La importancia del tema de la familia ha sido subrayada a menudo por las intervenciones del Magisterio, tanto a nivel pontificio como al continental y nacional. El Sínodo de los Obispos, al preparar su Asamblea General dedicada al tema de la familia, destaca que

home CP 23 la familiaLa reciente Encíclica del Papa Francisco, Lumen Fidei, habla de la familia en su vínculo con la fe que revela ‘hasta qué punto pueden ser sólidos los vínculos humanos cuando Dios se hace presente en medio de ellos’ (Lumen Fidei, 50). ‘El primer ámbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer: nace de su amor, signo y presencia del amor de Dios, del reconocimiento y la aceptación de la bondad de la diferenciación sexual, que permite a los cónyuges unirse en una sola carne (cf. Gn 2, 24) y ser capaces de engendrar una vida nueva, manifestación de la bondad del Creador, de su sabiduría y de su designio de amor. Fundados en este amor, hombre y mujer pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida y que recuerda tantos rasgos de la fe. Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada’. ‘La fe no es un refugio para gente pusilánime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocación al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena ponerse en sus manos, porque está fundado en la fidelidad de Dios, más fuerte que todas nuestras debilidades’ (Lumen Fidei, 53)” (III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Los desafío pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización. Documento preparatorio, Ciudad del Vaticano 2013).

Esta insistencia revela lo delicado que está este asunto: de hecho, es relativamente raro encontrar una familia que corresponda al modelo propuesto. Hay una gran distancia, pues, entre el ideal que presentan las afirmaciones doctrinarias y las situaciones concretas.

Para la Iglesia, es preciso ver las situaciones reales, antes que imaginar una realidad que no existe. Sin esta mirada perspicaz, despojada de toda complacencia, los planes relativos a una pastoral familiar corren riesgo de fracasar desde el comienzo, por falta de los presupuestos elementales.

Las carencias en el ámbito familiar acarrean dificultades inmensas para la misión evangelizadora de la Iglesia, la cual no puede sustituir a los padres, primeros educadores y catequistas de sus hijos. La familia, en efecto, es la Iglesia doméstica, sin la contribución de la cual la tarea de la parroquia se complica enormemente.

Lo que está en juego es el futuro mismo de los jóvenes. Esta preocupación es la que explica la razón de ser de este “Cuaderno”, nacido de la predicación del P. Emilio Grasso en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí.

Los pasajes de la Constitución Pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II relativos a la familia, comentados sistemáticamente, representan el hilo conductor de esta publicación. En esta elección se puede reconocer la voluntad de volver a una doctrina fundamental, clara y firme, palabra de verdad y libertad, que ofrece la oportunidad de una conversión evangélica y pide un cambio de mentalidad.

La franqueza –o parrhēsía– es, en efecto, una de las notas sobresalientes de los comentarios del P. Emilio recogidos en esta publicación, que quiere proporcionar, sobre todo a los jóvenes, la doctrina católica sobre el amor, la sexualidad, el matrimonio y la familia, completando así una publicación anterior de esta misma colección[1].

Esconder o cambiar esta doctrina sería una traición a los jóvenes. Se percibe, en estas páginas, esa solicitud que ha empujado al Santo Padre Benedicto XVI a denunciar, como una prostitución de la palabra, los discursos hechos para encontrar los aplausos y el consenso. Una prostitución más grave que aquella por la cual se culpabiliza y se insulta solo a las mujeres, según una cultura machista, que ni siquiera las mismas madres combaten, sino que inculcan a sus hijos. Más grave, porque el pecado del espíritu siempre es más profundo que el de la carne.

Me vienen a la mente –ha declarado el Papa– unas hermosas palabras de la primera carta de san Pedro, en el primer capítulo, versículo 22. En latín dice así:Castificantes animas nostras in oboedientia veritatis’. La obediencia a la verdad debería hacer casta (‘castificare’) nuestra alma, guiándonos así a la palabra correcta, a la acción correcta. Dicho de otra manera, hablar para lograr aplausos; hablar para decir lo que los hombres quieren escuchar; hablar para obedecer a la dictadura de las opiniones comunes, se considera como una especie de prostitución de la palabra y del alma. La ‘castidad’ a la que alude el apóstol san Pedro significa no someterse a esas condiciones, no buscar los aplausos, sino la obediencia a la verdad” (Benedicto XVI, Homilía en la Misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional, 6 de octubre de 2006).

Este es también el gran problema de la educación, empezando por las familias, donde se tiene miedo de decir lo que no les agrada a los hijos; se justifican sus errores y se quiere protegerlos demasiado, sin que puedan tomar sus responsabilidades, echando las culpas sobre chivos expiatorios.

La verdad, que siempre está más allá de los intereses personales, no es buscar la solución a todos los problemas: por una búsqueda interminable, al final se pierde incluso el alma. Lo que la fe pide es el coraje de la verdad, con misericordia, caridad, paciencia. El que quiere escuchar, escucha. Si no quiere, podrá llegar un día en que, al precipitar en el abismo, ya no sepa qué hacer y recuerde una palabra de verdad escuchada una vez, volviendo a construir su vida sobre ella.

Sin esta palabra de verdad, los sacerdotes somos como prostitutas con escapulario, que se ponen de rodillas frente a la dictadura de las opiniones comunes, para recibir un aplauso o quizás un sobre con un poco de dinero. Prostitutas, que engendran a los hijos de la prostitución, hijos de la mentira.

La Iglesia, maestra de vida y experta en humanidad, llena de una sabiduría que el mundo no conoce, está llamada a enseñar, confiando en la fuerza de la Palabra que libera. El amor que ella anuncia es una totalidad de vida, un pacto de fidelidad, cierta de que el eterno entra en el tiempo y que la historia de los compromisos humanos sube hacia el cielo.

Michele Chiappo

 

 

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[1] Cf. E. Grasso, La Religión del Cuerpo. Reflexión sobre la visión cristiana de la sexualidad (Cuadernos de Pastoral 14).

 

 

Emilio Grasso, La Familia. Pautas para una visión cristiana, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 23), San Lorenzo (Paraguay) 20133, 72 págs.

 

 

ÍNDICE

 

 

Introducción

3

I. "Carne de mi carne": la visión cristiana del matrimonio

9

Conocer y amar

13

Formar en la responsabilidad

15

Educar en la receptividad

17

Solidaridad y subsidiariedad

19

Necesidad de identidades claras

20

Un amor trinitario

22

La búsqueda de la estabilidad

24

Sacrificios en vez de buenismo

27

Llegar a una amistad espiritual

31

Esposa antes que madre

33

II. "Como Cristo amó a la Iglesia": elementos de una espiritualidad del matrimonio

36

"Un misterio muy grande"

36

Amar hasta la cruz

38

Asumir el riesgo del amor

40

Dios, único funtamento

41

El modelo: la Sagrada Familia

43

III. La vida familiar, camino de santificación

45

Educar con el ejemplo

45

Urgencia de un cambio personal

48

La primera educación religiosa de los niños

49

La familia, lugar de santificación

51

Como Juan Bautista

53

La vejez

55

La Iglesia doméstica

57

Eros y agapé

59

IV. Conclusión

60

Apéndice

El Sínodo: familia y evangelización

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