Mis queridos amigos:

Quien me conoce sabe bien que yo no soy el hombre de los aniversarios.

Y en esto, lo sé bien, soy muy poco paraguayo.

Es por esta razón –además de por todas las molestias de la edad, con las cuales, como repito siempre, hay que saber convivir y que debemos aceptar como el don que Dios nos hace– por lo que hoy no celebro en mi querida parroquia Sagrado Corazón de Jesús el 57 aniversario de mi ordenación sacerdotal.

Celebro este día poniéndome delante de Jesús presente en la Santa Eucaristía y haciendo pasar, como en una pantalla cinematográfica, el rostro y la figura de todos los que he encontrado en mi larga vida.

En esta larga película de mi vida, pueden estar seguros de que todos Uds. estarán presentes con su “gozo y esperanza, tristeza y angustia”, que me han transmitido y siguen transmitiéndome, sobre todo en nuestras conversaciones telefónicas.

En este día, de una manera especial, tengo presente a tantas queridas personas que ya no podremos ver más con los ojos de la carne.

A los parientes y amigos más estrechos, que han conocido el terrible sufrimiento del viaje último y definitivo de sus queridos parientes y amigos, repito hoy lo que he dicho tantas veces:

“No olviden que somos cristianos y que en nuestra profesión de fe proclamamos que creemos en Dios, creador de todo lo visible y lo invisible”.

Lo que es invisible a nuestros ojos carnales no quiere decir que no exista. Sigue existiendo y, en la fe en Cristo crucificado y resucitado, creemos que los que han terminado el viaje terrenal están hoy en medio de nosotros como nunca lo fueron: libres y llenos de vida.

En este tiempo, en que yo me he hecho más invisible a los ojos de Uds., nuestra querida parroquia ha progresado bajo todos los puntos de vista.

Delante de Cristo presente en la Eucaristía, los veo a todos y recibo de su trabajo y fidelidad, y de su inolvidable amor a los más débiles y necesitados, el don más bello que podía esperar.

Los saludo a todos, mis amados hijos, hermanos, padres y madres.

¡Sí! Mis padres y madres, porque realmente Uds. me han enseñado tantas cosas humildes y al mismo tiempo ricas de fe, esperanza y amor.

Para todos, un abrazo con el cariño de siempre

 


P. Emilio Grasso

 

 

 

31/10/2023