A los feligreses de la capilla San Isidro Labrador de Ypacaraí (Paraguay)

 

Mis queridos amigos:

Este año, la pandemia del Coronavirus nos impide celebrar a nuestro Santo Patrono, san Isidro Labrador, todos juntos en nuestra capilla.

Si hubiéramos podido celebrar la Santa Misa, habríamos escuchado estas palabras que se encuentran en el comienzo de la primera lectura: “Tengan paciencia hasta que llegue el Señor” (Stgo 5, 7).

Hoy vivimos, como los primeros discípulos de Jesús, un tiempo de persecución, que, para nosotros, consiste en este terrible Coronavirus, que se ha lanzado contra nosotros y busca nuestra enfermedad, nuestra derrota, nuestra muerte.

No son los hombres quienes nos persiguen, sino que es este virus del cual todavía conocemos muy poco.

Actualmente, la única arma de defensa que tenemos es evitar el contagio para cortar el camino del virus.

El otro día, sabiamente, me escribía un lector de nuestra parroquia:

“Se hace imprescindible una nueva forma de vida, una nueva forma de ser celosos de la vida de nuestros seres queridos. Lastimosamente, si antes el abrazo era una manera de demostrar cariño, afecto, ahora mantener una distancia prudencial es amar a tu prójimo, es respetar a tu prójimo. Es respetar la vida de tu hermano, tus hijos, tu cónyuge, y tu propia vida”.

La palabra paciencia deriva del verbo latino pati que significa sufrir.

Decía san Cipriano que la comunidad cristiana primitiva, al vivir bajo la persecución, solo podía conservarse fiel mediante la paciencia.

Y san Policarpo, discípulo del apóstol san Juan, escribía:

“Mantengámonos, pues, incesantemente adheridos a nuestra esperanza y prenda de nuestra justicia, que es Jesucristo. … Él que, para que vivamos en Él, lo soportó todo por nosotros. Seamos, pues, imitadores de su paciencia y, si por causa de su nombre tenemos que sufrir, glorifiquémosle”.

La paciencia es, pues, una virtud que nos lleva a soportar los males con ánimo inalterable, de modo que no nos dejemos perturbar ni desviar por los mismos.

En la paciencia y en la lucha hasta la victoria contra esta pandemia, celebremos con fuerza y alegría nuestra fiesta patronal de san Isidro Labrador.

Pidamos a san Isidro, que nos dejó un ejemplo de vida escondida con Cristo, que nos conceda que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea, al mismo tiempo, plegaria de alabanza a Dios.

Tengamos paciencia en las duras pruebas cotidianas que estamos llamados a aguantar.

Celebremos la memoria de san Isidro Labrador, en este tiempo de Pascua que nos acerca al día de Pentecostés.

Acuérdense de las palabras de Jesús a las mujeres que fueron a ver el sepulcro: “¡No tengan miedo!” (Mt 28, 10).

Uds. también: “¡No tengan miedo!”.

Es Dios quien nos habla y nos hará ver el fin de la pandemia que llegará, como la primavera sucede al invierno:

“Acaba de pasar el invierno, y las lluvias ya han cesado y se han ido. Han aparecido las flores en la tierra, ha llegado el tiempo de las canciones” (Cant 2, 11-12).

Y que la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo, y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.

 

P. Emilio Grasso

 

 

 

14/05/2020