Entrevista a Marta Fernández de Sforza
Marta, una catequista de los grupos de Primera Comunión de la parroquia de Ypacaraí (Paraguay), también este año, como ya hacía antes de la pandemia, ha vuelto a proponer la iniciativa de rezar el Rosario cada día, por turno, en casa de uno de los niños, con la intención de involucrar mayormente a las familias. En esta entrevista, ella nos ofrece, brevemente, el interesante resultado de la experiencia.
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- Querida Marta, ¿cómo surgió la iniciativa y cómo la desarrollaste?
El día de la Primera Comunión, los niños reciben un rosario con las letanías de la Virgen María. Durante el año de catequesis, sin embargo, el tiempo es siempre poco para permitir a los niños aprender a rezarlo bien. Por eso, propuse rezar el Rosario con el grupo, cada vez en una familia diferente, con la finalidad de conocer mejor a los niños y su ambiente familiar.
Pedí a los padres quiénes hubieran estado disponibles, durante el mes de junio (que, para nosotros, es también la preparación de la fiesta patronal del Sagrado Corazón de Jesús), para acogernos en casa una tarde para rezar. Así pude preparar un calendario de treinta días, durante los cuales encontré a más de treinta familias. Algunas, de hecho, que ya se conocían, se organizaron para reunirse y recibirnos juntos.
Siempre busqué formas y modos que pudieran ayudar a los niños y a sus padres a vivir esta etapa de la catequesis, como un momento importante de conocimiento de Jesús y de acercamiento a la Iglesia. Estas visitas a las casas me permitieron escuchar a los padres, a las familias con sus diferentes dificultades, a los mismos niños, para poder acompañarlos mejor en el camino hacia Jesús.
- ¿Qué problemas encontraste en las familias en relación con su vivencia humana y religiosa, y qué aspectos positivos puedes detectar?
Ante todo, encontré mucha acogida por parte de los padres, en su mayoría muy atentos a que todo estuviera bien preparado para el momento de la oración. Casi en cada casa encontré un pequeño nicho con imágenes de los santos de los cuales son devotos. La mayoría de las familias conocía algunas oraciones y alguno ya sabía rezar el Rosario, en otras, en cambio, ni siquiera se sabía hacer la señal de la cruz. Constaté que muchos padres no están en condiciones para acompañar a sus hijos durante el desarrollo de la catequesis y los envían a los encuentros solo para recibir el sacramento. Se puso de relieve mayormente la importancia de la continuidad en la catequesis, para que también los sacramentos de la iniciación no se queden momentos extemporáneos en el crecimiento de un niño o de un adolescente.
Una cosa de la que me he dado cuenta es, sin duda, el poco tiempo que se dedica en la familia al cuidado del crecimiento espiritual. De hecho, para muchos niños, una vez terminada la hora semanal de catequesis, todo desaparece de su horizonte, hasta la siguiente hora de catequesis.
A pesar de todo, noté en estas familias un gran respeto y un deseo de acoger, de contar su vida y sus problemas,
de profundizar en el encuentro con los elementos de la fe.
Las mismas madres querían hablar, comunicar las dificultades de sus hijos. Muchos niños, a los diez años, la edad en la que se recibe la Primera Comunión, no saben leer; algunos tienen serios problemas de comportamiento. He descubierto a niños sin padre, otros sin padres y que viven con un pariente; he conocido casos de niños adoptados que no saben que lo son.
Escuchando los problemas, viendo sus valores, sus cualidades y dificultades, he encontrado un terreno fértil en el cual sembrar el anuncio del Evangelio y potenciar, sobre todo, el “edificio” que Dios nos ha dado, “nuestro cuerpo”, partiendo de la realidad misma del niño.
Muchas familias apreciaron vivamente la visita, y están disponibles a recibir otras en el futuro.
Después de esta experiencia, subrayo aún más que era necesario hacer este trabajo, no solo para que los niños aprendieran a rezar el Rosario, sino, sobre todo, porque me di cuenta de que muchas familias, que no frecuentan, era come si estuvieran esperando que alguien desde la parroquia fuera a su casa para encontrarlas, hablar y rezar con ellas. La familia permanece una base y un puntal fundamental para el crecimiento humano y espiritual de los niños y también para la eficacia de la catequesis.
En síntesis, hay mucho que aprender y trabajar en el ámbito de la iniciación cristiana de los niños y de los jóvenes.
(A cargo de Emanuela Furlanetto)
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
10/09/2023
