La historia de Teresa Capdevila
La mañana del 25 de octubre de 2019 marcó para siempre la vida de Teresa Capdevila, paraguaya de 47 años quien, como auxiliar de enfermería, asistía a personas mayores a 40 kilómetros de Ypacaraí, su ciudad.
Sus jornadas comenzaban a las cinco de la mañana. Viajaba hasta seis horas por carreteras en mal estado, utilizando medios de transporte público que dan un servicio pésimo y agotador.
Como tantos compatriotas que afrontan grandes sacrificios, Teresa esperaba mucho tiempo los autobuses en zonas peligrosas por la inseguridad social, el clima, el tráfico, el incumplimiento de la Ley Nacional de Tránsito y la inexistencia de arcenes de protección.
Ese día, después de tomar mate con su madre de 80 años y despedirse de ella, salió de casa para esperar el autobús en la vereda de la calle, que, en realidad, es una ruta internacional muy transitada que atraviesa la ciudad. De repente, un coche la atropelló, cortándole la pierna derecha de golpe. En un instante, su vida cambió.
Cuando volvió a abrir los ojos, estaba en la cama de un hospital rodeada de médicos que le contaban lo que había ocurrido. Una vez que terminó el efecto de la anestesia, la realidad se volvió aún más dura al darse cuenta de que una de las piernas, que le permitía moverse, sostenerse en los agotadores viajes y trabajar, ya no la tenía más. Su vida estaba mutilada.
No tenía hijos; hace algunos años se había quedado viuda y había seguido viviendo en la pequeña casa que había construido con su marido en el mismo patio de sus padres. Su padre había fallecido repentinamente un año antes y ella había asumido la responsabilidad de cuidar de su madre y de una hermana menor epiléptica. Solía frecuentar la parroquia los días libres de la semana, porque en el weekend trabajaba siempre.
Desde los primeros días en el hospital decidió entregarse totalmente al Señor en la oración. Su fe lanzaba gritos al cielo y su esperanza, fundada en Cristo, se convertía en una llama que, aunque débil, no se habría apagado. Esta actitud de fe y esperanza le ayudó a enfrentar –aunque evidentemente con mucho dolor, sacrificio y angustias– el inicio de una nueva etapa dramática de su vida.
El largo proceso de recuperación, aún más arduo durante la pandemia, y la preocupación de ya no poder asegurar más el sostén económico a la familia también le causaban heridas interiores. La pérdida de la autonomía le generaba un profundo
sentimiento de vergüenza y frustración, porque en un instante había pasado de ser quien daba ayuda a quien debía recibirla.
Teresa es una de las personas asistidas por el grupo Cáritas de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, hacia el cual, gracias a su carácter generoso y humilde, nutre una inmensa gratitud.
Además de la propia fragilidad física (se desplaza usando muletas y tiene una prótesis artesanal), también tuvo que afrontar el empeoramiento de la salud de su hermana Carolina, a quien le diagnosticaron un tumor cerebral y que fue sometida a una compleja intervención quirúrgica; esta última requirió una larga estadía en terapia intensiva y casi tres meses de hospitalización, durante los cuales Teresa permaneció siempre con ella, dejando de lado sus propias necesidades y olvidando sus propias limitaciones físicas.
En los momentos más críticos de la enfermedad de Carolina, cuando hasta los médicos dudaban de la posibilidad de una recuperación, Teresa se agarró a la fe y mantuvo viva la esperanza de que su hermana volvería a casa, donde se encuentra actualmente, cuidada con amor por Teresa misma y por su madre anciana. Ahora se alimenta a través de una sonda y, aunque el proceso es lento, las sesiones de fisioterapia y los controles médicos están contribuyendo gradualmente a la recuperación del habla y del movimiento.
A pesar de sus dificultades físicas, Teresa, demostrando fuerza y resiliencia, ha encontrado un modo para generar algunos ingresos económicos: con materiales reciclados fabrica macetas que vende con plantitas.
Teresa es un ejemplo vivo de fe, esperanza y amor. Su energía positiva, la alegría y la gratitud que expresa en los pequeños gestos son admirables.
Sigue frecuentando la parroquia y conmueve con su oración por los enfermos más necesitados, reflejo del profundo deseo de su corazón de ayudar a los demás.
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
18/12/2025