Acción de educación y de amor del grupo Cáritas en Ypacaraí

 

En la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí es activo un grupo Cáritas desde hace muchos años, prácticamente desde que la parroquia fue confiada a la Comunidad Redemptor hominis, en el año 2003.

En este tiempo, el grupo Cáritas de la parroquia, constituido por un pequeño grupo de personas que actúan con gran generosidad y sacrificios, se ha vuelto una referencia para toda la ciudadanía y se ha afirmado la noción de que la Cáritas es el corazón de la Iglesia, el centro de toda su actividad pastoral. Al grupo Cáritas se le dirigen los feligreses que quieren señalar los casos de personas sin recursos y también a los que quieren ayudar por medio de sus donaciones.

A lo largo de los años, muchas han sido las personas beneficiadas a través del grupo Cáritas. Personas verdaderamente pobres, sin otro apoyo o ayuda, solas, y no perezosas que no quieren trabajar. La Cáritas no está llamada a ayudar a los que pueden trabajar. No sostiene a los que pueden proveer a sí mismos.

En efecto, lo primero que los miembros del grupo Cáritas hacen es averiguar personalmente la situación de las personas que les son señaladas. Van a su casa, escuchan su historia, verifican si esa pobreza es el resultado de una injusticia, del abandono de parte de quien tenía que hacerse cargo de ellas, y si tienen derecho a algún subsidio de parte de las autoridades y, por una negligencia, no lo están cobrando. Los miembros del grupo escuchan también el parecer de los coordinadores de las Capillas, quienes conocen bien a las personas y saben quién está verdaderamente necesitado.

Son muchas, de hecho, las personas que han sido abandonadas: padres ancianos, por sus hijos y madres solteras, por su pareja.

Por eso, la Cáritas tiene que analizar bien las situaciones, hacer una diferencia entre un pobre que está verdaderamente sin apoyo y otro que tiene los miembros de su familia que no quieren asumir su responsabilidad y, en este caso, debe solicitarlos a comprometerse.

Un caso muy clásico es el de las madres solteras que, por haber sido abandonadas por el padre de sus hijos, recurren al grupo Cáritas para solicitar ayuda de alimentos o medicamentos. Naturalmente, con mucha caridad y respeto, se las escucha y se les pregunta por el padre de las criaturas. La orientación que se les da es la de ayudarlas para que tengan el coraje de defender a sus hijos exigiendo que el padre cumpla con su deber del reconocimiento y mantenimiento de sus hijos. Este acto es lo mínimo que un varón debe hacer como ser humano, después de haber traído a un ser inocente al mundo. Las exhortamos así, antes que nada, a exigir sus derechos, reconocidos por la ley del Paraguay, que obliga al padre biológico a destinar mensualmente una suma para sus hijos.

Quien no ha hecho todo lo que podía hacer, no tiene derecho a la ayuda de la Cáritas. Una cosa es ayudar a los pobres, otra cosa es beneficiar a quien no quiere hacer nada e intenta aprovechase de la situación. Si la Cáritas ayudara a esta clase de personas, traicionaría la confianza de quien ha hecho las donaciones y, muchas veces, se ha privado de algo, como la viuda de la cual habla el Evangelio que había dado su óbolo, aunque era muy pobre.

Si la Cáritas no hiciera esto, fomentaría a los haraganes y a los vagabundos que no quieren tomar sus responsabilidades. Como dice san Pablo: “El que no quiera trabajar, que tampoco coma” (2 Tes 3, 10).

Otras veces, hubo una mala actuación en las oficinas del Estado y una persona se quedó sin la pensión a la cual tenía derecho. En este caso, la Cáritas ayuda en los trámites necesarios, así como interviene cuando se trata de pedir ayuda a instituciones que se ocupan de los enfermos, y hacen posible una intervención quirúrgica o procuran medicamentos, prótesis, sillas de ruedas, colchones especiales, pañales, etc.

Y una cosa es ser pobres, otra cosa es ser miserables, sin sentido de justicia y de dignidad.

La pobreza es la condición que permite a sí mismos y a toda la comunidad humana, poder ser todos plenamente “personas”, mientras que ser miserables significa no tener ni siquiera las mínimas condiciones para poder vivir dignamente como “seres humanos”.

De esta manera, la acción caritativa de la Cáritas se acompaña de un esfuerzo educativo y de un llamamiento a la justicia, a través de los cuales se analizan las causas de una situación de necesidad y se conocen y se respetan las leyes, para garantizar los derechos de los más débiles.

Siempre queremos actuar, como Cáritas, bajo el amparo de la ley.

Es muy doloroso, muchas veces, rechazar algunos pedidos de ayuda, aunque después de haber dado las explicaciones adecuadas a cada situación, pero es la única manera para acabar con la falsa bondad que va potenciando y multiplicando en las personas la mentalidad de depender siempre de los demás, permaneciendo irresponsables frente a sus deberes y derechos.

Por su largo trabajo y por la manera en la cual lo ha llevado a cabo, la Cáritas ha obtenido la estima de muchos feligreses, quienes la ayudan con sus donaciones, grandes o pequeñas.

Entre otras cosas, se ha arraigado ya, en nuestra parroquia, la costumbre de ofrecer una canasta de alimentos no perecederos durante las celebraciones eucarísticas, con ocasión de acontecimientos importantes, como la conclusión de la catequesis, las Primeras Comuniones, el cierre del año escolar de algunas escuelas, o los aniversarios de nacimiento o de matrimonio. Estos alimentos, luego, son entregados a las personas necesitadas a través del grupo Cáritas de la parroquia. En efecto, cuando se festeja algo en la Iglesia, no debemos olvidarnos de los más pobres.

Es muy emocionante mirar la alegría reflejada en los rostros de los niños cuando traen su ofrenda: se sienten útiles para los demás y ese es, tal vez, un momento que la generosidad se arraiga en el corazón de esos niños. Aún más emocionante es cuando algunos niños traen de su alcancía su proprio ahorro. Hay que resaltar a los padres, que muchas veces en su propia pobreza económica tienen en su corazón una enorme riqueza de generosidad para con los demás, y transmiten a sus hijos pequeños la actitud de compartir con los demás lo que tienen, no lo que les sobra.

Actuando de esta manera, el grupo Cáritas se ha convertido en un signo, para toda la parroquia, de lo que es al amor cristiano correctamente entendido. Por medio de su acción, recuerda a todos los cristianos que, sin el amor, nada de lo que hagan en la Iglesia tiene sentido.

Pero un signo es solo un signo. El grupo Cáritas no pretende sustituirse al Estado y a sus instituciones en la lucha contra la pobreza extrema, y no tiene la ambición de resolver el problema de la pobreza.

Por eso, nuestra Cáritas parroquial actúa siempre desarrollando un trabajo continuo, metódico y acompañado también de un esfuerzo educativo, para con algunas decenas de familias de Ypacaraí. Esta ayuda, brindada a lo largo de todo el año, es concebida y actuada teniendo en cuenta, a la vez, las posibilidades reales de intervención de la parroquia y la cantidad de personas más desprovistas que se acercan para exponer sus problemas y necesidades.

Por más intenso que sea nuestro deseo de ayudar y de querer alcanzar a la cantidad más grande posible de personas, nuestras realizaciones siempre quedarán limitadas. Por eso, el grupo Caritas siempre sigue haciendo llegar a todos el llamamiento a ponerse al servicio de los más pobres, para que nadie se quede abandonado.

Esta perspectiva la afirmamos con más convicción todavía en estas circunstancias, en las cuales estamos confrontados con las consecuencias de la pandemia del Coronavirus.

La Cáritas sigue ahora actuando según sus principios y su método, sin remplazar al Estado o entrar en concurrencia con él.

Los pobres a quienes ayudamos son amigos a quienes visitamos regularmente en su casa, tienen rostros precisos. No son simplemente manos que se tienden en un gesto que puede ser humillante, después de haber quedado esperando bajo el sol en una larga fila anónima.

No organizamos ollas populares o distribuciones masivas de alimentos. Si lo hiciéramos, entraríamos en algo que no corresponde con la naturaleza del grupo Cáritas.

Incluso en esta pandemia, la Cáritas, con su trabajo, sigue siendo el corazón de la parroquia, continuando su atención a las decenas de familias que estaba atendiendo y que, más que nunca, están afectadas por esta situación.

Mary Beatriz Portillo

 

 

 

18/08/2020