El libro de Mauro Forno, docente de historia contemporánea en la Universidad de los Estudios de Turín, permite reexaminar el variegado mundo de las misiones en su relación atormentada con la descolonización.

 

El autor presenta la posición de la Iglesia y de los misioneros frente a las conquistas de la independencia de los países La cultura degli altri librodel así llamado Tercer Mundo, en los decenios que han precedido y preparado el Concilio Vaticano II. Estos acontecimientos están insertados en las dinámicas y en las tensiones mundiales y eclesiales, entre las cuales el miedo al comunismo y la competición católica con el intenso compromiso de los protestantes en campo social.

Mauro Forno muestra, luego, la difícil comprensión y recepción del Concilio Vaticano II y de sus fermentos teológicos y pastorales; él se detiene, también, en las reacciones y frustraciones expresadas por el mundo misionero que ha vivido, en el posconcilio, una crisis profunda de identidad y una gran disminución de las vocaciones.

El autor invita, en fin, a una comprensión nueva de la evangelización, centrada en el respeto de la cultura de los diversos pueblos.

 

 

Mauro Forno, La cultura degli altri. Il mondo delle missioni e la decolonizzazione, Carocci Editore, Roma 2017, 207 págs.

El texto nos presenta el entrelazamiento de la obra de evangelización con los profundos cambios históricos que han interesado, en aquellos decenios, la relación entre el Occidente y los países así llamados de misión. Estos últimos vivían, en efecto, una profunda transformación debida a la conquista de la independencia política, a la descolonización cultural y económica y al redescubrimiento de las propias culturas.

Las dinámicas eclesiales ad gentes habían sido influenciadas, en el pasado, por los nacionalismos de los países de origen de los misioneros. Globalmente, sin embargo, los misioneros habían precedido y preparado proféticamente los acontecimientos históricos de la independencia, en los países en que obraban.

Había sido llevada adelante, en efecto, de parte de las congregaciones misioneras, la estrategia de la formación escolar, civil y religiosa de las poblaciones indígenas; también las iniciativas sociales para el desarrollo habían contribuido a orientar a los pueblos hacia una conciencia nueva y una responsabilidad humana y eclesial.

La mirada de los protagonistas

La investigación de Mauro Forno, realizada a través de un método histórico riguroso, ha utilizado fuentes inéditas, cuales los informes de los misioneros de las principales congregaciones misioneras enviados a los respectivos superiores, y el análisis de los reportages de las revistas misioneras que, en el tiempo, habían captado el malestar e interpretado los cambios históricos de la descolonización y el aire nuevo de la primavera conciliar.

El autor muestra cómo las revistas habían cambiado su línea editorial, algunas de modo más marcado, dando más espacio a los acontecimientos sociales e históricos de África, de Asia y de América latina. Estos magacines habían intentado librarse de una propaganda misionera que se había caracterizado por relatos de tonos sentimentales; tal estilo había estado fomentado para obtener ayudas económicas de parte de los cristianos de Occidente, y había puesto en sombra la legitimidad de las culturas y de las aspiraciones históricas de los pueblos con los que seentraba en contacto.

Estas fuentes históricas, a menudo insertadas ampliamente en el texto, hacen cautivadora la lectura y la comprensión global de los complejos entrelazamientos históricos presentados por el autor.

La investigación histórica, en efecto, de tal modo está filtrada a través del factor humano, o sea, la lectura de los acontecimientos hecha por los protagonistas de la misión, y muestra cuánto los misioneros han sido también ellos hijos de su tiempo, condicionados por la propia cultura y frecuentemente también por los prejuicios, duros de morir, respecto a las demás culturas.

La cultura de los demás no tenía valor

Paradójicamente, los mismos misioneros, que habían promovido con entrega y con sacrificios enormes la elevación cultural de los pueblos a los cuales habían sido enviados, expresaron posiciones paternalistas y actitudes que ralentizaban y casi obstaculizaban el emerger de un episcopado local, calurosamente fomentado, en cambio, por Roma.

El Magisterio y los Dicasterios romanos, en una visión eclesial más global de los acontecimientos con respecto a aquella de los misioneros, tenían, en efecto, muy clara la exigencia de salvaguardar la presencia de la Iglesia en muchos países, porque en el proceso de descolonización en curso, los gobernantes identificaban, en muchos casos, el Occidente y los misioneros, que expulsaban indiscriminadamente.

En la relación centro-periferia mostrada en esta investigación, la posición del centro, o sea, del Magisterio y de los Dicasterios de Roma, resulta más avanzada con respecto a la de los misioneros que vivían la experiencia de la misión y compartían la vida de la gente, pero tenían una formación teológica y cultural que los hacían refractarios a los cambios en acto.

En efecto, los misioneros tenían dificultad para vivir con sus hermanos religiosos “de color” y para renunciar a los propios privilegios, a fin de integrarse con su proprium en una realidad diocesana dirigida por Obispos locales.

Los documentos citados por el libro expresan el gran sufrimiento de los misioneros, su soledad, la sensación desentirse incomprendidos y de recibir ingratitud.

En el articulado análisis histórico, además, se ponen en evidencia las esperanzas de las poblaciones, la acogida y la interpretación de la religión de los misioneros como “secreto” de su civilización y fuerza, la progresiva toma de conciencia de los límites de la cultura occidental, luego, la actitud de defensa contra la agresión de la propia cultura y, en fin, la reivindicación de la propia autonomía.

Se subraya cómo se había reforzado el espíritu crítico de las poblaciones indígenas, en particular durante la Segunda Guerra Mundial, frente a su implicación en el conflicto que quitaba a los blancos aquella aura de superioridad que los había caracterizado, en el pasado, a sus ojos. ¿Qué superioridad –se preguntaban los indígenas– podía tener un hombre blanco que pedía a los africanos que mataran a sus hermanos de raza?

El análisis del autor muestra cómo los informes de los misioneros, hasta el comienzo de los años 60, manifestaban la convicción de la superioridad absoluta de la propia cultura, frente a los “salvajes” que tenían que ser formados y “domesticados”.

Los indígenas debían hacer propia la cultura del misionero, mientras que raramente este último tenía un conocimiento profundizado de la cultura del otro: simplemente, esta no tenía valor a sus ojos.

Esta fuerte presunción de la superioridad de la cultura occidental con respecto a las africanas y asiáticas, habría tenido consecuencias importantes en las relaciones eclesiales sucesivas.

Nuevas perspectivas de la evangelización

Se necesitó la sana sacudida del Concilio Vaticano II para difundir, a gran escala, una concepción antropológica de la cultura, la necesidad de estudios misionológicos y de una preparación adecuada de los misioneros, para entrelazar con los pueblos relaciones correctas y fecundas. El autor, en conclusión, deja abiertos los interrogantes surgidos sobre el sentido de la misión.

Los documentos magisteriales posconciliares sobre la misionariedad en la Iglesia intentan indicar unequilibrio entre el concepto teológico de la “misión”, constitutiva de la Iglesia misma, y el ser enviados ad gentes para la evangelización, que abraza las varias dimensiones históricas de la misma, entre las cuales la inculturación. Recuerdan, en el reconocimiento de los errores cometidos, la importancia de ir ad gentes y hacia las periferias geográficas y existenciales de la humanidad.

El análisis del pasado ahora es posible con equilibrio y serenidad. Pero permanecen los interrogantes sobre el presente: si existe la capacidad de dar espacio al Otro en su recepción original del cristianismo en los países de misión, actualmente marcados por una fuerte indigenización del clero.

Es legítimo preguntarse, más globalmente, si sabremos confrontarnos en profundidad con sus Iglesias, sin utilizarlos solo como nueva peonada; y si ellos mismos, conscientes de los sufrimientos del propio pueblo, serán capaces de auténtica inculturación y de novedad evangélica.

Antonietta Cipollini

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

 

21/12/2019