Visita a Ypacaraí de Mons. Vincenzo Turturro, Nuncio Apostólico en el Paraguay
El pasado 4 de agosto, memoria de san Juan María Vianney, patrono del clero parroquial, la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí tuvo el honor y la alegría de recibir a Mons. Vincenzo Turturro, Nuncio Apostólico en el Paraguay, quien había aceptado la invitación a presidir una Misa, formulada durante una visita a nuestra Comunidad Redemptor hominis en la sede de San Lorenzo. Mons. Turturro, que lleva pocos meses en el Paraguay, despertó
emociones que los numerosos fieles presentes calificaron unánimemente como inolvidables.
Los comentarios escuchados al final de la celebración y, más aún, en los días sucesivos, muestran que, en su visita, Mons. Turturro conquistó a los fieles de la parroquia con sus gestos, con sus actitudes y con sus palabras. Se oían frases como: “Es un verdadero hombre de Dios”; “Era como estar de nuevo en la Plaza de San Pedro”; “Cada uno se sintió acogido, porque trató a todos con la misma afabilidad, tanto a las autoridades como a la gente sencilla”; “Yo quería por lo menos tocar su túnica y, en cambio, conseguí hacer un selfie con él”.
Al comienzo de la celebración, en el saludo de bienvenida que se le dirigió en nombre de todos los fieles, se expresó la alegría agradecida de poder recibir de él orientación y aliento, de poder rezar con él y por él, por su importante misión en el Paraguay. Y fue recordado al padre Emilio, quien no pudo estar físicamente presente en la celebración por dificultades motrices, pero participó espiritualmente con devoción y cariño, en la oración y en la comunión con la parroquia, de la cual definió las líneas pastorales y donde dejó huellas profundas, y sigue manteniéndose en estrecho contacto con los feligreses. Además, la pertenencia del padre Emilio a la diócesis de Roma, la diócesis del Santo Padre, que preside en la caridad en todo el mundo, creaba un vínculo ulterior con el representante especial del Papa Francisco.
“Estoy muy feliz –comenzó el Nuncio en su homilía– de celebrar la Eucaristía en esta parroquia, en esta ciudad que luce su belleza”. Haciendo referencia a una de las posibles etimologías de Ypacaraí, que en guaraní significa “lago sagrado”, continuó:
“No solo el lago, sino todos ustedes, querido Pueblo de Dios, son verdaderamente bendecidos por Dios. Mi cordial saludo al párroco, a las consagradas de la Comunidad Redemptor hominis, que tuve la dicha de conocer, al querido padre Emilio, a toda la feligresía, a las autoridades, a los jóvenes, que son muchos, un verdadero ejército, no de guerra, sino de paz, que será un buen fermento para esta ciudad, este país, este mundo. A todos ustedes les traigo el saludo de paz y la bendición de Su Santidad el Papa Francisco, a quien tengo el honor de representar en este país. Él, que siempre sorprende, decidió enviar a este país a un joven Obispo para representarlo”.
Un joven para un pueblo joven
Un joven, quizás porque el Santo Padre, quien tiene un especial aprecio por los paraguayos y llegó a calificar a las mujeres paraguayas como “las más gloriosas de América”, sabe bien que el Paraguay es un país muy joven. El entusiasmo y el vigor de Mons. Turturro, que, en efecto, impresionaron a los jóvenes, le permitirán hacer todo lo necesario para que esta porción del pueblo de Dios pueda crecer en la fe y en la caridad.
Precisamente a los jóvenes dirigió un potente mensaje. Partiendo de las lecturas de aquel domingo, que relataban las murmuraciones contra Moisés en el desierto (añorando las cebollas de Egipto, a pesar de la libertad obtenida), y contra
Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, después del discurso sobre el pan de vida, advirtió:
“En la puerta de la sencillísima habitación en la que se encuentra su despacho, el Papa, quien, desde el inicio de su pontificado decidió no vivir en el palacio apostólico, sino en una casa con otros sacerdotes (Casa Santa Marta), colgó un pequeño cartel con el símbolo de ‘prohibido’ y las palabras: ‘Prohibido quejarse’. Todos los que llaman a su puerta lo leen. Puedo imaginar cuántas personas van a ver al Papa Francisco y se quejan de los demás. Debemos ser siempre propositivos, capaces de construir, y no solo de derribar y destruir. Sobre todo a los jóvenes les digo: no se quejen. Porque la vida es verdaderamente una gracia de Dios, siempre”.
En la actual “sociedad de las víctimas”, que hizo de la reclamación un tótem y del resentimiento el motor de la acción, estas son palabras que hace bien escuchar.
Vencer la tentación idolátrica
Igualmente apropiado, y signo de una profunda percepción de los desafíos que enfrenta la Iglesia en el Paraguay, que no pocas veces lucha contra manifestaciones de religiosidad desviada que poco tienen que ver con el Evangelio, fue lo que dijo monseñor Turturro sobre la “tentación idolátrica”:
“El Papa Francisco nos alerta sobre una tentación que se está instalando en nuestras vidas: la llama ‘tentación idolátrica’, incluso en las personas de fe. Siempre hay una tentación idolátrica, aquella que nos empuja a buscar en Dios nuestro provecho, para resolver un problema personal, para tener, gracias a Él, lo que no podemos conseguir por nosotros mismos. Como si Dios tuviera una varita mágica. De esta manera, nuestra fe se vuelve superficial, miramos a Dios para que nos alimente y luego nos olvidamos de Él. Cuando estamos satisfechos, Dios ya no nos sirve más. Nosotros, como los discípulos de Jesús, a menudo, seguimos buscando a Jesús porque ya hemos comido hasta la saciedad. Queremos satisfacer solo la parte más superficial de nuestro ser, nuestras emociones, nuestros sentidos. No estamos dispuestos a cambiar radicalmente nuestra vida, a convertirnos, para ser auténticamente cristianos”.
Por lo tanto, hay que hacerse la pregunta sobre las motivaciones de la propia fe:
“¿Por qué busco al Señor? No estamos llamados a añadir prácticas religiosas, a observar preceptos, sino a tomar cuidado del don de la fe que recibimos con el Bautismo, que es como una semilla depositada en nuestra vida, que debemos abonar con nuestras buenas obras y regar con la confianza en el Amor de Dios, para que finalmente pueda dar frutos de santidad. La fe es acoger a Jesús en nuestra vida, en las decisiones que tomamos día tras día”.
Descubrir lo esencial
Invitó así a todos, y en particular a los jóvenes, a hacer un discernimiento:
“En el Evangelio de este domingo, Jesús, el pan de vida, es presentado como el único sentido de la existencia humana. Buscamos muchas cosas en el transcurso de nuestra vida, buscamos el poder, el dinero, la estima, el reconocimiento por parte de los demás..., pero solo una cosa es esencial: Cristo, que da sentido a todo lo que hacemos”.
En efecto,
“Jesús no elimina la preocupación normal por la búsqueda del alimento cotidiano. Él conoce bien las necesidades que existen en el mundo de hoy y en nuestras familias. Sus entrañas se conmueven por cada chico y chica que no tiene nada que comer, se conmueve por los padres que no están en condiciones de dar comida suficiente a sus hijos. Es una pena que, en este país, tan hermoso y tan rico en alimentos, haya personas que pasen hambre: exportamos alimentos para millones de personas, y en las esquinas de nuestras calles hay quien no tiene para comer lo suficiente. Sin embargo, Jesús aclara que el verdadero sentido de nuestra existencia terrena está en la eternidad, en la meta que estamos llamados a alcanzar, en la vida eterna, la vida de Aquel que es eterno. Debemos vivir en este mundo haciendo lo mejor que podamos, pero nuestros ojos deben mirar hacia Dios. Es como cuando vamos en bicicleta: si miramos hacia la rueda delante de nosotros, nos caemos o vamos a chocar después de pocos metros. Para mantener el equilibrio, por supuesto, hay que pedalear, pero es necesario mirar hacia el horizonte. Así es la vida cristiana: pedalear cada día, pero mirando hacia delante”.
De aquí la exhortación
“a acoger enteramente el mensaje de Cristo en las vidas de ustedes. El Evangelio en su plenitud, sin reducciones de comodidad. Este es el tiempo de cristianos adultos en la fe, no de compromisos a medias, del part-time. No podemos pretender ser fieles a Dios y luego buscar salidas cómodas y provechosas, en el trabajo y en la sociedad. Debemos ser creyentes coherentes, capaces de asumirnos la responsabilidad de nuestras acciones en una perspectiva eterna, y de narrar la belleza de creer en Cristo”.
Y dirigiéndose al nutrido parterre de autoridades presentes, que incluía a senadores con altos cargos en el Estado paraguayo, el intendente, consejeros regionales y municipales, responsables del orden público, de la sanidad y de la educación, señaló:
“Entonces, sí, podemos tener poder, como nuestras autoridades aquí presentes, pero este poder será un servicio. Podemos tener mucho dinero, pero ese dinero servirá para ayudar a los demás. Debemos buscar siempre a
Cristo. Él da un sentido a todo lo que emprendemos en nuestra vida. Rezo para que nuestras autoridades conozcan cada vez más el auténtico bien del pueblo y se esfuercen por realizarlo”.
Una fiesta de todos
Las palabras con las que se despidió de la asamblea, al final de la Misa, conmovieron profundamente a los presentes, orgullosos de sus tradiciones que llevaron a la ciudad, gracias al anual Festival del Lago Ypacaraí, a ser sinónimo, en toda América Latina, de música, danza y folclore, y orgullosos del papel que la ciudad desempeñó en la oposición a la dictadura en los años ochenta del siglo pasado:
“Me felicito con los músicos. Que el Señor siga bendiciendo a esta ciudad, que marcó y sigue marcando la historia de este gran país, y que veo que es también una ciudad de artistas”.
No extraña que todos los presentes, en el momento conclusivo, hayan querido estrechar su mano, sentir sus manos que se posaban juntas sobre sus cabezas en señal de bendición, hacerse una foto con él, sorprendidos de su cordialidad, sencillez y disponibilidad, y deseando acogerlo pronto, de nuevo, en Ypacaraí.
(Continúa)
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La Santa Sede y el Paraguay Las relaciones de la Santa Sede con el Estado paraguayo, independiente desde 1811, atravesaron varios períodos de tensión durante el siglo XIX, en particular durante la dictadura del Presidente José Gaspar Rodríguez de Francia, que se prolongó hasta 1840. Después, se asistió a una gradual normalización de las relaciones, tejidas a través de las Nunciaturas de Brasil y de Argentina. Fue en 1920 cuando el Papa Benedicto XV erigió la Nunciatura Apostólica en el Paraguay, pero hasta 1942, cuando, con Mons. Liberato Tosti, la sede diplomática propia fue establecida en Asunción, los Nuncios residían en Buenos Aires. Le sucedió, desde 1949 hasta 1954, Mons. Federico Lunardi. Luego fue el turno de Mons. Luigi Punzolo (1954-1957), Mons. Carlo Martini (1958-1963), Mons. Vittore Ugo Righi (1964-1967), Mons. Antonio Innocenti (1967-1973), Mons. Joseph Mees (1973-1985), Mons. Giorgio Zur (1985-1990), Mons. José Sebastián Laboa Gallego (1990-1995), Mons. Lorenzo Baldisseri (1995-1999), Mons. Antonio Lucibello (1999-2005), Mons. Orlando Antonini (2005-2009), Mons. Eliseo Antonio Ariotti (2009-2023). A partir del 29 de diciembre de 2023, el Nuncio es Mons. Vincenzo Turturro. |
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Mons. Vincenzo Turturro Nacido en Bisceglie (Bari - Italia) el 7 de octubre de 1978, Mons. Vincenzo Turturro fue ordenado sacerdote el 31 de octubre de 2003 e incardinado en la diócesis de Molfetta. En 2006 obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática (especialización en Antropología Teológica) por la Facultad Teológica de Apulia. En 2006 comenzó los estudios en Roma, en la Pontificia Academia Eclesiástica. En 2009 obtuvo el Doctorado en Teología Dogmática (especialización en Eclesiología) por la Pontificia Universidad Lateranense, con una tesis sobre la comunión y la sinodalidad en la Iglesia. Por la misma universidad, en 2011, obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico. Después, ingresó en el Servicio Diplomático de la Santa Sede el 1° de julio de 2009, y prestó el propio servicio en las Representaciones Pontificias en Zimbabue, Nicaragua y Argentina, y luego fue transferido a la Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de Estado. Desde 2019, siguió de cerca el trabajo del Secretario de Estado del Vaticano, Card. Pietro Parolin, como su secretario particular. Monseñor Turturro habla con fluidez inglés y español. |
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
25/09/2024
