Poco antes del Consistorio de febrero del 2001 en el que el arzobispo Jorge Bergoglio fue creado cardenal, la periodista Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia del diario argentino “La Nación”, realizó la única entrevista concedida por el nuevo cardenal. Ella misma, en una conversación con la Radio Vaticana, tuvo luego la oportunidad –unos días antes de otro Consistorio, en febrero del 2015– de hablar de sus recuerdos de aquel primer encuentro con el futuro Papa. Al entrevistador, que subrayaba que el cardenal Bergoglio no había querido festejos ni regalos y había pedido que nadie le acompañara desde Buenos Aires, invitando a amigos, cohermanos y fieles a destinar a los pobres lo que hubieran gastado en el viaje y la estancia, la periodista –y más tarde también biógrafa del Papa Francisco– respondió:

“¡Exacto! Y es lo que hizo también cuando fue elegido Papa: ‘¡No vengan! No vengan a Roma para la Misa de Inauguración’, dijo, ‘gasten el dinero de los boletos para dárselo a los pobres’. Exactamente esta misma actitud, siempre pensando en los últimos. También está la historia de sus vestimentas: se hizo arreglar las de su predecesor, el arzobispo Quarracino. ¡Qué humildad!”.

Piqué evidenciaba también que, frente a la observación por ella formulada: “Al final, convertirse en cardenal es como llegar a la cima”, el futuro Papa había objetado:

“¡No, no! Yo lo vivo religiosamente y rezo. No lo vivo como haber llegado a algo... Cada ascenso significa un descenso y hay que descender para servir mejor”.

El entrevistador de la Radio Vaticana, presionándola sobre la importancia de esos gestos y de esas declaraciones, le preguntó entonces:

“Muchos, incluso en este último Consistorio, unos días atrás, destacaron estos llamados del Papa Francisco a la sobriedad, al servicio, dirigidos a todos los cardenales, pero obviamente sobre todo a los nuevos. El modo en que él mismo vivió durante sus 12 años como cardenal...”.

Y Piqué respondió:

“Él siempre habla de que los obispos no deben ser príncipes, no tienen que vivir como príncipes. En este sentido sabemos, habiendo sido arzobispo de Buenos Aires y cardenal, que nunca se fue a vivir a la residencia que era del Arzobispado, nunca quiso tener un coche con chofer; recorría Buenos Aires a pie, en metro... Por lo tanto, una vida verdaderamente marcada por la austeridad, por la humildad. Siempre fue un ejemplo y quien lo conoció lo sabe”.

Comprendo perfectamente –y me cuidaría bien de hacer cualquier comentario que pudiera parecer irrespetuoso hacia ellos– a los otros cuarenta y un cardenales creados en aquel Consistorio de febrero del 2001 (el más numeroso de la historia de la Iglesia católica) que, por diversas consideraciones, optaron por dejarse acompañar y celebrar. Sin embargo, siento una afinidad más intensa con el gesto del hombre que estaba destinado a convertirse en el Papa Francisco.

La entrevista de Piqué me vino a la mente en estos días que han visto la celebración de un nuevo Consistorio. Varios analistas han evidenciado que la elección de los nuevos cardenales hay que atribuirla a criterios muy personales del Papa Francisco, que no tuvo en cuenta las sedes tradicionalmente cardenalicias ni aquellos elementos, en los currículos individuales, que habitualmente orientaban hacia la atribución de la púrpura. La explicación propuesta generalmente por los analistas, para estas elecciones, es que debe haber una especial sintonía entre el Santo Padre y los nuevos cardenales, de los cuales se espera que compartan su estilo sencillo y sus opciones, que han impresionado mucho a la opinión pública desde el inicio de su pontificado.

En los periódicos, sin embargo, he leído, en algunos casos, que grandes cortejos acompañaron a los nuevos cardenales en viajes intercontinentales, que prelados de países lejanos afligidos por la miseria se agregaron al viaje a Roma para estar cerca de su amigo nuevo cardenal, que grandes grupos de autoridades estatales y de políticos que con dinero público (y las inevitables críticas y polémicas) quisieron estar presentes en el evento. He leído que hubo largas celebraciones, primero en Roma y luego al regreso al país de origen, que hubo visitas a la conocida y exclusiva “Ditta Annibale Gammarelli” para la compra de una vestimenta cardenalicia que, en el país de procedencia, cuesta el equivalente a un año de trabajo para un obrero.

Leo todo esto y me digo que, entre las palabras y los hechos, a menudo, queda una distancia considerable.

Michele Chiappo

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

15/10/2022