El grupo de “las manzaneras” en la parroquia de Ypacaraí

 

Desde el mes de marzo de 2007, la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí cuenta con el grupo de “las manzaneras”.

Se trata de un grupo de una veintena de personas voluntarias, que mensualmente pasan casa por casa, cada una en su zona, para visitar a las familias de la parroquia e invitarlas a contribuir a los gastos que demanda el mantenimiento de la Iglesia, con una cuota que cada vez deciden dar según sus posibilidades.

El trabajo de las manzaneras, en su simplicidad y humildad, es muy importante para la parroquia, no tanto porque ellas recogen dinero, sino más bien por el testimonio de paciencia, compromiso, coraje y amor que dan, afirmando públicamente que la Iglesia les pertenece de veras.

El Reino de Dios, en efecto, se edifica con la gracia de Dios, pero también con el aporte del hombre: Dios construye a su Iglesia con el fragmento de cada uno, aunque sea pequeño, sencillo y humilde.

El Evangelio nos hace comprender que las dos moneditas de cobre –lo único que tenía para vivir– que una viuda pobre echó con amor en el cofre de las ofrendas para el templo (cf. Mc 12, 41-44), valen mucho más que la gran cantidad de dinero que echaban los ricos, porque ellos daban de lo que les sobraba.

Dios necesita la ayuda de cada uno para llegar a todo el mundo. En efecto, Él no tiene boca, manos, pies, y no puede hacer nada, de manera visible, sin el hombre. Él mismo ha tomado la decisión de hacerse débil, pequeño, pobre en nuestras manos, y pide que cada uno le ofrezca su boca, sus manos, sus pies, para actuar en el mundo.

En este sentido, las manzaneras, con el trabajo que hacen cada día, poniendo su tiempo y su cuerpo al servicio de Dios, nos recuerdan la Navidad, es decir, a Dios que se hace hombre, pobre, y quiere tener necesidad de la ayuda de cada uno de nosotros. El trabajo de ellas, además, evoca la Eucaristía, porque es un aporte pequeño, pero continuo y cotidiano, como el maná que Dios hacía bajar del cielo para el pueblo de Israel del Antiguo Testamento. Esta es la Iglesia, esta es la Eucaristía: el maná de cada día.

Por supuesto, detrás de cada manzanera hay otras personas que trabajan, que dan su aporte cada mes y forman al pueblo de Dios, la Iglesia, que vive en relación con Jesús, su Señor. La Iglesia no tiene vida sin Jesús: en efecto, como esposa, amiga, hija y madre, ella vive en la medida en que esté arrodillada frente al Señor.

Este es un motivo más para valorizar el trabajo de las manzaneras, e invitarlas a buscar a otras personas para que actúen como ellas, sin vergüenza, sin miedo, sino con el orgullo de saber que están contribuyendo a la construcción de la Iglesia.

Quien cree verdaderamente, sabe que la lógica del mundo no es la de Dios, y que lo que Dios llama sabiduría es locura para el mundo y, por el contrario, lo que es sabiduría para el mundo es locura para Dios.

Este ha sido el ejemplo que dio, en el siglo XIX en Francia, Pauline Jaricot, una mujer que tenía una gran pasión por la misión de la Iglesia, y que, no pudiendo partir como misionera, empezó a pedir dinero a todos para ayudar a los misioneros.

Ella fue una manzanera que tenía una gran fe, y el deseo de que el Reino de Dios llegase hasta los extremos confines de la tierra. De esta manera, con gran sencillez y coraje, ella fundó una de las más grandes obras misioneras, la que será una de las Obras Misionales Pontificias: la Obra para la Propagación de la Fe.

Las manzaneras, pues, son personas que contribuyen a la edificación de la Iglesia, y permiten que el cuerpo de Dios se haga bello y joven, y pueda ser conocido por todos.

La parroquia tiene que valorizar mucho el trabajo de las manzaneras, y dedicar a ellas un día especial en el tiempo de Navidad, porque con su labor ellas nos recuerdan cómo Dios salva al mundo haciéndose niño, pobre, y poniendo su fuerza en manos de los hombres que lo acogen.

Queremos volver a proponer aquí algunas entrevistas hechas hace tiempo a tres miembros que integraron el grupo desde su comienzo: don Pedro, doña Gregoria y doña Marta, que está continuando en su servicio. Don Pedro por su edad y salud no puede más recorrer las manzanas, y doña Gregoria, a quien recordamos con especial cariño, nos ha dejado hace poco para ir a recorrer las calles del cielo, dejando en su lugar a quien pueda continuar su trabajo.

Sus impresiones y su testimonio directo nos dan la medida de la importancia y del valor de este servicio fundamental hecho en la parroquia, aún más importante, si se considera también el contexto de pobreza en que se inserta.

 

 

Entrevista al señor Pedro

 

  • ¿Qué es lo que lo ha empujado a aceptar este tipo de servicio?

Ante todo, el hecho de ser católico. Tengo fe en el Señor y con mucho gusto realizo un servicio a la parroquia y los hermanos, llevándolo adelante con gran compromiso y amor. Esta, para mí, es la cosa más importante. Pasar casa por casa y visitar a las personas es también una misión de evangelización, porque implica hablar con la gente que pregunta sobre lo que hace la parroquia, y explicar la razón de esta colecta. En efecto, debemos saber dar las motivaciones de estas donaciones; hacer conocer que sirven para el mantenimiento de la Iglesia, para cubrir los gastos que demandan la electricidad, el teléfono y otros servicios.

Frecuento la parroquia desde hace tiempo y, para mí, encontrar a las familias como su enviado es una forma de evangelización necesaria, para que todos puedan participar y conocer más lo que se realiza. No hago esto porque tengo méritos particulares; muchos otros como yo podrían asumir esta tarea: no es algo imposible.

Este servicio, que ha empezado a consecuencia de la invitación de Emilio, es un trabajo voluntario. Estoy muy contento de poderlo hacer, porque, además de representar una participación mía en la vida de la Iglesia, significa también tener un contacto con las familias de mi barrio; quiere decir hablar y realizar una acción misionera para ellas, y lograr que compartan ellas también la vida de su propia parroquia.

  • ¿Cómo es recibido por las familias que visita?

La gente me conoce y tiene confianza en mí; cuando entro en las casas con mi cuaderno, me recibe como el amigo de siempre. Muchas veces, las personas ya están listas con su contribución; ni siquiera es necesario que la pida, porque ellas mismas me dan la cuota según sus posibilidades. En total, visito a 26 familias, y solo a algunas las tengo que visitar más de una vez, porque no siempre están presentes.

Sí, la gente me acepta de buena gana y no he tenido reacciones negativas por parte de ninguna de las familias que visito; al contrario. Las personas se sienten libres de dar lo que pueden. Anoto todo en mi cuaderno, porque, aunque me conocen y tienen confianza en mí, es importante que, en este ámbito, todo esté claro y transparente.

 

 

Entrevista a la señora Gregoria

 

  • ¿Cómo ha empezado su participación en este servicio y por qué?

Todos me conocen como una colaboradora asidua de la parroquia. Participo en las varias actividades, y cuando hay necesidad de mí estoy siempre lista. Por eso, Gladys, que se ocupaba de la secretaría de la parroquia, me invitó y me propuso este servicio de manzanera.

Hubo un primer encuentro con Emilio, en el cual él explicó qué significa este cargo y qué sentido tiene este dinero que recogemos para nuestra parroquia. Nos dijo que somos los pilares de la Iglesia; que realizamos una tarea misionera y de evangelización, y que el dinero que recogemos refleja la participación de la gente en la vida de la parroquia. Nos hizo comprender el sentido eclesial de este servicio, y cómo este grupo es fundamental para la misma existencia de la Iglesia en Ypacaraí.

  • ¿A cuántas familias visita y cómo está organizado su trabajo de manzanera?

Siempre me he sentido llamada para trabajar en la viña del Señor, y lo hago cada vez con mucho gusto y alegría. Tengo 34 familias que visitar mensualmente. En un primer contacto, dejo la ficha familiar; luego vuelvo para retirarla. Generalmente, realizo las visitas el domingo, porque las familias están en casa. Antes del fin del mes, entrego todo lo recogido a Gladys, que siempre se ha congratulado conmigo por la puntualidad y la fidelidad. Hablo mucho con las personas que encuentro y las invito también a llegar a la parroquia, porque la Iglesia tiene necesidad de personas que se comprometen.

Ciertamente, desarrollar este trabajo exige también un sacrificio, porque tienes que dejar tus compromisos de casa. Yo, a mi edad, tengo ya a bastantes familias que encontrar cada mes, pero se tendría que visitar a mucha otra gente.

  • ¿Cuáles son las reacciones de las familias?

Nadie se rehúsa a recibirme. Me acogen todos con cariño, y están contentos de contribuir, dándome lo que ellos mismos han establecido libremente en ese mes. Aprecian mucho que la colecta del dinero se haga con cuidado y transparencia. Los que han participado en el día de las manzaneras, el cuarto domingo de Adviento, se han quedado satisfechos de comprobar cómo todo estaba registrado claramente, y de ver sus nombres como sostenedores de la parroquia.

Aprecian también saber para qué sirve este dinero y cómo se ha utilizado. Cuando se explican las cosas, la gente comprende y se siente comprometida. A veces, son las personas mismas las que vienen a entregarme su contribución.

  • ¿Piensa que es importante continuar e intensificar este servicio?

Sí, es importante. Me gusta llevar adelante esta tarea; es un compromiso por la Iglesia y Jesucristo; por lo tanto, debe continuar. De todo lo que hacemos para Él, seremos recompensados. Somos pobres, pero ricos en amor. Si gozamos de buena salud y no nos falta un pedazo de pan, podemos dar nuestra contribución. Hasta cuando tenga las fuerzas, deseo continuar siendo manzanera. Pero ya tengo una cierta edad y, por eso, estoy eligiendo a una persona de mi confianza, una buena persona, que pueda continuar mi tarea, porque no sé cuándo el Señor me llamará: cuando sea nuestro momento tendremos que ir, y entonces es importante que alguien más continúe este servicio.

 

 

Entrevista a la señora Marta

 

  • ¿Cuál es el sentido del grupo de las manzaneras?

Cada uno del grupo de las manzaneras ha decidido aceptar este servicio sin ninguna obligación, mas solamente con la motivación de ayudar a la parroquia. Esta, en efecto, es una forma de ayuda a la Iglesia y de participación de los fieles en su mantenimiento. Como católicos, nos esforzamos por sostener a la Iglesia como podemos, sin obligar a los fieles a dar una cuota fija.

Como manzanera, por lo tanto, visito a mis hermanos en la fe; los informo sobre lo que hace la parroquia y acerca del objetivo de nuestra tarea, y los invito a dar su contribución libre para mantener las estructuras y realizar las varias actividades eclesiales.

A mí me gusta relacionarme con la gente y compartir lo que creo y, gracias a Dios, las personas tienen también confianza en mí porque me conocen. En este momento en que trabajamos con los miembros de la Redemptor hominis, la gran ventaja es que ellos valorizan mucho lo que hacemos. Este es un elemento importante que he notado. Desde cuando era muchacha, he ayudado siempre a la parroquia, pero la diferencia que veo ahora, en comparación con antes, es que la parroquia valoriza lo que hacen los laicos.

  • ¿Qué relación ha entablado con las familias que visita?

No puedo quejarme de las familias a las que encuentro. Están contentas de recibirme y contribuyen siempre con su aporte. En general, son personas que no frecuentan asiduamente la parroquia; son también pocas, una quincena, y entran en la iglesia solamente para una Misa de acción de gracias o por un difunto. Frecuentan, más bien, el santuario de Caacupé o el de Tupã Rendá, pero aceptan con gusto ayudar a la parroquia. Como manzanera, intento hacerles comprender que la contribución que dan es una forma importante de participación, porque la parroquia también pertenece a ellas. Las estimulo a acercarse más a ella y a comprender mejor el sentido de lo que se hace. Hay mucho que evangelizar todavía.

  • ¿Por lo tanto, este servicio va intensificado?

Sí, porque en Ypacaraí uno debe darse cuenta de cuánto vale una parroquia activa y de cómo es importante ayudarla a sustentarse económicamente. Los fieles no pueden pensar que, por estar confiada a sacerdotes italianos, el dinero para la parroquia debe llegar de Italia o solo de la Iglesia de Roma. Es necesario ayudar a la parroquia, porque esta no es solo del párroco, ni de Emilio o de la Redemptor hominis; tampoco del Papa; es sobre todo la Iglesia de Ypacaraí y de sus fieles.

Los que menos frecuentan la parroquia, como justamente afirma Emilio, son exactamente los que más critican, porque no saben lo que se realiza. Al contrario, yo, como muchas otras personas, aprecio a Emilio, porque nos ha enseñado tantas cosas y nos ha educado en muchos aspectos. Las cosas, en efecto, han cambiado mucho en la parroquia. Escuchando y participando, he aprendido también muchas cosas que nunca había comprendido, como el significado de los gestos que se hacen durante la liturgia.

En este sentido, el de las manzaneras es un grupo fundamental para la parroquia, y yo hago este servicio con satisfacción, porque es una forma de compromiso con la Iglesia, para ayudarla a realizar las varias actividades para el pueblo. En la parroquia se han llevado a cabo muchas iniciativas, como los cursos para los lectores y los monaguillos y los cursos de formación sobre muchos temas, que nos ayudan a comprender la realidad y a vivir mejor.

Sería bueno empujar a los jóvenes a hacerse cargo de esta responsabilidad, de manera que no tengan vergüenza de realizar esta tarea para la parroquia. Muchos se sienten a disgusto por pedir dinero, pero cuando se comprende el por qué profundo y el sentido de la participación en la vida de la Iglesia, que lo anima, se comprende que es un servicio importante y que se debe intensificar.

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

 

 

 

08/09/2021