar más en este contexto es la búsqueda de los milagros dentro de un trueque espiritual que roza la magia; por una parte, se presiona al santo que debe acceder a las peticiones por las que se paga, y por otra, se actúa con el miedo a su represalia en el caso de que no se cumpla la promesa hecha. La idea es que con esta buena acción se merezca una vida sin dolor. Tal mentalidad corre el riesgo de hacer incomprensible, por tanto, el misterio salvífico del sacrificio de la Cruz de Cristo, que no murió por no haber cumplido una promesa, sino que donó la vida por sus amigos y con su muerte les dio los instrumentos para la felicidad eterna.

Los novenarios se organizan, mucho más frecuentemente con respecto a las novenas para los santos, tras la muerte de un familiar, en su casa, con reparto de alimentos y una mayor afluencia de personas. Esto da también la idea de una religión más vinculada a la muerte que a la vida.

Muchos niños participan en ellas y aprenden a hacer una rápida señal de la cruz y las oraciones tradicionales, como la del Rosario. Los ritmos del trabajo actual tienden a hacer disminuir la frecuencia a los novenarios; sin embargo, sigue permaneciendo su importancia también por el carácter que tienen de obligación social, como cercanía al dolor de parientes o amigos.

El Magisterio de la Iglesia ha puesto de relieve los valores innegables de la piedad popular, pero también los peligros, entre los cuales, la presencia insuficiente de elementos esenciales de la fe cristiana –como el significado salvífico de la Resurrección de Cristo, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la importancia de los sacramentos–, el contacto esporádico con la Sagrada Escritura, la tendencia a separar el momento cultual de los compromisos de la vida cristiana, la concepción utilitarista de algunas formas de piedad, la búsqueda de lo espectacular, el acercamiento a la superstición, la magia, el fatalismo y las formas de angustia[4].

Las expresiones de la religiosidad popular no pueden ni deben sustituir los sacramentos de la Iglesia, que son de institución divina, sino que se trata de recorrer un camino teniendo presente esta religiosidad. También porque el Paraguay, a pesar de este aspecto religioso, experimenta todas las contradicciones y los problemas de un contexto con altas tasas de injusticia social, de corrupción, de violencia y de pobreza. Esto significa que tal tipo de religiosidad no influye en la cultura dominante que, por el contrario, se aleja cada vez más de los principios evangélicos.

Reconocer los frutos de la fe de un pueblo

Hay que tener presente, sin embargo, que la religiosidad popular tiene en sí misma la capacidad de poner a las personas en comunicación con Dios. Esta, de hecho, es el resultado del encuentro del Evangelio con una determinada cultura y, aunque debe ser evaluada con atención, representa, a menudo, el primer instrumento que el Espíritu utiliza para introducir a la fe. También en Europa se ha visto cómo esta es, para muchos, el solo vínculo de unión con la Iglesia y con la verdad cristiana sobre Dios y sobre el hombre. No se debe suponer con demasiada facilidad la existencia de la fe detrás de toda expresión aparentemente cristiana, pero tampoco hay que banalizarla[5].

El papa Francisco subrayó que

“Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Solo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres”[6].

Los novenarios son importantes en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí en el marco de una “pastoral de las ocasiones”, para encontrar a las personas, incluso a aquellas que no frecuentan la parroquia, y profundizar con ellas en la fe. Por eso, el párroco acude a menudo a los hogares para rezar e impartir una catequesis en estos momentos.

Por lo que respecta al culto relacionado con las imágenes de los santos, por ejemplo, la predicación ha destacado a menudo cómo estas son sagradas también por el vínculo con las personas que, en el pasado y en el presente, rezando con confianza ante ellas, han dejado en ellas, en cierto modo, la huella de su fe, que es también memoria de quien nos ha precedido y de las raíces de un pueblo. Hay que reconocer y también llevar como ejemplo la fe profunda de tantas personas que han superado enormes dificultades por medio de la fuerza que han encontrado al recordar, por ejemplo, a su Madre, María, mirando su imagen. Son muchas las historias conmovedoras de la vida de los cristianos paraguayos relacionadas con su devoción. Esta ha logrado mantener viva una fe que a menudo se ha vuelto indestructible incluso en presencia de muchos sufrimientos. Somos testigos de personas tras la fe de los cuales hay una experiencia verdaderamente religiosa y que nunca podrían poner en tela de juicio la existencia de Dios, por haber experimentado su cercanía.

Valorar en tal sentido esta devoción a los santos sirve también para contrarrestar la obra de varios grupos religiosos no católicos que acusan a los fieles de idolatría y piden a sus seguidores que destruyan las imágenes presentes en las casas. Para comprender cuan absurdo es esto, se podría comparar con pedirle a una mujer pobre que se deshaga de la única fotografía de un hijo que vive lejos.

Encontramos la religiosidad de la que hemos hablado también entre los jóvenes; por lo tanto, es importante hacer reflexionar a la generación actual sobre cómo vivir mejor la relación con Dios, sin la cual la vida no tiene sentido. El santo y, en el caso de los novenarios fúnebres, un ser querido fallecido pueden volver a llamar a los fieles a una revisión existencial y a comprender que de la forma en que vivimos depende nuestra felicidad y la de los demás. Por eso, un aspecto que se predica, sobre todo en el momento en que rezamos por un familiar o un amigo que nos ha dejado, es que la mejor manera de recordarlo, más allá de momentos esporádicos de devoción, es cambiar la propia vida, orientarla hacia el bien, también en nombre de quien ya no está y no puede hacerlo más, y así modificar la realidad que nos rodea.

Mariangela Mammi

(Continúa)

 

 

________________________

[1] Cf. M.C. Pedrozo, La Religiosidad Popular Paraguaya y la Identidad Nacional, Asunción 2003, 67.

[2] “Cada Santa Misa, como tal, es siempre fuente de santificación; por lo tanto, no existe una específica ‘Misa de liberación’ o ‘de sanación’. Por lo tanto, se prohíbe expresamente a todos los sacerdotes celebrar Misas con estas denominaciones”, Conferenza Episcopale Siciliana, Indicazioni pastorali circa gli esorcismi e le preghiere di guarigione e di liberazione (14 maggio 2024).

[3] Cf. La religiosidad popular paraguaya. Aproximación a los valores del pueblo, Ediciones Loyola, Asunción 1981, 66-68.

[4] Cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n.º 65.

[5] Cf. D. Cuesta Gómez, La religiosità popolare nel dialogo tra fede e cultura, en “La Civiltà Cattolica” 172/II (2021) 167-173

[6] Papa Francisco, Exortación Apostólica Evangelii gaudium, 125.

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

  

 

13/04/2026

 

Categoría: Profundizaciones