Tan pronto como el Papa Francisco, aquel viernes 13 de junio de 2014, entró en la Capilla de Santa Marta para la celebración de la Santa Misa, me volvieron a la mente las palabras que el Santo Padre pronunció con ocasión de la celebración del 10 de febrero de 2014.
Su presencia sobria y su celebrar simple y esencial, sin esos inútiles oropeles y humanas añadiduras que tienden a llevar la atención sobre el celebrante y distraen del misterio que se celebra, son las primeras cosas que me
impresionaron.
Espontáneamente me volvieron a la mente las palabras del Papa en aquella celebración del 10 de febrero de 2014:
“La Eucaristía es una conmemoración real, es decir, es una teofanía. Dios se acerca y está con nosotros y nosotros participamos en el misterio de la redención. … La liturgia es tiempo de Dios y espacio de Dios, y nosotros debemos entrar allí, en el tiempo de Dios, en el espacio de Dios y no mirar el reloj. La liturgia es precisamente entrar en el misterio de Dios; dejarnos llevar al misterio y estar en el misterio”.
En Santa Marta, en cada gesto del Papa Francisco, se percibe que nos encontramos “en el tiempo y en el espacio de Dios”.
Repensando en el acontecimiento del que participé me di cuenta, a posteriori, de que –me arriesgaría a decir– el Papa Francisco estaba ausente en su presencia.
Para comprender un acontecimiento es necesario saber volver sobre el mismo, y aplicar la inteligencia a la memoria vivida.
Para san John Henry Newman, el principio general de la relación entre memoria y presente está formulado de esta manera: no discernimos la presencia de Dios en el tiempo en que Él está con nosotros, sino más tarde, cuando volvemos con nuestra mirada al tiempo pasado y cumplido. Es cuando todo ha terminado que se comprende, no en el momento mismo. Hicimos una experiencia que se encuentra grabada en nuestra memoria, pero, en el momento de recibirla, no hicimos de ella un objeto de reflexión. Es solo más tarde cuando la reflexión se ejercita. En el momento no podemos sino sentir esta experiencia. Es solo después que nuestra razón la reconoce. Lo que nos parece oscuro cuando llega a nosotros, refleja el Sol de Justicia cuando ha pasado[1].
La memoria, por lo tanto, desarrolla toda su potencialidad creadora y su sentido pleno solo cuando a ella se le aplica la inteligencia de la reflexión. Pero la inteligencia tiene necesidad de la memoria, sin la cual es inteligencia de la nada, del
vacío o inteligencia de otra cosa.
Allí, en Santa Marta, puedo testimoniar que hice esta experiencia de un tiempo y de un espacio de Dios. Esto es posible solo si nos encontramos en la presencia de quien anuncia a Jesucristo, y no se aprovecha de su condición de cristiano como si fuera un privilegio, adueñándose de la profecía, sino que va por el camino de Jesucristo, por el camino de la humillación, de la humildad, del abajamiento para el servicio[2].
Esta humildad desarmante la encontré de nuevo en el breve pero esencial coloquio tenido con el Papa Francisco, al final de la celebración eucarística. Aquel tiempo y aquel espacio de Dios, que, como diría el gran estudioso del fenómeno religioso Rudolf Otto, suscitan un sentimiento al mismo tiempo tremens et fascinans, se revelaron un tiempo y un espacio de acogida donde no nos sentimos extraños y forasteros, sino hijos y hermanos.
Un gesto de las manos, un cruzar la mirada, pocas palabras esenciales… y todo se volvió simple.
Pero lo que nunca podré olvidar del Papa Francisco fue la fuerza con la que me retuvo, cuando intenté arrodillarme para besar el anillo. A aquel apretón de mis brazos se le unía, como una invocación repetida incluso tres veces, la petición de no hacerlo.
Allí experimenté, físicamente, que la acogida y la humildad del Papa Francisco no eran una actitud rebuscada y convencional, sino su mismo ser: una verdadera teofanía de la presencia de Dios.
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[1] Cf. J.H. Newman, Le Christ manifesté dans le souvenir, en J.H. Newman, Le Christ. 12 sermons sur l’Incarnation, Éd. de la Librairie de l’Université, Fribourg 1943, 195-209.
[2] Cf. Papa Francisco, Meditación matutina en la Capilla de la “Domus Sanctae Marthae” (7 de febrero de 2014).
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
03/05/2025