Reflexiones de dos adolescentes en la pandemia
Fiorella y Tobías son dos adolescentes, de 15 y 14 años respectivamente, que desde hace varios años frecuentan nuestra parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí. Siempre fieles y presentes en muchas actividades, servicios y, de manera particular, en la Misa, fue muy difícil para ellos vivir, con el inicio de la pandemia, la suspensión de los encuentros y de cualquier actividad en la parroquia. Durante este tiempo, que impuso el distanciamiento social a todos, Fiorella y Tobías encontraron la fuerza para mantener vivo su compromiso y, entre la nostalgia y la esperanza de volver a las actividades parroquiales, mantuvieron la amistad que, a lo largo de los años, entablaron con nosotros en la parroquia (gracias a los contactos a través de WhatsApp y por teléfono). Además, comenzaron a escuchar las “Homilías en el tiempo del Coronavirus” de Emilio (enviadas semanalmente a través de WhatsApp a todos los fieles de nuestra parroquia) y a enviarnos puntualmente sus reflexiones. A partir de su fidelidad y de los comentarios que nos hicieron llegar, quisimos pedir a Fiorella y Tobías que nos hablen de su experiencia y de este compromiso que mantienen todavía y que los ha ayudado a reflexionar, crecer y madurar.
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- ¿Qué significó para ustedes el comienzo de la pandemia y la imposibilidad de participar en sus compromisos en la parroquia?
Tobías: Desde el comienzo de la pandemia experimenté mucha nostalgia del estar en la parroquia; echaba de menos la Misa
y todo lo demás, pero, al mismo tiempo, estaba muy agradecido a todos ustedes de la Comunidad Redemptor hominis que se acordaban de nosotros, de mí y de mi familia, y esperaba poder volver a encontrarnos pronto y compartir con ustedes la Eucaristía. Luego, ustedes empezaron a enviar las Homilías de Emilio: ¡escuchar su voz, sus palabras, me daba mucha fuerza! Se tenía que enfrentar la difícil convivencia con el Coronavirus y, por todo lo que aprendí con ustedes, sabía que Jesús nos invitaba a luchar, porque la fe católica es de los fuertes, no de los cobardes. Nosotros los católicos elegimos la puerta estrecha de la lucha, del esfuerzo, de la fatiga cotidiana, y esto es lo que Jesús quiere de nosotros frente a esta pandemia: que nos mantengamos fieles y seguros hasta el final, enfrentando las dificultades y las angustias provocadas por la situación actual que vivimos.
Fiorella: El comienzo de la pandemia fue difícil para mí por muchos aspectos, en particular, el de la distancia social y de quedar en casa. No tener la oportunidad de participar activamente en la Misa, y de ofrecer mi servicio como liturgista, fue duro. Me afectó mucho no poder participar regularmente en el sacrificio de Jesús y no poder estar en la parroquia para mi servicio; estoy segura de que también otros como yo sufrieron esto. Luego, la primera vez que participé en la Misa según las disposiciones anti Covid, la sentí y la viví de manera diferente, aunque me alegraba mucho de estar allí. Me di cuenta de que las cosas ya estaban cambiando y percibí con más intensidad todavía cuánto había extrañado la Misa y las otras actividades en la parroquia.
- Ustedes dos, a lo largo de todo este tiempo –y ya pasó más de un año y medio–, siempre escucharon las Homilías de Emilio –que ya son 89 y tocaron muchos temas–, y reflexionaron sobre ellas. ¿Qué les impulsó a hacerlo?
Tobías: Ante algo repentino, peligroso y que nadie esperaba, era aquel el momento en que más necesitábamos fortalecer
nuestra fe, porque, para mí, sin Dios la vida no tiene sentido: sin Dios no somos nada. Cuando también en el Paraguay y en Ypacaraí, donde vivo, empezaron a fallecer personas por el COVID-19, me decía que no era Dios que quería que fallecieran, no era un castigo de Dios como mucha gente pensaba, porque escuché muchas veces a Emilio afirmar que nuestra religión es la religión de la vida y no de la muerte. En aquella situación, cuando empezaron a llegar las Homilías en WhatsApp, las escuchaba con gusto y enviaba mi comentario los domingos por la tarde. Debíamos quedarnos cerrados en casa, por eso, comencé a escuchar y a escribir. En el trascurso del tiempo, esto se convirtió en una tarea, para mí, como una meditación que hacía por escrito, en silencio, sobre muchas cosas y tantos puntos de reflexión que las Homilías proponían.
Fiorella: Empecé a escuchar y a escribir impulsada también por el hecho de que el escribir, para mí, se convertía en un compromiso semanal no solo de reflexión, sino también de realización de lo que escribía: un ejercicio de cómo se pueden vivir las palabras dichas. Gracias a una persona, comprendí que puedes proponerte cumplir lo que has dicho y hacerlo crecer con los hechos, esforzándote por vivirlo en la cotidianidad. No es fácil, ¡cuesta! Además, el silencio nunca ha sido una característica personal mía, me gusta hablar y relacionarme con los demás: lamentablemente, durante este tiempo tuve que practicarlo más quedándome en casa, sin tener muchos contactos con el exterior. Al principio fue pesado, pero poco a poco
me di cuenta de que me daba serenidad, me ayudaba mucho a pensar en aspectos importantes de mi vida y luego a escribir mis reflexiones.
- ¿Cuáles son las ideas que más les impactaron y sobre las que reflexionaron durante este largo período?
Tobías: Muchas veces me encontraba reflexionando sobre qué tipo de hombres queremos ser: ¿hombres miedosos, cobardes o personas que saben asumirse las propias responsabilidades? De hecho, la pandemia estaba poniendo en evidencia muchos aspectos positivos y negativos de nuestros comportamientos. Así he llegado a meditar también sobre mi propia vida. Nací porque mi madre no quiso abortar, cuando mi padre se enteró de que estaba embarazada, la abandonó y desapareció. Me decía que no quería ser un cobarde irresponsable: no tengo odio ni rencor hacia nadie y quiero ser una persona que cree, fuerte y responsable. Reflexionaba también sobre el hecho de que es una estupidez pretender ser lo que no somos, porque, tarde o temprano, las mentiras y las falsedades se descubren. Creo que el mundo ya está trastornado por el COVID-19 y no volverá todo como antes, también cuando terminará la pandemia. Y este es otro tema de reflexión al que las Homilías me han llevado. El mañana no está asegurado para nadie, y ciertamente no por el hecho de ser jóvenes y sanos se tiene la garantía de muchos años de vida. Por eso, debemos tener cuidado, respetar las normas sanitarias, ser prudentes, confiados y pacientes. Cuando hayamos hecho todo lo que podíamos, entonces podremos pedir ayuda a Dios, sin tratarlo como si fuera “el genio de la lámpara” que basta frotar para hacerle realizar nuestros deseos, mientras que nosotros seguimos comportándonos como irresponsables.
Fiorella: Durante esta pandemia me hice muchas preguntas que antes no me hacía. En esto, las Homilías de Emilio, que trataron también el tema de la post-pandemia, me impactaron mucho, y creo en lo que dice Emilio: en el “después” nada será como antes. A menudo, me encuentro reflexionando, como escuché en una Homilía, que saldremos peores o mejores, pero
no iguales que antes. Esto me parece profundamente cierto, porque todos ya hemos experimentado cambios en muchos aspectos de nuestra vida, todos hemos estado afectados de una u otra manera, y hemos empezado a percibir la diferencia. Un aspecto puesto en evidencia por la pandemia es que tenemos que ser responsables de nuestros actos y de nuestras palabras; no siempre somos las víctimas, a veces, somos los verdugos que causan daño a los demás, así que el sentido de la responsabilidad tendrá que ser una actitud, un estilo de vida. No me gusta desinteresarme de mi entorno ni de las personas que me rodean. Lo que me gustaría hacer, en realidad, es escuchar, curar, consolar y ayudar a las personas que sufren. Si pudiera ir a las cinco partes del mundo y tener mil brazos para hacer todo esto, lo haría, pero mientras tanto comprendí que, si queremos ayudar a los demás en este tiempo del COVID-19, tenemos que cuidar de nosotros mismos, no enfermar, no propagar la enfermedad. Espero, de todos modos, volver pronto a la parroquia, y aunque sé que ya no será más como antes, me gusta la posibilidad que siempre se ofrece a nosotros los jóvenes de sentirnos parte de la Iglesia, de aprender muchas cosas y de realizar muchos servicios que nos permiten trabajar en la comunidad para ser colaboradores y testigos del Corazón de Jesús.
(A cargo de Emanuela Furlanetto)
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
02/11/2021