“El carisma es un don del Espíritu Santo. Cada instituto y cada uno de sus miembros están llamados a encarnarlo personalmente y en comunidad, en un continuo proceso de profundización de la propia identidad que los sitúa y los define dentro de la Iglesia y de la sociedad. Este camino constituye, a su vez, una aportación valiosa para la Iglesia en su conjunto”.
Evangelio del domingo
“Fue, se lavó y vio”
El Personaje
“La razón y el error jamás se dividen con un corte tan neto...
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Escuchas las “Homilías en el tiempo del Coronavirus” del P. Emilio Grasso