Con ocasión del centenario del nacimiento del padre Lorenzo Milani, dentro de las diferentes iniciativas de conmemoración del personaje en cuestión, llegó también a las librerías la Opera omnia del padre Lorenzo Milani, en dos volúmenes, de casi tres mil páginas[1].

Con motivo de la presentación de esta obra, el Papa Francisco se expresó con un significativo Mensaje, en el cual “rinde justicia” al Prior de Barbiana, quien falleció a la edad de 44 años, en lo que ya es noto como “el destierro de Barbiana”.

Recuerdo que, cuando estalló la oleada de la contestación juvenil del año 68, la Carta a una maestra se volvió un libro de lectura “obligatoria”. Fue acuñado también el eslogan de las cuatro emes: “Marx-Mao-Marcuse-Milani”, que quería dar las referencias del Movimiento de contestación juvenil.

Nada más banal e idiota, como acercamiento.

A propósito, Michele Gesualdi, que fue discípulo amado del padre Milani, en su libro[2] puso de nuevo en claro, para quien no lo hubiera comprendido, la imposibilidad de insertar al padre Milani en esquemas ideológicos preexistentes y de adscribirlo a una formación u otra.

Las únicas palabras que se pueden agregar a su nombre son las grabadas en la lápida de su tumba, en la tierra desnuda de Barbiana: “Sacerdote... Prior de Barbiana”.

Todo el resto es solo interpretación. Y las interpretaciones pueden ser múltiples y diferentes, hasta llegar al punto de oscurecer, e incluso falsear, el desnudo hecho fundante de la historia del padre Milani.

La desnudez del padre Milani –llegada al extremo límite– (Michele Gesualdi cuenta de cuando, ya hacia el fin de sus días, “tiró la sábana que lo cubría y permaneció completamente desnudo en la cama”. Y Gesualdi in eodem spiritu lee e interpreta aquel gesto: “Él no estaba absolutamente mal de la cabeza, ni lo hacía sufrir el peso de la sábana sobre la piel, como pensaba el hermano. Su acto tenía un significado preciso que no fue difícil, para nosotros, interpretar: presentarse a su Dios desnudo de todo”) debe ser defendida y no traicionada.

“Después de su muerte –escribe Gesualdi– hubo una lucha continua, a fin de que el mundo, del cual había huido, no se apropiara de él y no tergiversara su pensamiento y su obra”.

Como el Che Guevara, también el padre Milani corre peligro de volverse un business, un volumen precioso que alinear junto con otros en nuestras bibliotecas, un sujeto que viviseccionar en Congresos y Aulas universitarias, un tema de estudio sobre el cual escribir un artículo (como, en el fondo, yo mismo estoy haciendo...), o bien, una tesis de licenciatura con la cual poder entrar en el famoso PIL, del cual hablaba el padre Lorenzo: el Partito Italiano Laureati (Partido Italiano Licenciados).

Por supuesto, las situaciones han cambiado profundamente, y también los análisis sociológicos y pastorales del Prior de Barbiana se resienten del desgaste del tiempo.

Yo, a escondidas (hasta cierto punto...) del buen y paciente Rector del Colegio Capranica, conocí al padre Milani en Barbiana, cuando ya estaba afectado del mal que lo habría llevado a la muerte.

Después de “la expulsión de los burgueses de Barbiana”, yo obtuve el famoso “pase”, gracias a la presentación de dos fieles ayudantes del padre Lorenzo en la Escuela; dos personas de gran generosidad, muy estimadas en Barbiana: Franca Righini y Paolo Inghilesi.

Vi al padre Lorenzo algunas veces en Barbiana, una vez, con Paolo, en una casa en Roma y también, poco antes de su muerte, en Florencia en la casa de la mamá.

Tengo casi un sagrado temor a hablar de lo que vi, porque, para mí, el padre Milani “debía ser mirado en silencio”, más que ser escuchado o leído. Sin esta mirada cargada de silencio interior, del padre Milani no se habría comprendido nada.

Y, una vez puesta la mirada sobre él, si se tenía un mínimo de honestidad, se comprendía que ya no se habría podido vivir más como si no se lo hubiera conocido.

Ser honesto consigo mismo, después de conocerlo, quería decir entregar la propia vida a los pobres.

Hacia la puesta última del sol sobre mi jornada terrenal, también este encuentro profundo con el padre Milani estará presente en Dios, y se encontrará puesto entre los muchos dones que he recibido.

El tiempo pasa, y la memoria se hace más viva aún.

Que el Señor, también acordándome que conocí personalmente al padre Milani, no me ponga entre quienes deberán escuchar el terrible reproche:

“¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes construyen sepulcros para los profetas y adornan los monumentos de los hombres santos. También dicen: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de nuestros padres, no habríamos consentido que mataran a los profetas’” (Mt 23, 29-30).

Emilio Grasso

 

 

_____________________

[1] Cf. L. Milani, Tutte le opere, Mondadori (Collana I Meridiani), Milano 2017.

[2] Cf. M. Gesualdi, Don Lorenzo Milani. L’esilio di Barbiana, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 2016. Las citas puestas entre comillas son tomadas de este libro.

 

 (Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

22/05/2024