Una reflexión a partir del Paraguay

 

La educación, en la sociedad actual, constituye un verdadero desafío, sobre todo en aquellos países, como el Paraguay, donde los jóvenes son la mayoría. Es en este ámbito donde se juega el futuro –el fracaso o el éxito– de un país.

El Papa Francisco, en el Congreso Mundial promovido por la Congregación para la Educación Católica (21 de noviembre de 2015), subrayó la importancia, en el ámbito de la educación, de saber “arriesgar”: “Un educador que no sabe arriesgar no sirve para educar. Un padre y una madre que no saben arriesgar, no educan bien al hijo. Arriesgar de modo razonable. ¿Qué significa esto? Enseñar a caminar”.

En el proceso educativo, entre los riesgos que, a menudo, se quieren evitar está el de la corrección, que constituye un valor, a menudo, subestimado o dejado de lado. A propósito de esto, proponemos una reflexión que se hizo en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí.

 

 

En el discurso a los participantes del Capítulo General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, celebrado en la Sala del Consistorio el 21 de mayo de 2022, el Papa Francisco afirmaba cuanto sigue:

“Somos conscientes de que el mundo está viviendo una emergencia educativa. Se ha roto el pacto educativo, está roto, y ahora el Estado, los educadores y la familia están separados. Debemos buscar un nuevo pacto que sea comunicación, trabajar juntos. Esta emergencia educativa se ha vuelto más aguda por las consecuencias de la pandemia”.

Este es un tema que, desde hace vario tiempo, estamos tratando en nuestra parroquia de Ypacaraí, en el Paraguay.

El arte de educar

Muchas veces, los padres, los educadores, los maestros y los catequistas no tienen el coraje y el amor para enseñar, olvidándose de que la educación es un arte y no la repetición de palabras.

En el proceso de educación de los jóvenes es fundamental el valor de la corrección.

Según la palabra del Señor, no corregir a los hijos, cuando se debería hacerlo, es un pecado cuyas consecuencias se pagan frente a Dios (cf. 1 Sam 3, 13).

Dar la vida a un hijo no significa solo darle de comer, sino educarlo y corregirlo.

En la corrección no solamente se habla, sino que se muestra un camino (cf. Pro 22, 6). Se educa haciendo descubrir el precio que se debe pagar por un error cometido. Por este motivo, los padres que están siempre dispuestos a pagar el precio de lo que hacen los hijos no educan, sino que deseducan.

Hay que reflexionar también sobre la necesidad, para los educadores, de tener la capacidad de cuestionarse y juzgarse, sin apuntar el dedo, en primer lugar, hacia los demás, como si estos fueran los culpables de las fallas en la educación (cf. Lc 6, 41-42).

Todo lo que hemos citado viene de la sabiduría de la Sagrada Escritura, pero sobre el valor de la corrección podemos mencionar también a un médico especialista, diplomado del Consejo Americano de Psiquiatría y Neurología, que indica algunas normas para “criar hijos patoteros”[1]:

    1. “Empiece desde la infancia dándole a su hijo todo lo que él quiere. De esta manera va a crecer creyendo que él tiene todos los derechos y los demás deben permitirle absolutamente todo.
    2. Cuando diga las primeras malas palabras, hágale fiesta. Esto lo ayudará a creer que es simpático y va a aprender palabras que sean peores aún.
    3. Evite darle una formación moral y espiritual, y espere hasta la mayoría de edad para que sea responsable y decida por sí mismo.
    4. Nunca le diga: ‘No’, por miedo de que él se disguste con usted o se acompleje. Esto le ayudará a usted a creer más tarde que la sociedad está injustamente en su contra cuando lo arresten por asalto, robo o asesinato.
    5. Siempre recoja todo lo que él deja tirado; empezando por sus juguetes, más tarde sus libros, así él creerá que siempre los demás deben ser responsables de lo que él debiera hacer.
    6. Pelee frecuentemente con los demás enfrente de él. De esta manera le parecerá normal cuando él haga lo mismo.
    7. Dele a su hijo el dinero que él pida. No vale la pena que él se sacrifique trabajando y que aprenda cómo ganar honestamente su propio dinero.
    8. Si de repente algo le niega, arrepiéntase y cambie el ‘No’ en un ‘Sí’ con una actitud culpable. Esto lo ayudará a crecer sin ningún respeto a las leyes y reglas, y no aceptará límite alguno.
    9. Opóngase a sus vecinos cuando ellos lo critican. Lo mismo haga cuando sea arrestado su hijo, aunque usted sabe bien que es culpable. Discúlpese usted mismo diciendo que todo el mundo está injustamente en contra de su hijo, porque no lo comprenden.
    10. Cuando ya esté perdido, discúlpele a él, reconociendo recién ahí que usted no hizo nada para corregirlo en su momento, y prepárese para una vida de angustias y sufrimientos”[2].

Ternura y firmeza

La firmeza no quiere decir falta de cariño y de amor. Dar amor a los hijos es la misión que los padres no pueden eludir, recurriendo a medios técnicos, en lugar de darles el propio tiempo.

La educación tiene que ser una formación en la responsabilidad, paciente, pero al mismo tiempo firme, tierna y misericordiosa, capaz de buscar siempre un camino de salida.

La dulzura no se opone a la verdad, la ternura a la firmeza. Hay que estar siempre dispuestos a recibir con los brazos abiertos a quien se educa, cuando manifiesta los más pequeños signos de cambio de conducta.

El educador debe ser semejante a Dios, quien no quiere la muerte de la persona, sino que espera que se convierta y viva.

Emilio Grasso

 

 

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[1] El término patotero, en América del Sur, indica a un joven que muestra un comportamiento agresivo y provocador hacia los demás, y que normalmente pertenece a una banda dedicada a atropellos y a actos vandálicos en lugares públicos.

[2] Cf. V.L. Romero, Algunas recomendaciones para criar hijos patoteros, en “ABC Color” (17 de julio de 2007) 34.

 

 

 

31/07/2023