El encuentro con el Señor resucitado

Sexta parte

 

La pregunta fundamental que nos hacemos ahora es: ¿Dónde encontramos a aquel Cristo que ha sido crucificado y ha resucitado?

En el Evangelio, el ángel anuncia a las mujeres que han ido al sepulcro: “No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado” (Mt 28, 6).

Esta es nuestra fe: creer que Jesús ya no está en el sepulcro, no lo encontramos en el reino de la muerte, en el recuerdo del pasado, de todas las cosas viejas.

El día de Pascua, todo se renueva, nace el pueblo nuevo, hay un pan nuevo, un agua nueva, una luz nueva. Los símbolos litúrgicos expresan que todo participa de la novedad de la Resurrección.

Para encontrar al Señor, nosotros mismos tenemos que nacer a una vida nueva: tiene que morir nuestro pasado de pecado y tinieblas, y tenemos que vivir ya la novedad de la Resurrección.

¿Dónde encontramos, pues, con nuestro corazón, nuestra inteligencia y toda nuestra vida, a aquel Cristo que ha sido crucificado y ha resucitado de entre los muertos? El ángel dice: “Ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes” (Mt 28, 7).

No encontramos al Señor si no vamos a “Galilea”, es decir, si no iniciamos un recorrido, si no nos volvemos misioneros, anunciando la novedad de nuestra vida. No lo encontramos encerrados en nosotros mismos, separados de los demás, si no abrimos las ventanas de nuestra casa, las puertas de nuestro corazón y de nuestra inteligencia. Se trata de la fe de Abraham a quien le fue dicho: “Sal de tu tierra...”. Esta tierra no es solo un concepto geográfico, sino una realidad espiritual. Las palabras del ángel exigen que vayamos y tengamos la capacidad de caminar con los demás, y de abrirnos a la aventura de Cristo. Entonces, no podemos permanecer encerrados en nosotros mismos o en nuestros pequeños grupos, en las pequeñas “sectas”, que se separan de la universalidad de la Iglesia y del anuncio a todas las naciones.

Hacia Galilea

Es en la misión donde hallamos al Señor resucitado. Para encontrarlo y verlo debemos, de alguna manera y de formas diferentes, volvernos misioneros, entrar en la dimensión misionera de la Iglesia, unirnos a nuestros hermanos, más allá de los confines de nuestra pequeña tierra y de nuestra patria.

El vivir la Resurrección nos invita a ampliar los horizontes y, para los jóvenes, a no excluir las propuestas de vida de un seguimiento de Cristo más radical, como la del sacerdocio o de la vida consagrada. Por medio de estos horizontes, la cercanía al ideal evangélico se hace más fuerte, como propuesta de liberación auténtica para sí mismos y los demás. Un joven no debe tener miedo de decir que sí a la llamada del Señor, porque nadie puede quitarnos la alegría que Él nos quiere donar. ¿Qué sueño más grande puede tener un joven si no el de ser como Jesús?

Encontraremos al Señor crucificado y resucitado de entre los muertos solo caminando, abriéndonos al viaje de la aventura cristiana, saliendo de nuestros pequeños problemas y dificultades, olvidándonos de nosotros mismos y abrazando al mundo entero en nuestro corazón.

La Pascua es, entonces, una invitación a dejar que las tinieblas de nuestro corazón y de nuestra inteligencia sean disipadas por la luz del Señor. Saliendo de nosotros mismos, podemos encontrar, en el rostro de nuestros hermanos, el rostro mismo del Dios hecho carne, el rostro del Crucificado que ya no está en el reino de los muertos, sino que nos precede en Galilea; siempre nos precede, más allá de cualquier lugar al cual podamos llegar.

En la Pascua podemos volver a nacer, viendo la vida de otra manera, sin rencores ni soberbia, y aprendiendo también a perdonar.

Caminando hasta la muerte, más allá de la muerte, tenemos la certeza de encontrar a Jesús en la vida nueva, donde no hay luto, llanto, muerte, sino solo la belleza de la danza, del canto, de la fiesta del Señor, la belleza de este amor crucificado y resucitado, para dar a todos su luz y su vida.

Extraído, revisado y adaptado, de E. Grasso, Lo crucificaron por miedo a la verdad.
El itinerario de la Semana Santa
, Centro de Estudios Redemptor hominis
(Cuadernos de Pastoral 30), San Lorenzo (Paraguay) 2013, 49-51.

 

 

 

20/04/2022