A través de nuestros hijos, hemos vuelto a llevar a la familia las palabras y los signos de la vida cristiana; hemos vuelto a pararnos delante del Santísimo para la adoración eucarística, a rezar, a comprender y respetar las varias partes de la Misa.

 

Desde hace varios años preparo a los niños para la Primera Comunión y, cada vez más, constato que con ellos es necesario aprovechar todo el tiempo a disposición porque, a menudo, la formación cristiana está reducida a la catequesis para recibir los sacramentos, con poco seguimiento en la familia.

 

El día de la Primera Comunión no puede absolutamente ser la ocasión en que se acentúen y aparezcan evidentes diferencias sociales entre ricos y pobres.

 

La catequesis es un pilar fundamental de la vida eclesial y, junto con la liturgia y los sacramentos, caracteriza la cotidianidad de la vida de una parroquia, lugar privilegiado donde vive y se realiza la Iglesia.