A los feligreses de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Paraguay)

 

 

Mis queridos amigos:

Seguimos estando en el túnel terrible de la pandemia del COVID-19, y todavía no se ve la luz del final de este túnel.

La pandemia, como he repetido infinitas veces, ha puesto al descubierto toda nuestra vida personal y social.

Solo los idiotas pueden pensar que todo volverá como antes.

Utilizo, aquí, la palabra idiota en su sentido común como sinónimo de tonto.

Pero este término que deriva del griego, en su sentido etimológico, indicaba a una persona que se dedicaba únicamente a lo suyo, lo privado, y no a la vida pública, lo común. Se esperaba que un ciudadano participara en la política, y entonces quien no lo hacía era el idiota que se ocupaba solo de lo suyo y no de lo público, y, por eso, no se le consideraba bien.

Ahora debemos constatar, tristemente, que la pandemia ha puesto al descubierto la miseria ética e intelectual de nuestra política en el Paraguay.

Estamos llamados a no abandonar la política en manos de los demagogos o de los idiotas, en el sentido etimológico de la palabra, es decir, de los que miran solo en el sentido particular, y, por eso, son enemigos de todos y amigos solo de sí mismos.

Debemos pensar en lo que será la política en el Paraguay, cuando saldremos del túnel de la pandemia.

No pensar en la política y desinteresarse de los grandes problemas del país quiere decir pensar solo en nosotros mismos, pensar como los idiotas, es decir, como quien rechaza y tampoco ve a sus hermanos, sobre todo a los más desprotegidos.

Nunca he compartido el pensamiento y la manera de hablar de quien está siempre en contra de los políticos y nunca, honestamente, se pone el problema de qué formación espiritual y teológica dimos a los tantos jóvenes que pasaron por nuestros colegios, parroquias, capillas y cursillos.

El drama, nuestro drama, es que hemos separado o mezclado lo que debíamos mantener distinto: hemos separado lo divino de lo humano, que en el Hijo de Dios hecho Hombre se unieron quedándose distintos, pero no separados o mezclados.

Debemos tener el coraje de decir que esta clase dirigente, en su mayoría, procede de nuestras entrañas, y debemos saber asumir nuestras responsabilidades de haber alimentado su sed y hambre de Dios de tantas devociones y prácticas pseudo-religiosas, sin fundamento bíblico-teológico.

Un problema que se pondrá en una nueva visión política, que supera aquella visión que es solo latrocinio, búsqueda del poder por el poder y enriquecimiento personal, será el de la mansedumbre como virtud de los fuertes.

En un correo electrónico dirigido al periodista radiofónico argentino Alfredo Leuco, el Papa Francisco ha escrito que la mansedumbre, a veces, en el imaginario colectivo se confunde con la pusilanimidad. Al contrario, es la virtud de los fuertes y está ligada a la paciencia y a la escucha.

Este breve texto del Papa Francisco nos llama a reflexionar sobre una política que se ha vuelto espectáculo, agresión, astucia, interrupción y gritos que ahogan la voz de quien exprese una opinión contraria; incapacidad de ver al otro como un adversario que sostiene ideas diferentes y no como un enemigo que demonizar y destruir; tiempo en que al razonamiento sosegado se le ha sustituido el eslogan publicitario, y a la palabra que se dirige a la inteligencia con argumentaciones racionales fundadas en datos ciertos y programas realizables, se le opone solo la puesta en marcha de sentimientos engañosos, que solicitan los instintos menos nobles y honestos del hombre; tiempo de subversión de valores donde todo se funda en la “levedad del ser”, por lo que las afirmaciones juradas y recontrajuradas se vuelven a encontrar volcadas, en el más breve tiempo posible, según las conveniencias y los intereses personales del momento…

A este propósito, hay que recordar la concepción del filósofo y politólogo alemán Carl Schmitt, que encuentra una renovada escucha en varios ambientes, según la cual

“la contraposición política es la más intensa y extrema entre todas las demás, y cualquier otra contraposición concreta es tanto más política cuanto más se acerca al punto extremo, el de la agrupación sobre la base de los conceptos de ‘amigo-enemigo’”.

A todo esto, el Papa, en el correo electrónico dirigido al periodista Alfredo Leuco, le agrega que el tono sereno manifiesta la voluntad de comunicarse frontalmente y las disidencias se expresan con paz, fluidamente.

Hoy en día, de política se ve muy poco. De mansedumbre y docilidad es fatigoso buscar aun la sombra.

Estos caracteres de mansedumbre, de paciencia, de capacidad de escucha, que constituyen la virtud de los fuertes, no pueden faltar en el corazón de aquellos católicos que, bajo la propia responsabilidad y sin servirse de la Iglesia o comprometerse en su nombre, actúan en el campo político.

En este momento, me vuelve a la memoria un pensamiento de Luigi Sturzo, uno de los mayores políticos italianos del siglo pasado, que contribuyó en manera determinante a la toma de conciencia de la participación política de parte de los católicos italianos.

Escribía a propósito Sturzo:

“Siempre hay que tener presente el propósito de no llevar la lucha política hasta el fondo para la destrucción del adversario, de no hacer imposible el entendimiento con los partidos que se combaten, de no cortar nunca los puentes en el terreno electoral y parlamentario. El enorme error de reducir el país a dos bloques fijos y cerrados para la eliminación del competidor debería de ser pregonado con sumo interés”.

Y Alcide De Gasperi, el Presidente de la reconstrucción de Italia, después de la derrota de la Segunda Guerra Mundial, escribía en un artículo:

“Nadie piensa que la reforma tenga que comenzar por sí mismo, que esta ola de renovación social tenga que partir también de él, que, si la sociedad alcanzará playas mejores, será porque el individuo, cada uno por su cuenta, habrá abierto las alas y levantado el vuelo sin esperar a los demás”.

¡Qué el corazón de cada uno de nosotros y nuestra inteligencia iluminada contribuyan a que todos vivan la dimensión política del hombre, como dimensión de interés por la construcción de un mundo más humano, imagen de la ciudad divina hacia la cual todos estamos encaminados!

Y que la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo, y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.

 

P. Emilio Grasso

 

 

 

01/05/2021