Entrevista al padre Martial Bidoung Mvodo, ocd

Primera parte

 

  • Los jóvenes católicos ¿cómo acogen su testimonio? ¿Cuáles son sus aspectos más importantes? ¿De qué manera Jean-Thierry “recorre el corazón de los jóvenes” de su país, como él mismo había deseado?

Es con entusiasmo, maravilla, alegría y agradecimiento como los jóvenes cameruneses acogen su testimonio. La contemporaneidad del testimonio de Jean-Thierry lo acerca a los jóvenes y a las experiencias que viven cotidianamente. En cuanto africano, lo consideran una figura que les muestra realmente la posibilidad de vivir el Evangelio en nuestro contexto y en nuestra cultura. Por otra parte, los lugares geográficos que frecuentó y en los cuales permaneció son familiares para ellos: Nkongsamba, Bamenda, Yaundé, Maroua, Guider, Monatélé, Awae...

Jean-Thierry está cerca de ellos también en el tiempo, porque ha vuelto al Padre el 5 de enero de 2006, hace apenas trece años. La mayor parte de los testigos todavía viven. Muchos de ellos han subrayado exactamente el hecho de que la vida de Jean-Thierry es la prueba de que la santidad es posible aquí y ahora.

Quiero subrayar algunos motivos de admiración recurrentes, cuando los jóvenes hablan de Jean-Thierry:

  • La gran disciplina en sus estudios y en su vida en general, con Dios en el centro;
  • su alegría a toda prueba;
  • la lección de fe que transmite, mostrándoles que la santidad no es la prerrogativa de pocos, de una élite, sino de todos y, por lo tanto, también de los jóvenes;
  • su asunción del sufrimiento en la alegría, consciente de la historia de salvación que el Señor escribía en los caminos tortuosos de su enfermedad;
  • su fidelidad a Cristo, sin recriminaciones, sin ir buscando soluciones milagrosas fuera de Él.

Según la carta de los Obispos de Camerún al Santo Padre para la introducción de la causa de beatificación de Jean-Thierry, sus escritos hablan al corazón de los fieles, sea jóvenes, sea adultos, “porque saben traducir la Tradición secular de la Iglesia en un lenguaje actual que alcanza nuestra cultura y nuestras tradiciones”.

Las poesías de este “apóstol sorprendente de la alegría, saben abrir los corazones –afirman todavía los Obispos de Camerún– a través de su lenguaje simbólico fuertemente abierto al misterio de Dios”.

Pero es sobre todo a través de su vida concreta, que se ha vuelto tan rica en experiencias humanas y espirituales, como él recorre el corazón de sus hermanos y hermanas, invitándolos, según las palabras del profeta Isaías: “Venid, subamos al monte del Señor” (Is 2, 3).

  • ¿Qué contribución ha dado a la misión, en Italia, y cuáles son los puntos más importantes de los testimonios de los amigos de Jean-Thierry que lo han conocido en Italia?

Jean-Thierry contribuyó a reforzar la calidad del testimonio cristiano y religioso de la Provincia. Lo testimonian la gran movilización y el gran interés que tuvo, por su proceso de beatificación, la archidiócesis de Milán, cuyo jefe en aquel tiempo era el Cardenal Angelo Scola, junto con Mons. Ennio Appeciti, juez eclesiástico, quien fue personalmente a Camerún, por exigencias de encuesta. Al mismo tiempo, más allá de la archidiócesis de Milán, está toda la atención de la Conferencia Episcopal Italiana hacia la figura de Jean-Thierry. Esta atención se manifestó con el consenso que dio para la apertura del proceso diocesano de beatificación.

Para todos los que lo conocieron, sea en el hospital, sea en los conventos donde pasó, la unanimidad de los testimonios es significativa: todos consideran a Jean Thierry un joven carmelita alegre y santo, cuyo paso en la tierra no fue inútil. Su vocación a la santidad, subrayan, había sido preparada en el ambiente familiar, es decir, por sus padres.

  • ¿Qué aspectos escogería, a tal propósito, para la nueva evangelización en Europa y para los lectores de otros continentes?

Según nuestro parecer, en último análisis, el binomio “Amigo-Amistad” es la llave de interpretación de la vida y la experiencia de Jean-Thierry. Un horizonte de amistad que Dios ofrece a los hombres y a la cual estos últimos están llamados a abrirse, para entretenerse con Él y con los demás.

Jean-Thierry supo hacerse el amigo de todos, viendo, como decía Emmanuel Lévinas, en los numerosos rostros que la Providencia le permitía encontrar, “las huellas de Dios en la historia”.

No olvidaré nunca su amistad hacia mí, su generosidad que se manifestó en darme consejos para preparar mi diploma, última etapa antes de entrar en comunidad. Esto me ayudó a empeñarme duro, a superar las dificultades y a conseguir mi examen con alabanzas. Y, en fin, a ponerme al servicio del Señor.

A través de su vida, breve, pero rica en experiencias espirituales, él realizó un fragmento de la fraternidad universal, mostrando el camino a través del cual esta puede ser realizable hoy: a través del Cristo, con Él y en Él.

Según mi parecer, ninguna nueva evangelización será posible fuera del redescubrimiento de la fraternidad universal, que tiene su “Tierra Prometida” en Cristo, primogénito de una multitud de hermanos y hermanas.

El mensaje conciliar de la Constitución dogmática sobre la Palabra de Dios, Dei Verbum, encuentra un terreno fértil de esperanza en la experiencia de Jean-Thierry. Esta Constitución dogmática, en efecto, hace notar que, a través de la revelación de Cristo, en el Espíritu, Dios se dirige a los hombres como a amigos y conversa con ellos para invitarlos a entrar en comunión con Él y a recibirlos en esta comunión (cf. Dei Verbum, 2).

La experiencia de Jean-Thierry permite a la humanidad de hoy redescubrir que la interioridad del hombre es un tesoro habitado por Dios. En efecto, cuando todas las cadenas que lo encarcelan en su dinamismo centrífugo estén rotas (la apariencia exterior, la búsqueda desenfrenada de la imagen o de la función social...), entonces el hombre estará restituido a sí mismo y podrá descubrir toda la esencia de su felicidad, hasta entonces inexplorada, dentro de sí mismo.

Pienso en un texto sorprendente de Jean-Thierry, que data del 31 de marzo de 2005, dos meses antes de su salida a Italia. Es un texto que verdaderamente solo los santos son capaces de escribir: “Cuando el camino se oscurece”. Cito solo el pasaje final, muy significativo:

"... Nunca he estado tan lúcido.
Mi vista tan límpida.
Yo, un tiempo tan estúpido,
he visto que, cuando el camino se oscurece,
es entonces cuando el ojo se abre,
cuando la luz brilla.
Ya no tengo más necesidad de saber por dónde camino y cómo,
porque sé adónde voy y quién me guía (la entrega total)”[1].

Según nuestro parecer, por otra parte, la vida y la experiencia de Jean-Thierry responden a las preocupaciones más actuales de este tiempo, en particular, a aquellas de los jóvenes de cada lengua, pueblo y nación. Porque la humanidad contemporánea escucha más a gusto la palabra de los testigos que la de los teóricos. La experiencia humana, espiritual y también mística del siervo de Dios fray Jean-Thierry Ebogo del Niño Jesús y de la Pasión, lejos de ser fruto de una reflexión abstracta y separada de la vida, es un testimonio vivo, arraigado en una experiencia personal, cuya riqueza y autenticidad saben estimular y hablar a todos con inmediatez.

  • Gracias de todo corazón, padre Martial, por este profundo intercambio.

En fin, quiero agradecer de todo corazón a ustedes y a su Comunidad Redemptor hominis, de parte mía y de toda la delegación de los Carmelitas Descalzos de Camerún, por el gran interés manifestado en la divulgación de la vida de Jean-Thierry.

El Carmelo teresiano y la Iglesia particular de Camerún –que viven en este momento el segundo centenario de su evangelización– presentan, en efecto, a la Iglesia universal y a la humanidad entera esta figura-testigo y faro de la fe, como un don recibido y que se debe compartir.

(A cargo de Antonietta Cipollini)

 

 

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[1] Cf. Una Carmelitana Scalza, Fra Jean-Thierry di Gesù Bambino e della Passione. Il bambino che voleva diventare Gesù, Ed. Mimep-Docete, Milano 2016, 191-192.

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

08/02/2020