“El servicio diplomático no es una profesión, sino una vocación pastoral: es el arte evangélico del encuentro, que busca caminos de reconciliación allí donde los seres humanos levantan muros y desconfianzas. Nuestra diplomacia, de hecho, nace del Evangelio: no es táctica, sino caridad pensante; no busca vencedores ni vencidos, no levanta barreras, sino que recompone vínculos auténticos”.
Evangelio del domingo
“Fue, se lavó y vio”
El Personaje
“La razón y el error jamás se dividen con un corte tan neto...
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Escuchas las “Homilías en el tiempo del Coronavirus” del P. Emilio Grasso