Momentos que animaron la vida de la parroquia de Ypacaraí

 

El mes de junio, este año, fue particularmente intenso en la parroquia de Ypacaraí, con la vuelta a la normalidad, en todos los sentidos, después de la larga pausa de la pandemia. Dos acontecimientos característicos de este mes, que involucraron a millares de personas, animaron la vida de la parroquia: la tradicional fiesta de San Juan y la celebración de la fiesta patronal del Sagrado Corazón de Jesús, al que está dedicada nuestra iglesia.

La fiesta de San Juan

En artículos anteriores hablamos con nuestros lectores de esta fiesta, típica en el Paraguay, que, durante el mes de junio, instituciones de vario tipo, parroquias, colegios, centros sociales y culturales, barrios de la ciudad, celebran como tradición antigua, heredada de los españoles, pero que se vinculó fuertemente a la cultura del país, y se convirtió también en una ocasión para recaudar fondos para el mantenimiento económico de instituciones individuales de varia naturaleza.

Para la parroquia de Ypacaraí, esta es la única actividad económica anual, por lo cual, gracias también a un equipo de colaboradores muy eficientes y organizados, la fiesta se prepara cuidadosamente para que sea realmente un momento de sana diversión con el pueblo y para las familias.

Todos los aspectos de la fiesta están bien cuidados: desde la preparación genuina de las comidas típicas, hasta el espectáculo artístico de música y de bailes tradicionales, hasta los juegos para los más pequeños.

Este año se celebró el 3 de junio. Puesto que es una fiesta celebrada al aire libre, en el amplio espacio situado detrás de la iglesia parroquial, el clima agradable de la tarde favoreció la participación de un gran número de personas e invitó a muchos a salir de sus casas. En las cinco-seis horas o poco más del desarrollo de la fiesta, fue impresionante la afluencia de personas. Los agentes de la comisaría local, que velaron por la seguridad de la organización, estimaron, durante la velada, una afluencia de casi seis mil personas, cifra que superó el número de participantes de todos los años anteriores a la pandemia.

La fama de nuestro San Juan generalmente atrae a una multitud de personas, tanto por la apreciada calidad de las comidas típicas, como por el espectáculo artístico que presenta la exhibición de las numerosas escuelas de danza tradicional de la ciudad, así como por las ejecuciones musicales de artistas famosos en el Paraguay, que también este año animaron con profesionalidad y talento la hermosa velada.

En este sentido, el San Juan de la parroquia, a pesar de la numerosa participación, sigue siendo una fiesta familiar, una diversión que pone de acuerdo a todos, donde nadie se aburre: ni mayores ni pequeños. Para estos últimos, en efecto, se organizan diversos juegos con la posibilidad de ganar muchos premios.

Por todos estos elementos, que son posibles gracias al gran trabajo de muchos colaboradores –más de un centenar– en los diversos sectores y en las diversas funciones, el San Juan de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí se ha ganado una popularidad reconocida públicamente y se ha ido definiéndose como una de las fiestas tradicionales más bellas de todo el Departamento Central del Paraguay.

Muchos son los mensajes llegados a la parroquia. Este expresa, en síntesis, el pensamiento de todos los demás:

“Fue extraordinaria la fiesta de San Juan, con el espectáculo artístico maravilloso que se nos ofreció. ¡Y qué decir de nuestras comidas típicas, cada vez más ricas y sabrosas! ¡Y de toda la comunidad eclesial que estaba allí ayudando, trabajando, cocinando, distribuyendo, controlando! Y todo esto gracias a la laboriosidad aprendida de ustedes, Comunidad Redemptor hominis, y de su trabajo. Muchas gracias”.

La fiesta patronal del Sagrado Corazón de Jesús

La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, según el calendario litúrgico, este año caía el 16 de junio, pero, en nuestra parroquia, por tradición ya consolidada, la cumbre de la fiesta se alcanza siempre el último domingo de junio.

Este momento, sin embargo, se prepara durante la novena, en la que, por la tarde, todos los fieles están invitados a la iglesia parroquial para rezar el Rosario y las letanías del Sagrado Corazón de Jesús, seguidos de la celebración eucarística.

Cada tarde, entre los fieles están presentes algunos invitados especiales: los miembros de las capillas de los barrios de la ciudad, que llegan a la iglesia parroquial portando la imagen del santo al que está dedicada su capilla; los varios grupos de agentes pastorales –lectores, ministros extraordinarios de la Comunión, catequistas–, jóvenes y niños de la catequesis con sus padres.

Todos, luego, participan en la mañana del domingo, décimo día, en la Misa solemne seguida de la procesión por las calles de la ciudad con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

Eran tres años que, a causa del COVID-19, no se hacía la procesión. La gente, este año, participó numerosa en esta hermosa manifestación y testimonio público de fe, la más significativa del año junto con la del Domingo de Ramos.

Y es precisamente el sentido de la procesión el que se puso de relieve también en sentido figurado: con las pequeñas procesiones que, durante la novena, hicieron los fieles desde sus casas o desde las capillas para dirigirse a la iglesia parroquial del Sagrado Corazón de Jesús, y con el recorrido que, el día de la fiesta, cada uno hizo para ir a la iglesia y reunirse con todos los demás fieles en la presencia del Señor.

Eran muchos los fieles presentes el domingo por la mañana: la iglesia estaba llena y muchos encontraron asiento solo en los pasillos externos.

Aquel día, el Sagrado Corazón de Jesús atrajo hacia sí a muchas personas, quienes luego, todas juntas y en buen orden, se dirigieron en una única procesión, como pueblo de Dios en camino, hacia la ciudad.

En este doble movimiento de reunirse y salir encontramos la identidad del cristiano, como tantas veces dijo el Papa Francisco. Así como el corazón, órgano vital de nuestro cuerpo, se mueve y late, se contrae y empuja, atrae y envía, así cada cristiano debe tener estos dos movimientos de sístole y diástole; se concentra para encontrar al Señor e inmediatamente se abre, saliendo de sí mismo por amor, para dar testimonio de Jesús y hablar de Jesús, para predicar a Jesús (cf. Mensaje a los participantes en el Simposio Internacional de Catequética, 5 de julio de 2017).

Este es el sentido profundo de la procesión: buscar a Jesús, ir y desear estar con Él, como pueblo de Dios en camino, en el cual cada uno debe preguntarse siempre cómo anda la propia relación personal con Él, para luego llegar a descubrir y amar todo lo que lleva en sí ese Corazón Divino.

En su corazón, lo sabemos, tienen siempre un lugar especial todos los pobres y las personas que sufren. Si vamos, pues, al encuentro con Jesús, a su Sagrado Corazón, siempre Él nos acoge, pero luego nos envía a nuestros hermanos.

Como dice san Pablo, el amor de Jesús nos apremia, nos exhorta y nos impulsa.

Somos como gotas de sangre atraídas por el Sagrado Corazón de Jesús y empujadas por Él a las venas de la ciudad, para que la savia vital llegue a todos los barrios, a las periferias, incluso a los capilares más pequeños, para llevar la vida y el amor que solo Cristo puede dar.

Un corazón sano debe tener estos dos movimientos en función, de lo contrario, es un corazón enfermo o, quién sabe, que ya se ha parado.

El sentido litúrgico de la procesión en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús representa simbólicamente ese ir hacia la ciudad. Es ella, en este caso, el objeto de amor que impulsa y urge.

Y la ciudad de Ypacaraí, que, entre otras cosas, lleva en su escudo municipal la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, debe ser constantemente objeto de nuestras atenciones. Cada cristiano tiene una gran responsabilidad hacia la ciudad, por eso debemos valorar el diálogo, en el respeto y en la distinción de las competencias, con las distintas instituciones ciudadanas.

La procesión que concluyó nuestra fiesta patronal fue, por tanto, un testimonio público de fe, pero también un acto de amor: como ciudadanos y como católicos tenemos la gran tarea de llevar la savia vital a la ciudad, teniendo en nosotros la fuerza del Sagrado Corazón de Jesús que nos mueve.

Emanuela Furlanetto

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

21/08/2023