“Estamos llamados a adoptar un estilo evangélico, sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin querernos imponer con el poder y la fuerza, sin perder la confianza en la obra de Dios. Se trata de someternos a la lógica de la semilla, que no es la del éxito ni de la grandeza, sino que nos pide que nos hagamos pequeños y que sirvamos a la vida de las personas”.