El padre Cyprian Michael Iwene Tansi

 

“Tenemos que estar convencidos del hecho de que cada uno de nosotros, según su particular condición de vida, está llamado a hacer no menos de cuanto ha cumplido el padre Tansi”. Con estas palabras Juan Pablo II invitaba a conocer al padre Cyprian Michael Iwene Tansi, monje trapense nigeriano, beatificado en 1998 y por él definido “hombre de Dios” y “hombre del pueblo”.

 

 

Es una historia lineal la del igbo Iwene, del cristiano Michael y del monje Cyprian Tansi.

Nacido en Igboezunu (Nigeria) en 1903 de padres paganos, Iwene frecuentó la escuela en el pueblo cristiano de Aguleri, donde fue bautizado por su elección personal, y tomó el nombre de Michael. Se distinguía en todas las disciplinas, incluido el fútbol en que, más tarde, junto con las competiciones en pista, entrenó, cuando era seminarista, a los muchachos de la parroquia. Bajo de estatura, parece que tuviese también problemas serios en un ojo, pero nunca lo hizo notar.

A los 17 años era ya profesor y a los 21, director de la escuela; se ponía a todo sí mismo en lo que hacía; trabajaba duramente para elevar la calidad de la enseñanza, y tenía una gran capacidad de hacerse escuchar por los alumnos y los colegas. Después de su trabajo en la escuela, estudiaba, rezaba, hacía catequesis. Compartía su sueldo con los pobres. Sus convicciones y el ejemplo de los misioneros lo empujaron a entrar en seminario, a los 22 años. Fue la primera vocación de su zona, obstaculizada por su familia, que había esperado en su acceso al mundo escolar, económico o político.

En el seminario le fue confiado el economato, por su entrega, por el cuidado de evitar derroches y hacer uso de lo necesario, y también por su atención a cada uno. A los 34 años fue ordenado sacerdote y actuó como capellán en Nnewi, luego, como párroco, en Dunukofia, en Akpu/Ajalli y en Aguleri.

Elecciones pastorales

Algunas opciones lo caracterizaron por todas partes. Privilegió la catequesis y la formación cultural, sobre todo de los jóvenes, con la insistencia en el estudio y las lecturas apropiadas, para conocer la vida de quienes representan modelos El Evangelio en acto 1que imitar. Hizo comprender la importancia de una pastoral que privilegia la cultura y la formación, que consideraba, al igual que la escuela, como un trabajo “artesanal” que educa las conciencias.

Instituyó unas casas de acogida para muchachos, y otras en las cuales las muchachas, ya orientadas a formas de convivencia prematrimonial, pudieran aprender, desde un punto de vista espiritual y material, cómo formar familias cristianas. Los jóvenes novios tenían que esperar el fin de la formación de sus novias, y proveer económicamente a mantenerlas en el Centro, donde se desarrollaba la preparación. Se pueden fácilmente imaginar los conflictos y las dificultades iniciales, pero la perseverancia, el coraje, la franqueza y la coherencia del P. Tansi, su conquistada autoridad, y además la evidencia de los efectos positivos sobre la gente, cambiaron las usanzas y las costumbres, contribuyendo a preparar personas capaces de asumir funciones de responsabilidad en la sociedad.

Los pobres y los enfermos eran una constante preocupación suya, por la cual nunca se echaba atrás. Ninguno de ellos debía ser descuidado. Para él, nadie podía ser rechazado o tratado como esclavo, porque cada persona ha sido adquirida al precio de la sangre de Cristo: somos todos esclavos, pero hechos hombres libres por el bautismo.

Su caridad no era sentimental, sino alimentada de un fuerte sentido de justicia. A quien podía trabajar no le daba una limosna, sino que invertía sus energías. Contrastaba la autocompasión y empujaba a las personas, donde era posible, a ayudarse con los propios medios.

Desenmascaró, con decisión, los abusos perpetrados contra los más débiles, por usanzas y costumbres contrarias a la dignidad del hombre, que él, nacido en aquella cultura, conocía bien. El coraje con que taló, a pesar de los presagios de muerte por haberse atrevido entrar en ella, la impenetrable floresta de Umudioka, donde parece que fueron descubiertos muchos cadáveres, permanece uno de los episodios más significativos.

En una situación de primera evangelización, logró hacer amar el cristianismo no como algo que combate creencias tradicionales para sacrificar sus valores, sino como un camino de desarrollo y valorización de las potencialidades humanas, de mayor proximidad del hombre a Dios. En un tiempo de transformación de los modos de vivir y de pensar, enfrentando poderes e intereses locales, mostró cómo el cristianismo es un recurso para el crecimiento de una sociedad, más allá de cada cultura humana. Antes que imitar a los blancos en todo, decía, es necesario hacer cada esfuerzo para ganar el Reino de Dios.

La fe no admite verdades atenuadas

El anuncio de la Palabra, la importancia y la seriedad conferidas a los sacramentos, el espíritu de oración y de penitencia, que, vivido en persona, supo transmitir, favorecieron el desarrollo de muchas vocaciones sacerdotales y religiosas.

El P. Tansi constituyó una llamada constante, para la población, a una fe íntegra y responsable, sin medias medidas: la fe, una vez abrazada, no permite componendas. Repetía frecuentemente que los cristianos son tales si viven enteramente para Dios, quien no admite indiferencia, mediocridad o verdades atenuadas.

Para él, trabajar para Dios es esencial en la vida de todos; la santidad, “verdadera unión nupcial con el Señor”, no es un camino para pocos o un ideal imposible. Lo es solo para quien no quiera pagar su precio.

Tuvo la capacidad de construir escuelas, capillas, caminos con la ayuda de la gente y el material por ella proveído. No contaba con organizaciones internacionales que lo respaldasen, y los testimonios hablan de los enormes sacrificios que esto requería de él primero. Quien no podía aportar dinero, podía dar tiempo y trabajo para sostener a la propia Iglesia. Lo administraba todo con gran transparencia, enseñando a “rendir cuentas” a nivel económico y, por consiguiente, también a nivel de la propia vida cristiana.

Nunca renunció a la confrontación, a la lucha, si era necesaria, a la palabra fuerte, comprobada por los hechos. Explicaba todo lo que hacía.

De aquí descienden las implicaciones sociales predicadas por el P. Tansi, como la armonía y la fraternidad entre las personas, la importancia, para el hombre, del trabajo organizado y diligente, y al mismo tiempo el respeto de la propiedad, el aprecio de la simplicidad, la pobreza y la pureza de las costumbres. Implacable fue su compromiso por la defensa de la dignidad de la mujer, comenzando por la concepción subtendida a la expresión utilizada, en el idioma igbo, para indicar a la esposa: “El individuo que vive en casa”. El P. Tansi refutaba: “No, es tu esposa, tu mitad mejor, parte de tu propio cuerpo”.

Mariangela Mammi

(Continúa)

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

10/11/2020