A los feligreses de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Paraguay)

 

 

Mis queridos amigos:

Cada año, en los días que preceden a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, millares y millares de paraguayos peregrinan al Santuario de Caacupé para rendir su homenaje a la Virgen María.

El hecho de que, este año, todas las celebraciones vinculadas a este gran acontecimiento hayan sido suspendidas, a causa del peligro de los contagios debido al difundirse del COVID-19, nos llama a una profunda reflexión porque, como ha dicho el Papa Francisco, después de esta pandemia no saldremos iguales a como éramos antes.

No cabe duda de que, con las celebraciones de la Virgen de Caacupé, nos encontramos en presencia de la máxima expresión de la religiosidad popular, en el Paraguay.

Ahora hago algunas sencillas observaciones, para dar un aporte en preparación a la celebración de este acontecimiento, si Dios lo quiere, en el año 2021:

  1. Purificar la religiosidad popular y abrirla a nuevos sentidos, quiere decir tener presente el hecho de que la cultura del mundo campesino tradicional (masivamente presente en Caacupé) suele establecer una relación entre la Madre y la Tierra.
    La asimilación de la Virgen María al símbolo de la tierra no es extraña a la teología católica. Grandes Padres de la Iglesia, como san Ireneo y Tertuliano, han comparado a la Virgen María, que engendra a Cristo, con la tierra virgen porque no trabajada por el hombre, de donde el Creador plasmó a Adán.
    Esta relación entre la Virgen In-maculada (sin mancha) y la Tierra presenta una pista de reflexión que podría sugerir una precisa indicación pastoral-práctica.
    En la vida cristiana, no existen separaciones u oposiciones. Como Dios no se separa del Hombre, y en las entrañas de María Dios y el Hombre se unen en la misma Persona del Hijo, así no podemos separar el cielo de la tierra, la fe de las obras, la celebración de la vida, el Templo de la Ciudad.
    Celebrar a la Virgen In-maculada quiere decir purificar nuestra interioridad, nuestro corazón, sin separarla de nuestra exterioridad, de nuestro cuerpo.
  2. De todo esto nace una indicación pastoral que, considerando los aspectos sociales del dogma, abraza a toda la humanidad y se interesa de ella.
    Explicando las motivaciones teológicas, se trata de proclamar el respeto hacia la Madre Tierra que, para nosotros, es respeto hacia María, Tierra de Dios.
    Este respeto, al mismo tiempo, hacia María y hacia la Madre Tierra, concretamente, en esta ocasión, quiere decir no transformar el camino hasta Caacupé en el vertedero del Paraguay.
    En días en que la temperatura llega a los 40 grados, la basura que se tira por todos lados, unida a materia fecal y a líquidos orgánicos, produce focos de infección y criaderos de dengue.
  3. El Documento de Aparecida ha tratado ampliamente de la cuestión ecológica.
    Bien motivada y con un claro soporte teológico, esta cuestión puede constituir un concreto programa pedagógico-pastoral, en la formación del carácter, en la ascesis de los comportamientos, en la indicación de objetivos al alcance de todos y no solo de quienes administran el poder.
    Han escrito los Obispos latinoamericanos, en el Documento de Aparecida:
    “También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su hábitat. ‘Nuestra hermana la madre tierra’ es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida” (n.o 125).
    Además, la cuestión ecológica, bíblica y teológicamente fundada, libera a los jóvenes de una religiosidad intimista-asocial-enajenadora, y muchas veces más típica de la formación sectaria que de la católica, y por eso universal, formación que respira el aire del cielo y de la tierra, de la celebración y del compromiso, de los que pertenecen a mi comunidad o familia, pero también de todos los que viven en nuestro mundo.

Son solo algunas indicaciones entre tantas, que pueden abrir la máxima expresión de la religiosidad popular del Paraguay a una liturgia cósmica.

Teófanes el Recluso, un santo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuya vida eremítica se centró en la oración y en la producción de obras literarias, escribía que

“el cristianismo es espiritual en su aspecto superior porque su esencia es la gracia; pero no es invisible. Así los verdaderos cristianos son espirituales... Sin embargo, ellos no son sin carne; aunque espirituales y de la manera más alta, ellos no pueden no actuar corporalmente”.

El 8 de diciembre del próximo año, no hacer de Caacupé el lugar más sucio de nuestro Paraguay, el vertedero al aire abierto de todo el país y el foco de infecciones y muerte, puede parecer un compromiso humilde y sencillo. Sería fruto de una predicación que no vuela demasiado alto con acusaciones y programas que lo cambian todo para no cambiar nada, pero, no cabe duda, sería el signo de que, como Iglesia que vive en el Paraguay, hemos comprendido que ya no se vuelve a un pasado que ha muerto y cualquier cambio auténtico debe empezar por las pequeñas cosas.

 

 

Con ocasión de la fiesta patronal de la capilla San Roque González de Santa Cruz, saludo con todo mi cariño y simpatía a la Coordinadora, doña Tomasa Cándia de Morel, con sus colaboradores, Patricia Raquel Coronel de Galeano y Walter Omar Ojeda, y a todos los fieles de la capilla.

Las capillas como las casas, lo repito siempre, pueden ser humildes y pobres. Pero pobreza no quiere decir suciedad, y debemos educar al respeto de nuestro cuerpo y del ambiente donde vivimos.

Y que la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo, y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.

 

P. Emilio Grasso

 

 

 

14/11/2020